Mi hijo empieza Primaria este curso. Está emocionado porque pasa a otro pabellón del colegio, con los mayores, y deja atrás los tres años del ciclo de Educación Infantil. Él está feliz y yo acojonada porque va a tener nuevos compañeros en clase.
En el colegio de mi hijo, y creo que que esto lo hacen en todos, cogen la cases de Infantil y mezclan a los niños para hacer nuevos grupos en Primaria. A la mayoría de las mamás les preocupa que separen a sus hijos de sus mejores amigos o si se adaptarán bien a un profe distinto. Y yo, lo confieso: me dan mucho más miedo las madres que me puedan tocar a mí que los compañeros que le puedan tocar a mi hijo.
Sí, así de claro. Porque los niños, al final, se adaptan. Tienen una capacidad que los adultos hemos perdido: hacen amigos en cinco minutos, se buscan la vida, se ríen, discuten, se reconcilian, se acoplan. Les cuesta un poco, claro, pero salen adelante.
Al final, los niños estarán bien. El marrón son sus madres, que me va a tocar a mí aguantarlas en la puerta del cole y en el grupo de WhatsApp.

El problema no son los niños, somos nosotras
Cuando me dicen otras mamás “qué nervios, a ver si mi hijo hace amigos en la nueva clase”, yo pienso: tranquila, lo hará. A mí eso me preocupa cero, porque mi hijo es súper sociable y sé que, aunque lo separen de sus amiguitos, hará nuevas amistades.
Lo que me quita el sueño es: ¿con qué fauna de mamás me tocará compartir grupo este año? Porque lo siento, pero prefiero que mi hijo comparta aula con el matón de su colegio (que aunque tengan seis años hay niños que ya son unos mafias) antes que tener que aguantar yo a la madre pesada que manda 67 mensajes al grupo de WhatsApp para confirmar si mañana tienen que llevar una cartulina roja o es blanca.
Que también os digo, la pesada indecisa no es la peor que te puedes encontrar ni mucho menos. Para mí la peor es la madre sabelotodo que se cree que como tiene un hijo mayor en Cuarto de Primaria sabe más que tú del colegio y de la vida en general, y te da lecciones constantes de lo que debes hacer. A este perfil de mamá yo la llamo “la secretaria del cole no oficial”. Lo bueno es que con esta en el grupo de WhatsApp te vas a enterar de todo, no se te va a pasar por alto ni un comunicado, ni una reunión.
Pero si hay algo que desearía no encontrarme este año entre las mamás de los nuevos compis de mi hijo es a la chupipandi: el típico grupo de mamás que son súper amigas, pero luego se ponen a caer de un burro entre ellas. Critican a su amiga del alma, a ti, a la profesora y al vecino si hace falta. Luego encima es un grupo super cerrado, no pretendas entrar en él. Sus niños llevan juntos en clase desde la guardería y como este año los separen montarán un motín en el colegio. A estas yo las llamo “Las divinas” porque son la versión mamá del grupito de la peli Chicas Malas.

El verdadero reto de septiembre
Así que, sinceramente, cuando llega septiembre y todo el mundo habla de los libros, los uniformes, las mochilas nuevas… mi preocupación es otra: ¿podré sobrevivir al grupo de WhatsApp de los padres del colegio?
Lo pienso y me entra la risa (y el miedo): los niños, en unos días, estarán adaptados. Ya tendrán a su nuevo mejor amigo, sabrán dónde sentarse en clase y estarán encantados con su profe. Pero nosotras, las madres, seguiremos ahí fuera, midiéndonos, juzgándonos, intentando caer bien, o intentando pasar de todo, aunque no te dejen.

Al final, la verdadera prueba de fuego del nuevo curso no la pasan los niños dentro del aula. La pasamos nosotras en la puerta del colegio, rodeadas de otras madres con mucho tiempo libre y demasiadas ganas de opinar.
Pues ya está, en unos días sabré si a mi hijo le ha tocado en la clase guay, con el profe enrollado que no manda deberes y donde las madres de los alumnos son seres de luz, o en el B.