Mientras preparo las bolas y los tacos para el juego, Carlos pone algo de música y prepara unos cócteles. Cuando termina pone las copas en la mesita auxiliar del billar y empezamos el juego.
– Las damas primero. – Dice tendiendo la mano hacia la mesa.
– No me vayas a dejar ganar, esto es una competición. – comento mientras me pongo en posición.
– Como quieras.
Me agacho y me apoyo sobre la mesa, cuando estoy a punto de golpear la bola blanca, tose. Le miro de reojo con una mirada asesina, sonríe y dice:
– Ya paro.
Vuelvo a mi tarea y golpeó la bola blanca, que rompe la formación de las otras bolas y hace que una bola roja lisa entre en su lugar.
– ¡Toma ya! – celebro incorporándome.
– No cantes victoria tan pronto nena. – dice poniéndose en posición.
Golpea la bola y no consigue meter ninguna. Me río y me dispongo a tirar. Esta vez le doy a dos bolas lisas que estaban juntas, una entra y la otra se queda al borde, con el mínimo golpe entrará. Carlos se agacha para tirar y yo me agacho en el otro extremo de la mesa, justo delante de él, llevo una camiseta con escote, así que dejo ver mi pecho. Toso fingidamente para que se fije en mi.
– Oye, esto es trampa, no vale distraer al otro durante la partida. Cuando gane hacemos lo que quieras.
– Uf, pues me puedo morir esperando a que me ganes. – respondo apoyándome en la pared.
Seguimos jugando, él mete alguna y yo también. Vamos casi empatados, a mi me queda una bola por meter y a él dos. Es su turno.
– Oye, ¿Cuando llegan tus padres de las vacaciones? – pregunta.
– Mañana, cogen el avión a las cuatro de la tarde.
– ¿Y cuanto tarda el vuelo?
– Sobre dos horas y media. ¿Por?
– Nada, para saber cuando tienes que estar en casa – Dice golpeando la bola.
– Pues yo había pensado irme esta noche. – digo aplicando tiza en mi taco.
– Por mi te puedes quedar esta noche también. Mañana después de almorzar te llevo si quieres.
– Vale. Mañana me voy. – digo golpeando la bola y meto la que me quedaba. Ahora solo tengo que meter la negra.
– Me dispongo a colar la última bola. Me agachó sobre la mesa y noto como las manos de Carlos se posan en mis caderas.
– Oye, no me distraigas. Tramposo.
No aparta las manos, yo me echo un poco para atrás, rozando mi culo con su entrepierna y suelto un gemido fingido. Noto como su respiración se acelera y golpeó la bola. La negra entra en su agujero, he ganado la partida. Me incorporo y me giro, quedando justo delante de Carlos.
– He ganado. – le digo en un susurro acercando mi cara a la suya.
– Pues te voy a dar tu premio. – me agarra y me sienta en el borde de la mesa.
– Su boca busca la mía, estoy sentada en el filo de la mesa con las piernas abiertas. El se pone en medio y me agarra el culo. Se acerca más a mi, restregando su entrepierna contra la mía, nuestras lenguas se buscan desesperadamente, como si se necesitasen. Me agarra el borde de la camiseta y me la saca por la cabeza.
– Teníamos un trato. ¿Recuerdas? – digo aún pegada a su boca.
– Si quieres paro. – propone separándose un poco.
– Ni se te ocurra. – le agarro por el cuello de la camiseta y le acerco a mi.
– Espera, vamos al dormitorio. – me dice.
Esto me pilla muy desprevenida, por que no podemos hacerlo aquí, me doy cuenta de que no tenemos preservativos aquí así que me bajo de la mesa y le agarro de la mano y subimos rápidamente las dos plantas hasta el cuarto.
– Deberías guardar condones en todas las plantas, por si hacen falta como ahora. – propongo.
– Lo pensaré. – Dice llevándome a la cama.
Vamos hacia la cama con nuestras bocas pegadas y desvistiéndonos mutuamente. Estoy completamente desnuda y a él solo le queda el bóxer, bajo el que se puede notar una prominente erección.
– Tócate para mi. – me susurra.
