Conocer gente a partir de cierta edad está jodido, pero ligar siendo influencer es todavía más complicado. Me refiero a que la criba que tienes que hacer es mucho más minuciosa que la que haces en condiciones normales de anonimato, por así decirlo.

A mí, que tengo una comunidad de seis cifras, aunque tampoco soy ni mucho menos la creadora de contenido más conocida del país, se me arrima mogollón de peña por el interés. Y es que, al principio, ni siquiera me daba cuenta. Tuve que llevarme un par de palos gordos para caer en que había quien buscaba aprovecharse de mi… ¿qué? ¿Mi discreta fama? ¿Mi tirón en redes? ¿Mis descuentos en algunas marcas? ¿En serio?

El caso es que, por lo que sea, ha habido (y supongo que habrá) tíos que se han acercado a mí por el interés. Lo cual me ha obligado a permanecer alerta y a aprender a hilar muy fino. Y es una mierda, la verdad sea dicha. Es un asco tener que estar permanentemente a la defensiva. Estos años en mi minicandelero me han hecho comprender por qué los famosos tienen esa tendencia a liarse entre ellos. Es normal que no se fíen de la gente de fuera de su entorno. O que se sientan más seguros abriéndose a otras personas que no les necesitan para ganar notoriedad, pasta o reconocimiento.

Insisto, todo esto lo digo desde mi posición de celebridad de marca ACME. A mí a veces me paran en la calle, me reconocen de alguna publi o colaboración, cierto, pero la mayoría del tiempo puedo hacer una vida tan normal como la de cualquiera. A dios gracias, supongo.

 

No sé si es que he tenido mala suerte o si lo busco de alguna manera. Sea por lo que sea, he tenido ya muchas experiencias de ese tipo. Algunas de ellas muy feas, aunque no tuvieran más efectos secundarios que el de hacerme sentir imbécil. He conocido a tipos que se acercaron a mí con la intención de viajar de gratis. O ir a comer a sitios chulos, quedarse en hoteles de lujo y demás sin pagar un euro. Pero eso lo supe tarde. Y lo peor es que a algunos les funcionó, al menos al principio.

Hay quien se cree que me paso la vida asistiendo a eventos molones y hospedándome en hotelazos por mi cara bonita. A veces es así, pero no es por la cara, sino por mi trabajo y por lo mucho que me lo curro. Y no siempre es todo ideal y de color de rosa, nada es ‘gratis’. Ni el tren de vida al que parece que se me quieren subir algunos ni ninguna otra cosa.

Dicho esto, hay otro tipo de garrapatas con las que me he topado también. Son los que, en cuanto tienen un mínimo de confianza (o ni siquiera), me piden que les etiquete en mis fotos, historias o publicaciones. Vamos, los que intentan subirse al carro para aumentar seguidores. He llegado al punto en el que no me fío de las intenciones de nadie. Y, claro, así lo de ligar se pone superfeo. Pereza me daría ya si no fuera porque soy humana, estoy soltera y a mí también me gusta estar con chicos. Lo que no me mola es que me utilicen, obviamente.

 

Y a veces sufro, porque una no es de hierro, tiene corazoncito y esto de que nadie quiera llegar a él porque lo que les interesa es la influencer y no la mujer, pues duele. Porque yo quiero abrirme a los demás, enamorarme si surgiera… Pero así no soy capaz.

 

 

Anónimo

 

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