Estaba yo tranquilamente una noche en el sofá de mi casa, repasando las redes sociales a poco de irme a dormir, cuando lo sentí por primera vez. Me vino la sensación de que el corazón se estaba quedando sin sitio dentro del pecho. Podía respirar pero, si intentaba una inhalación larga, sentía una especie de tope.
No le di más importancia, así que me recosté de un lado esperando que se me pasara, pero no se me pasó. Me recosté del otro y tampoco. Me senté en una silla y nada. Me fui a acostarme y otra vez probaturas con todas las posturas posibles sin éxito, hasta que me empecé a asustar. Pensé en irme a Urgencias sin despertar a nadie, pero se me ocurrió algo mejor: preguntarle a Gemini. Según el asistente, podía ser un infarto, una arritmia, cáncer o un ataque de ansiedad. Pensando que esto último era lo más plausible, me levanté y me puse a dar vueltas por la habitación a oscuras, hasta que se me pasó.
Se lo conté a mi vecina y a dos de mis primas al día siguiente, y todas me “confirmaron” el diagnóstico porque también lo sufren. Hasta ese momento, yo no sabía lo que era un ataque de ansiedad, y desde entonces no me ha dejado de dar. Ahora convivo con eso y ya me han dicho que me vaya acostumbrando o que pida cita a la médica de cabecera y le cuente, a ver si me receta pastillas.

No es cómodo que esta opresión en el pecho aparezca en los momentos más aleatorios, incluso cuando me lo estoy pasando bien, sin saber exactamente de dónde viene ni por qué. Así que me estoy haciendo con mi pequeño arsenal de remedios para atajarlos.
1. “1, 2, respirar, a todo pulmón”
¿Os acordáis de aquella canción infantil que cantábamos en el bus del colegio? “La brisa marina que sube, que baja, que entra, que sale del fondo del mar”. Me acuerdo cada vez que pongo este remedio en práctica.
Es sencillo y me lo enseñó ChatGPT (la IA es mi peor enemiga y mi mayor aliada ahora mismo): me pongo cómoda, tumbada a ser posible; una mano sobre el pecho, la otra sobre el abdomen. Desde ahí, inhalación de 3 segundos, otros 3 segundos de retención del aire y exhalación durante unos 6. Al principio contaba, ya luego no. Un par de minutos son mano de santo.
Por lo que he sabido después, esto no le viene bien a todo el mundo, ya que hay personas que tienen una sensación de falta de aire mayor y les cuestan los ejercicios de respiración.
2. Aquí y ahora
Este es el truco que más trabajo me está costando poner en práctica, pero, cuando lo consiga, habrá compensado el esfuerzo porque lograré aplicarlo en otros momentos clave. Es el famoso “mindfulness”.
Comencé en la ducha, sin pódcast sin música, solo centrándome en las sensaciones: el sonido del agua al salir, el impacto contra mi piel, la temperatura, la respiración, la rugosidad de la alfombrilla… Hacía años que no colocaba la alcachofa en el soporte alto porque convertí una preferencia puntual en un hábito. Recuperar esa altura, algo tan sencillo, fue toda una revelación.

3. “No te vas a morir”
Este truquito me lo enseñó mi vecina, la primera que me habló de la ansiedad después de Gemini. Me contó que, cuando a ella le viene un “ataquito”, hace algo que ahora yo también pongo en práctica: hablarse a sí misma hasta tranquilizarse.
Así que, de cuando en cuando, me veo cerrando los ojos, respirando y diciéndome: “Tranquila, no te vas a morir, es ansiedad. Tu corazón no va a ser espachurrado ni te vas a ahogar”. Y sigo con mi vida.
4. El ejercicio
La ansiedad ha aparecido justo en un mes en el que estaba de baja en el gimnasio porque preveía pasarme fuera la mayor parte del tiempo, así que decidí no pagar la cuota. No creo que haya relación directa entre una cosa y otra, pero ha podido influir. Tiene sentido, ya que el ejercicio físico ayuda a reducir los niveles de cortisol, que es la llamada «hormona del estrés». Desde que he vuelto a la rutina, la cosa ha empezado a ir mejor.
El origen del estrés y las cosas que hago en el día a día que puedan servir como catalizador es algo que estoy tratando en terapia, pero tardará en dar sus frutos. Estos son hábitos y remedios que puedo poner en práctica a corto plazo, y los comparto por si le pueden ayudar a alguien. Si alguna tiene los suyos, la animo a contarlos también. Lo tengo todo por descubrir con esto.