Le hago caso, me tumbo en la cama delante de él y abro las piernas. Deslizo mi mano hacia abajo y empiezo a rozar mi punto sensible y lo que le rodea, noto su mirada fija en mi, me intimida tanto que tengo que cerrar los ojos.
– Tócate tú también. – le digo casi en un gemido.
Abro un poco los ojos y veo como se quita el bóxer y empieza a acariciar su erección de arriba a abajo, está de pie a mi lado, con la mirada fija en mi mano, no puedo dejar de mirar esos ojos oscuros fijos en mí. Esta imagen es muy excitante, estoy a punto de llegar al orgasmo, me empiezan a temblar las piernas y me corro mirándole a los ojos. Noto como sale de su garganta un sonido gutural que me llega al alma. Deja de tocarse, se dirige al armario, justo donde estaba buscando esta mañana y saca un aparato rojo con forma de U.
– ¿Qué es eso? – pregunto algo cansada pero muy excitada.
– Esto te va a dar mucho más placer.
Miro el aparato un poco raro, no se de donde ha salido eso ni por que lo tiene él.
– No te preocupes, esta nuevo, lo compre el otro día, quiero hacerte experimentar cosas nuevas. – comenta como si me hubiese leído la mente.
– De acuerdo, adelante. – digo relajándome.
Coge también un preservativo de la mesita de noche y se monta en la cama, arrodillándose entre mis piernas. Deja el aparato y el preservativo a un lado en la cama y me besa, estamos un rato besándonos, su boca baja por mi cuerpo y agarra mis pechos entre sus labios, chupa mis pezones y los muerde levemente, eso aumenta mis ganas de sentirle, noto su erección en mi vientre y rozando mi entrada ya húmeda. De pronto se separa de mi, coge el aparatito y me introduce una parte de la U, dejando la otra sobre mi clítoris, le da a un botón y el aparato empieza a vibrar, no me lo esperaba, así que suelto un grito ahogado. Se pone el preservativo mientras me acostumbro a la sensación y cuando termina se introduce en mí, me sigue besando, esta sensación es indescriptible, noto oleadas recorriendo mi cuerpo en muy poco tiempo, siento como Carlos también está muy tenso y llega al orgasmo antes que yo, aunque no deja de entrar y salir de mi.
– Vamos nena, córrete para mi, tu puedes princesa, desata todo eso que tienes dentro.
Sus palabras y sus acometidas me llevan al extremo y finalmente acabo exhausta, quedándome sobre la cama en un estado anestésico, no puedo casi moverme. – Carlos sale de mi, me saca el vibrador y lo para, se quita el preservativo y se tumba a mi lado, necesito que me abrace, así que me giro hacia el, que me acoge entre sus brazos, y me da un beso en la sien. Me encuentro muy cómoda pegada a su cuerpo y poco a poco voy cayendo en un profundo sueño.
Noto unos besos que se deslizan desde mi cara hacia mi espalda, pasando por mi cuello. Son suaves y dulces, me doy cuenta de que estoy tumbada boca abajo, desnuda y tapada hasta la cintura con una sábana. Los besos son de Carlos, que cuando nota que me estoy despertando dice:
– Hola princesa, ya es hora de despertarse de la siesta.
– ¿Que hora es? – Digo moviéndome un poco y levantando la cabeza.
– Las ocho y media de la tarde, llevas durmiendo tres horas.
Entierro la cabeza en la almohada y suelto un largo suspiro.
– ¿Vas a quedarte en la cama hasta mañana? – oigo que dice mientras sonríe.
– Solo si te quedas tú conmigo.
– Mmmm, veo que has repuesto fuerzas rápidamente. – susurra acercando su boca a mi oreja y mordiéndome el lóbulo.
– No me tientes. – digo girandome para ponerme boca arriba.
Abro los ojos, la habitación está en penumbra, con las persianas medio bajadas, Carlos tiene el pelo mojado y le cae por la frente, parece que se acaba de duchar, le agarro un mechón y lo enrollo en mi dedo, algunas gotas emanan de su pelo y chorrean por su frente. Sonrío embobada mientras le acaricio el pelo y la cara. agacha la cabeza hacia mi y la sacude, haciendo caer las gotas sobre mi cara a la vez que sus manos hacen cosquillas en mi cintura, me retuerzo bajo sus manos, explotando en carcajadas, él también se ríe, me encanta cuando se le ve feliz y despreocupado, parece mucho más joven cuando sonríe. Para de hacerme cosquillas y se queda mirándome fijamente a los ojos.
