Creo que la mejor actitud ante la vida es aprender de todo lo que nos ocurre. Y todo eso que aprendemos acogerlo. No obstante, creo en el cambio como proceso inherente al ser humano y ese cambio nos permite mejorar nuestras versiones. Para mejorar la mía me doy cuenta de que hay cosas que he aprendido desde pequeña que vendría bien desaprender, al menos un poco, al menos unas cuantas.  Y creo que no soy la única a la que le vendría bien hacerlo. Para mí, hay 5 cosas que debería desaprender:

A decir sí sin pensarlo dos veces

Aprendí antes a ser hija modélica, amiga ejemplar que a saber donde tenía el ombligo. La amabilidad por bandera, puede, la accesibilidad por defecto NO. Siempre hay algo que puedes hacer por los demás, pero no siempre querrás hacerlo. Claro que el sacrificio, la gentileza, el compartir quienes somos está estupendo, pero tú eres una. Solo una.

A veces antes de correr a los brazos de otro, deberíamos abrazarnos a nosotras mismas y pensar cinco segundos antes de responder si lo que queremos es dar el sí o no.

La palabra dieta

Maldito el momento en el que me dijeron que sería más aceptable si mi cuerpo ocupara menos en la inmensidad de la tierra. Sobre todo, maldigo el momento por su prontitud. Desde bien pequeña en mi casa se instaló el concepto régimen, dieta, asociado a la restricción y a la sobre consideración de mi exceso (o no) de peso.

Obviamente hay que llevar una vida saludable, hay que enseñar a los niños a tener hábitos de alimentación buenos, pero sabéis perfectamente a qué me refiero. A la alimentación esclava y limitante para la pérdida de peso. Esa la conozco desde la infancia y nunca he logrado librarme de su sombra.

Ser más que un número

A tener que tener razón

Aprendí primero a expresar mi opinión que a escuchar la de los demás. Parece que cuanto más digo sí, más quiero imponer mi forma de ver la vida. Es como si tuviera una correlación estrecha la disponibilidad con la cabezonería en las opiniones. Como si mi ser me dijera “has dicho demasiado que sí a hacer cosas por otros, al menos en este tema x que sepan bien que la que sabe eres tú”.

En algún momento aprendí a elegir y a decantarme. Como si fuera un “conmigo o contra mí” temiendo que alguien me hiciera temblar los cimientos.

Como creo que deberíamos pensar un poco antes de lanzarnos al servicio de los que nos rodean, creo que deberíamos mordernos más la lengua y prestar el oído para aprender de quien tenemos en frente. No pasa nada por equivocarse, por cambiar de parecer o por descubrir otras formas de ver la vida igualmente aceptables.

Aceptar otras tradiciones, otras culturas

Las mejores relaciones son las que duran para siempre

Y con esto he sufrido lo indecible. Las amistades, las parejas, los familiares, pareciera que hubiera que tenerlas para siempre para concederles valor. Para legitimar su existencia o es eterna o parece que no hubiera sido buena, no hubiera aportado dicha y felicidad. Las cosas tienen su tiempo, todas; las relaciones también. Incluso las más cercanas. Aunque cueste decir adiós, está bien, es posible y a veces es lo mejor. Adiós a familiares, a amigos y a amores. Y esa despedida no devalúa lo que fueron y lo que dejan en quienes somos.

Todo en esta vida tiene que tener utilidad

Pues no. Nos miden siempre por resultados, desde que empezamos nuestra andadura existencial. Todo tiene que tener un resultado, evaluable y comparable. Como experimentos con patas. Me ha costado enormemente darme cuenta de que hay cosas cuyo valor reside en nuestro deseo de hacerlas. Cuya utilidad es nula en sí misma, pero forma parte de un esqueleto de decisiones que construyen nuestro bienestar. No todo se hace con un fin y no es menos necesario hacerlo.

 

Ahora que llega el otoño, como los árboles, es buen momento para dejar caer antiguas hojas para reposar y dejar hueco a las nuevas que vendrán, verdes y frescas. En mi caso me he propuesto empezar dejando atrás estas 5 cosas que debería desaprender.

¿Qué cosas te gustaría desaprender a ti?

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