Amor & Polvos

Yo no quiero un príncipe, solo quiero que me empotren

Hace unos años que busco con mucho interés ese libro en el que alguien escribió que una mujer madura, madre y soltera tan solo puede buscar el amor. Porque en apenas treinta meses he dado una y otra vez con un hombre tras otro, y absolutamente todos han llegado a mí dispuestos a acomodarse en mi vida como si los necesitase de forma vital.

Aunque no los busques, por más que quieras subrayar que no te interesa nada más allá de un buen polvazo, el ser madre parece guiarlos a una relación seria y repleta de mimos innecesarios. Como si sintieran que deben algo al mundo por haberse follado a una madre de familia.

Mi última cita de Tinder fue la gota que colmó el vaso. Yo que llevaba tío tras tío preparándome para unas buenas calabazas por eso de tener un hijo, nuestro encuentro tan solo sirvió para dejarme claro que los tópicos muchas veces no existen.

Tony era un chico de mi edad, súper resultón y por lo que se interpretaba en su perfil, muy interesante. Su galería de fotos estaba llena de imágenes de diferentes viajes al extranjero. Él en Tailandia, él en lo alto del Empire State Building, él en una isla de aguas color turquesa… Realmente una no sabía si sentir admiración o envidia. Pero además de todo se definía como un chico luchador, sincero y muy trabajador. ¿Quién puede decir no a tal portento?

Pronto nos pusimos en contacto y en unos minutos ambos caímos en que teníamos amigos en común. Nada extraño teniendo en cuenta que vivimos en una ciudad más bien pequeña. El tema de conversación entonces se centró en descubrir si habíamos coincidido en alguna ocasión sin saberlo. La boda de Mario y Lourdes, la fiesta de cumpleaños de Joaquín y una buena lista de fiestones en la que, efectivamente, ambos habíamos participado.

La coincidencia nos hizo gracia a los dos, y eso nos llevó a continuar charlando hasta bien entrada la madrugada. Estábamos a gusto, parecía que el asunto fluía, así que antes de despedirnos le dejé caer a Tony que sería divertido tomarnos una copa juntos. Él me tomó la palabra y me propuso quedar en un bonito bar cerca de su casa. Pintaba bien, muy bien la cosa.

Tengo por costumbre no comentar jamás a mis matches de Tinder que soy viuda y tengo un hijo, ni muchísimo menos en la primera toma de contacto. Yo sé lo que busco en esta red social y meter de por medio mi vida privada no entra en absoluto en mis planes. Con Tony hice lo propio, y aunque le hablé sobre mi trabajo y algunos detalles de mi rutina, omití por completo la existencia de Manu (mi pequeño). No quiero un nuevo padre de familia, sino sexo sin compromiso, ¿qué necesidad, entonces?

La tarde de mi ansiada cita con Tony me preparé muy a conciencia. El mero hecho de que hubiera subrayado en varias ocasiones que el bar estaba pegadito a su edificio me daba a entender claramente que haríamos una visita guiada por Villa Tony. Así que me puse un conjuntazo de ropa interior de infarto bajo un vestido rojo que pronunciaba perfectamente mis curvas. Antes de salir de casa volví a mirar una de las fotografías de mi cita, estaba como un verdadero queso, mmmm.

Cuando entré en el pequeño café en seguida di con Tony. Esperaba sentado en una mesa bastante apartada de la barra, parecía que buscaba intimidad, y pronto se levantó para recibirme. Alto, guapo y con un olor masculino que me encantaba, le di dos besos y tomé asiento frente a él sin perder ni por un instante el contacto visual.

Tony parecía nervioso y eso me gustaba muchísimo. Todo marchaba y yo solo quería tomarme una copita de vino para ponerme a tono.

Qué casualidad que compartamos tantas amistades, ¿verdad?‘ comentó mi cita extrañamente sonriente.