– ¿Que me has hecho, María? ¿Por que me siento así contigo? – Dice como si estuviese pensando en voz alta.
– No lo se. – respondo mordiéndome el labio.
– Pues sea lo que sea, no dejes de hacerlo. – se acerca a mi boca, libera mi labio inferior y posa un casto beso. – Nunca me había sentido así con una chica, con el poco tiempo que llevamos conociéndonos, no termino de entender como una chica tan joven como tú ha podido meterse en mi cabeza y hacerme sentir cosas que jamás había sentido.
No se que responder a esto, me siento algo avergonzada, así que me apoyo sobre los codos y le doy un largo y suave beso en los labios.
– Creo que necesito una ducha. – comento al separarme de él.
– ¿Quieres hacer algo esta noche o nos quedamos aquí? – pregunta cuando me levanto de la cama.
– Como quieras, pero no he traído ropa para salir. – le informo, me giro y veo que se ha tumbado, cojo mi mochila.
– Si quieres ir a algún sitio, podemos pasar antes por tu casa para que te cambies de ropa. – propone desde la cama.
– Perfecto, pues tardo veinte minutos en ducharme, ve arreglándote. – digo entrando en el cuarto de baño y cerrando la puerta detrás de mí.
Me ducho y me lavo el pelo, cuando salgo de la ducha, me aplico crema hidratante y me seco el pelo, se me ha quedado bastante bien, así que no creo que tenga que hacerme mucho más, me hago un coco desenfadado pero bonito. Cuando salgo al dormitorio con una toalla liada me encuentro con Carlos, está sentado en el sillón auxiliar, mirando el móvil y perfectamente vestido con unos vaqueros oscuros, unos náuticos y una camisa celeste. Parece que vamos a ir a un sitio no muy informal. Me siento en la cama y me pongo la ropa que tenía antes, no me queda más ropa limpia. Cuando estoy lista, nos encaminamos a mi casa.
– ¿Donde vamos a ir? – pregunto para pensar qué ropa me voy a poner.
– Pues había pensado en llevarte a comer algo y después a un local de la capital donde hoy es la noche latina, y hay clases de bailes latinos y demás. – explica.
– Vale, me parece perfecto, pero te voy a llevar a cenar yo a ti, ¿vale? Tu conduces y yo te guio.
– De acuerdo nena.
Llegamos a mi casa, Carlos aparca el coche delante de mi puerta, justo la cotilla de mi vecina se acaba de asomar al balcón. Entramos en mi casa sin hablar mucho, no quiero que está señora se entere de nada más que pueda contar.
– Parece que te tienen bien controlada. – Dice Carlos cuando cierro la puerta.
– Si, ya verás que gracia cuando le cuente a mi madre que llevo desde el sábado sin dormir aquí. – comento subiendo las escaleras. Carlos sube conmigo.
– Ayer y el domingo también dormiste aquí. Pero bueno, yo no tengo problemas con que tu madre se entere de mi existencia.
– No, yo tampoco, pero no quiero que sepa todavía que he dormido en tu casa tres noches.
– No te preocupes, ya se nos ocurrirá algo.
Carlos se sienta en mi cama y yo me dirijo al armario para ver qué me pongo. Saco un par de conjuntos, no estoy muy segura, así que le muestro las opciones. Al final me voy a poner un vestido corto rojo de manga corta, es sueltecito por la parte de abajo y cómodo, no es muy corto, para no correr el riesgo de enseñarlo todo mientras bailo, lo decoro con un cinturón dorado y unos tacones también dorados que me encantan y además son super cómodos, no son muy altos, así que seguro que para bailar me vienen perfectos.
Antes de vestirme me maquillo de forma sencilla, un poco de base, eyeliner, máscara de pestañas y los labios rojos a juego con el vestido. Abro el cajón de la ropa interior y cojo un conjunto rojo de braga y sujetador de encajes que tenía de las últimas navidades. Me lo pongo bajo la atenta mirada de Carlos, que dice.
