Nos hemos casado, pero no somos siameses

 

Si yo no me meto en las relaciones de los demás, ¿por qué parece que todo el mundo puede meterse en la mía? Pregunto.

Es una duda que tengo.

Me pica especialmente un tema desde que me dio por pasar por el altar con mi chico. Y es que, desde entonces, hemos sido cuestionados un montonazo de veces por nuestra forma de entender la pareja. No sé si me explico.

Lo que pasa es que nos hemos casado, pero no somos siameses, leñe.

Antes de casarnos nadie se llevaba las manos a la cabeza cuando yo me iba a pasar unos días a la casa de mi familia, mientras mi chico se quedaba en nuestra ciudad.

Antes de casarnos nadie se extrañaba cuando pasábamos el día de la madre cada uno con la suya.

Entonces, ¿qué pasa ahora? ¿Por qué parece que estamos locos por seguir haciendo lo mismo?

Nos hemos casado, pero no somos siameses

Foto de Daria Obymaha en Pexels

Es que no lo entiendo.

Llevábamos seis años viviendo juntos cuando dimos el paso de formalizar lo nuestro con un papel y celebrar aquella firma con nuestras familias y amigos. Lo cual fue una sorpresa exactamente para nadie, ya que nunca ocultamos que la idea era casarnos en algún momento.

Sin embargo, y a pesar de lo bien que nos conocen y de que somos muy transparentes con nuestra vida y nuestras intenciones, a la gente no le encaja nuestro comportamiento como pareja.

Perdón, como pareja sí. Que antes no decían nada.

Es nuestro comportamiento como matrimonio el que no les cuadra.

 

Nos hemos casado, pero no somos siameses

 

Mi madre cree que estamos en crisis. Mi cuñada teme que seamos los típicos que ya pueden haber estado mil años juntos, que en cuanto se casan… separación al canto.

Tenemos unos amigos que nos han aconsejado probar con el profesional al que acudieron ellos para hacer terapia cuando tuvieron a los niños. Que yo me alegro mil de que la terapia les fuese bien, pero es que nosotros estamos bien.

Nadie ve normal que seamos tan independientes, así que no nos creen cuando insistimos en que no nos pasa nada. ¡Estamos mejor que nunca!

Nos queremos un montón y somos muy felices juntos.

Es solo que, insisto, nos hemos casado, pero no somos siameses.

Estamos bien cuando estamos juntos, y estamos bien también por separado.

Nos hemos casado, pero no somos siameses

Foto de Artem Beliaikin

Si yo tengo mucho curro el finde y me lo voy a pasar encerrada delante del ordenador, mi chico se va por ahí con los colegas.

Cuando es él quien tiene guardia, soy yo la que hago planes alternativos. Si uno tiene vacaciones en un período en el que el otro no, el que está libre se va al pueblo a visitar a la familia.

Si su madre hace paella el domingo para todos sus churumbeles y yo estoy liada, va su hijo solo.

Según cómo caigan las fiestas y cómo se organicen nuestras respectivas familias, vamos cada uno a la de la suya en Nochebuena y Navidad. Porque a nosotros nos parecen días como otro cualquiera, pero a nuestros padres no. Pues cada uno complace a los suyos y todos contentos.

A veces nos proponen planes que a uno le apetecen mogollón y al otro no. ¿Por qué ha de renunciar uno? ¿Por qué debe sacrificarse el otro?

Francamente, dado que somos entes diferenciados e independientes, nosotros no vemos el motivo.

Somos muy conscientes de que todo va a cambiar en mayor o menor medida cuando tengamos hijos. Pero, por el momento, somos felices gestionando nuestro tiempo y nuestra vida de pareja a nuestra manera.

¿A ti también te llama la atención cómo lo hacemos?

 

Andrea

 

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