Sí, pero bueno, yo no les he comentado nada de que hoy íbamos a quedar. No saben ni que te conozco.‘ Dejé caer volviendo, una vez más, a marcar las distancias.

¿No? Pues yo ayer mismo hablé de ti con Lourdes, ya me contó lo tuyo… y de verdad que lo siento muchísimo…‘ continuó poniendo ahora su mano sobre la mía en señal de duelo.

No me lo podía creer. La educación, por supuesto, no debería estar reñida con nada pero ¿en qué momento es apropiado dar un pésame en medio de una cita Tinder? Joder colega, que todo el fuego que me recorría las entrañas está ahora más congelado que el iceberg del Titanic.

Por supuesto, no supe qué añadir. Dijera lo que dijera el tema se iba a centrar en la pobre madre joven que había perdido a su marido y estaba criando sola a su hijo. Yo me sentiría como una mierda diminuta y él, pues se vendría arriba como el príncipe salvador que debe rescatar a la princesa desvalida. La historia se repetía, great.

De verdad Tony, yo comprendo que mi historia suele generar esa tristeza en todo el mundo, pero intento superarlo y rehacer mi vida…‘ continué después de darle un gran trago a mi copa de Rioja.

Por supuesto, rehacer tu vida, y entiendo que hoy en día dar con el tipo adecuado que comprenda que tienes una criatura no debe ser sencillo. Pero quiero que lo sepas desde ya, a mí me encantan los niños.‘ Zanjó guiñándome un ojo y volviendo a apretar mi mano.

Resoplé y me mareé por partes iguales. El resto de la cita consistió en un millón de preguntas de Tony sobre cómo me organizaba para criar a un hijo y trabajar a jornada completa. Mi lívido se fue por el retrete y ese chico súper follable que había visto en las fotos de Tinder se convirtió en el pesado de turno que solo querría darme mandanga después de casarnos.

Y es que el bueno de Tony no se conformó con ponerse al día sobre mi faceta como madre, sino que también me habló de la suya, de cómo lo habían criado y me lanzó una muy poco sutil invitación en forma de ‘bueno, pero ya la conocerás cuando vayamos un domingo a comer la paella a su casa, es una mujer de armas tomar‘.

Todo aquello pudo haberme despertado ternura o cariño. Pero estaba hasta las narices de la compasión de los demás, y mucho más cuando venía de alguien desconocido. Es la primera vez que nos vemos y ya me estás invitando a conocer a tu familia, ¿si fuese una soltera más también lo harías?

Cuando el agobio pudo conmigo le comenté a Tony que necesitaba descansar. Me explotaba la cabeza y no podía más con tanto plan de futuro en el que, por supuesto, yo no estaría. Él insistió en acompañarme hasta casa y para colmo según pusimos un pie en la calle tomó mi mano como si fuésemos novios de toda la vida.

Se le estaba yendo la olla y las tres copas de vino me había envalentonado, así que le dije algo brusca que hasta allí había llegado la cita y que prefería continuar sola hasta mi casa. Él, lejos de ofenderse, me dio su ok y se despidió no sin antes plantarme un pico en los labios.

Os lo imaginaréis, ¿verdad? Los mensajes y llamadas de Tony fueron constantes durante toda la semana. Fui educada, al menos al principio, y opté por contestarle dejándole claro que lo nuestro no llegaría a nada. Parecía que mis sutilezas no servían, así que una decena de llamadas después, decidí hablar con Lourdes (nuestra colega compartida) para que ella me echara un cable.

Con lo bonito que podría ser lo vuestro… ¿estás segura de que no le quieres dar una oportunidad?‘ Me preguntó mi amiga una y otra vez.

La oportunidad se la puse en bandeja aquella tarde con un conjunto de lencería que lo habría dejado mudo, él la dejó escapar y yo no estoy para perder el tiempo con príncipes rescatadores. ¿Tan difícil es comprender que solo quiero que me empotren?

Fotografía de portada

Anónimo

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