– Ya estoy deseando el momento en el que te quites el vestido, y todavía no te lo has puesto.
Hago caso omiso a sus palabras y sigo vistiéndome. Cuando termino preparo algo de ropa en la mochila para mañana y cojo mi bolso, ya estoy lista, así que salimos de la casa y nos montamos en el coche. Mi vecina sigue en el balcón, así que lo está viendo todo.
Guió a Carlos hasta el lugar donde vamos a comer. Es un bar de tapas de un amigo mío, casi siempre está lleno, entramos y nos sentamos en una de las numerosas mesas altas que hay en el local. Se acerca un camarero y nos toma nota de las bebidas además de dejarnos una carta con las tapas que hay. Pido para beber una coca cola y Carlos pide otra. Miramos las tapas cuando el camarero se marcha a partir de resaca nuestras bebidas.
– Bueno, tu eres la que sabe que se come aquí. – Dice mirándome por encima de la carta.
– A ver, está todo muy rico, pero tengo que decirte que mis tapas favoritas son la de gambas al pil pil y la de mesonero.
– ¿Que es un mesonero?
– Es como una croqueta bastante grande, pero en el interior hay medio huevo cocido.
– Ah vale, creo que lo he probado. Si quieres pedimos varias tapas y compartimos, así probamos todo.
– Perfecto, porque además las tapas aquí son muy grandes. – comento.
Llega el camarero con las bebidas y nos toma nota de las tapas. Pedimos mesonero, gambas, salchichas al vino y ensaladilla rusa.
– Voy al baño un momento. – le digo cuando el camarero se va.
– Perfecto. – responde cuando estoy cogiendo el bolso.
El local tiene forma de L y nosotros estamos en el lado opuesto a los baños, así que me encamino hacia allí. Hay barra en los dos lados, así que me acerco a la barra y le digo al chico que me cobre lo que hemos pedido además de un Brownie para compartir de postre. Me dirijo al baño y cuando vuelvo a la mesa ya están allí algunas tapas.
– ¿Llevan aquí mucho tiempo? – pregunto al llegar.
– No, las acaban de traer.
– Pues entonces, a comer.
Las tapas son enormes y esta todo delicioso. Estamos muy llenos, y todavía queda el Brownie. Veo que se acerca el camarero a recoger algunos platos sucios y seguidamente viene otro con el Brownie. Cuando lo pone en la mesa, Carlos va a decirle que se ha equivocado, pero yo le digo que no, que lo he pedido yo antes. Comemos un poco, pero ya no podemos más.
– Bueno, ¿nos vamos? – digo cogiendo mi bolso.
– Espera, habrá que pagar ¿no? – Dice mirándome entre risas.
– No, si esto está todo pagado ya. – respondo poniéndome de pie.
– ¿Has pagado tu? – Dice imitandome.
– Hay que ser más rápido cariño. – digo sonriendo y encaminandome hacia la puerta.
Viene detrás y me alcanza a la altura de la puerta. Me agarra la mano y me da un beso en la mejilla.
– Eres increíble. – susurra en mi oído.
Nos dirigimos al coche y nos encaminamos hacia el local que me ha dicho antes. Está bastante más cerca de lo que pensaba. Aparcamos en la calle de detrás y nos bajamos de coche. Me coge el bolso y dice.
– Esto no te va a hacer falta ahí dentro, es más, te va a molestar para bailar.
– Vale, entonces déjalo aquí mejor, pero guárdalo en el maletero que no se vea desde fuera a través de los cristales.
Guarda el bolso y cierra el coche, vamos paseando tranquilamente hacia la entrada, hace una brisa muy agradable. Cuando llegamos a la puerta y la empujamos, sale un sonido embaucador, unos ritmos latinos que invitan a bailar en el mismo instante. Carlos me sujeta la puerta y entro. Es un local bastante grande, en el centro hay una enorme pista donde hay algunas parejas bailando con un pequeño escenario al fondo, a la derecha una barra y en la izquierda un par de hiladas de mesitas bajas de mimbre con sillones a juego y unos pequeños floreros con un par de rosas naturales en cada una de ellas. El local está bastante iluminado para ser un sitio de baile, pero supongo que será por las clases. Hay mucha gente, pero no tanta como para agobiar, además hay espacio suficiente para bailar sin chocar.
