Que vivir en una gran ciudad tiene muchas ventajas está claro. Y que conste que adoro Barcelona como ciudad, pero desde que he vuelto de vacaciones, no paro de ver todas sus desventajas. Es posible que sea parte del síndrome postvacional y en el fondo lo que estoy deseando es volver a la playa, pero últimamente no paro de pensar en las razones por las que odio vivir en una gran ciudad:

  1. El tráfico. Es salir a la calle y el ruido es ensordecedor. Por no hablar de la odisea de dormir con las ventanas abiertas en verano. Y más si vives en una zona céntrica como la mía.
  2. Las aglomeraciones. Lo de pasear tranquilamente se convierte en un sueño. Vayas donde vayas encontrarás miles y miles de personas. ¿Y el distanciamiento social? JA. Me río yo del distanciamiento social en una gran ciudad. Misión imposible.
  3. El transporte público. Que sí, que tiene muchas ventajas, pero ¿A quién le apetece meterse en una lata de sardinas a las 8 de la mañana y estar observando fijamente el sobaco del de al lado? Por no hablar del calor, el sudor, la proximidad de la gente, los olores…buf…sólo pensarlo me da pereza máxima. Si eres de las mías y necesitas tu círculo de distanciamiento social, ya te puedes ir olvidando si viajas en transporte público.

    La guerra de cada mañana

  4. El turismo. Está claro que muchas grandes ciudades viven del turismo. Lo necesitamos para vivir, no hay más. Pero para los habitantes de esa ciudad acaba siendo una molestia. No hay manera de visitar tu hermosa ciudad sin esquivar turistas a cascoporro. Todo estará siempre masificado. Porque no sé en otras ciudades, pero en Barcelona hay turismo TODO el año.
  5. Los precios desorbitados. Vivir en una gran ciudad tiene un precio. Y si además quieres vivir en el centro, el precio se convierte en algo desorbitado. Todo en las grandes ciudades es más caro, los restaurantes, los alquileres, las viviendas de compra, el ocio…Y muchas veces los sueldos no es que sean mejores precisamente.
  6. Las prisas. En una gran ciudad como Barcelona, el ritmo es frenético. Todo el mundo tiene prisa, va corriendo a todos lados y cuando entras en esa vorágine, el estrés aumenta de forma considerable. Es imposible no entrar. De repente sin darte cuenta, te ves corriendo como loca, esquivando personas y saltando escaleras de dos en dos, por no perder el metro. ¿Qué necesidad habrá de vivir en una carrera constante?

    Las carreras para no perder el metro o el autobús son de campeonato

  7. El ruido. El silencio, la tranquilidad y una gran ciudad, son conceptos que no combinan. La ebullición es constante y para tener algo de silencio, tendrás que esperar a Agosto, que es cuando la mayoría de la ciudad está de vacaciones.
  8. La contaminación. Tanto tráfico e industria tiene su impacto en el medio ambiente. Y esto se nota en el clima. En el cielo las estrellas son inapreciables y toda la ciudad está cubierta por una “niebla” que dudas que sea muy saludable.
  9. Las distancias. En una gran ciudad como Barcelona, todo se magnifica. Yo vivo y trabajo en la misma ciudad y tardo 45 minutos en llegar al trabajo cada día. Vamos, casi lo mismo que cuando vivía fuera. Y es que desplazarse y llegar a los sitios, se convierte en una maratón.
  10. La falta de verde y espacios abiertos. Miro por mi venta y sólo veo edificios y todo de color gris. Y sí, está claro que no puedo esperar ver un prado precioso, pero aquí todo está comprimido. Y aunque contamos con parques maravillosos, en realidad son un espejismo. Recorres 30 minutos andando para adentrarte en uno y la felicidad te dura el tiempo que tardes en recorrerlo. Porque sabes que cuando salgas de ahí, volverás al duro asfalto de nuevo.

    Tu paisaje habitual en la gran ciudad

No voy a negar que vivir en una gran ciudad tiene miles de ventajas. Pero debe ser que me estoy convirtiendo en una señora y empiezo a valorar otras cosas. ¿Será que mi época urbanita está llegando a su fin?