– Hemos llegado justo a tiempo, en quince minutos empieza la clase. Si quieres podemos tomar algo antes.
– Estoy un poco llena de la cena todavía. – digo pasándome la mano en el estómago. – pero un botellín de agua si que me tomaría.
Nos dirigimos hacia la barra, Carlos pide mi botellín de agua y un mojito sin alcohol para él. Cuando el camarero nos sirve vamos hacia una mesa, nos sentamos y conversamos un rato mientras empieza la clase.
– Me encanta pasar tiempo contigo. – Dice agarrándose la mano.
– A mi también, es como si te conociese desde hace muchísimo tiempo cuando no llevamos ni una semana. – respondo acariciando sus nudillos.
– Te puedo asegurar que ha sido una de las mejores semanas de mi vida.
No se que responder a esto, generalmente tengo respuesta para todo, pero con Carlos me pasa mucho, me quedo sin palabras, me deja sin saber qué decir. Así que dirijo la mirada a la pista mientras intento disimular que como una boba.
De pronto las luces empiezan a parpadear y la música cambia, una pareja de bailarines, de apariencia claramente latina suben al escenario. El chico lleva un pantalón negro y una camisa roja brillante con los tres botones superiores abiertos, la chica lleva un traje a juego, es un body rojo de lentejuelas con una falda de plumas alrededor de la cintura, lleva el pelo recogido en lo alto de la cabeza. No hay duda de que serán quienes impartan la clase. Se presentan y explican que hoy vamos a aprender bachata básica en pareja. Miro a Carlos y él me devuelve una sonrisa de oreja a oreja. La pareja invita a que todo el que quiera se levante y se dirija a la pista para bailar. Carlos se pone inmediatamente de pie y me tiende una mano.
– Señorita, me haría usted el inmenso favor de ser mi pareja de baile esta noche. – me dice con tono cortés.
– Estaría encantada de serlo. – Digo poniendo mi mano sobre la suya y levantándome para dirigirnos a la pista.
– Nos dirigimos hacia la pista y atendemos a las explicaciones de la pareja. Primero practicamos individualmente los pasos, vamos aumentando la dificultad poco a poco, lo estamos pasando muy bien, ya casi me duele la cara de sonreír tanto. Antes de empezar por parejas, los profesores dan un pequeño descanso. Pido otra botella de agua, estoy sedienta, volvemos de nuevo a la pista y empiezan las lecciones en pareja, no es muy difícil puesto que ya sabemos lo básico, cada vez nos van explicando pasos algo más complicados, la noche está siendo fantástica, no puedo pasarlo mejor. Cuando acaba la clase son las dos de la madrugada, estamos cansadisimos, así que decidimos volver a la casa. En el camino de vuelta, a la altura del mirador, Carlos pone la mano en mi rodilla para captar mi atención y propone.
– ¿Te importa que paremos aquí un momento?
– Estoy cansada, pero si no tardamos mucho no me importa.
– Nos bajamos del coche y nos acercamos a la baranda, esa donde prácticamente empezó todo.
– Esto, yo, no se… – tartamudea Carlos nervioso.
– Adelante, no voy a morderte. – digo intentando calmarse.
– Yo, bueno, había pensado que, después de todo lo que hemos vivido, y teniendo claro que tu me gustas y yo te gusto, me gustaría preguntarte una cosa.
– Dime
– Tu, eh… ¿te gustaría salir conmigo, o sea, te gustaría ser mi novia? – Dice sacando del bolsillo de su pantalón una pequeña rosa y tendiendo mela.
Esta pregunta me pilla algo desprevenida, no me esperaba esto para nada, no se si mirarle a él o a la rosa, los nervios no me dejan articular palabra y ello hace que a Carlos parezca que se le van a salir los ojos de la impaciencia.
– Claro que si. – digo finalmente abrazandolo.
Soy muy feliz en este momento, pasamos un rato ahí, abrazandonos y dándonos suaves besos. Hasta que decidimos volver al coche para encaminarnos hacia la casa.
Caigo muerta en la cama, solo me entretengo en desvestirme y desmaquillarme, Carlos se acuesta a mi lado y caigo rápidamente en un profundo sueño. A la mañana siguiente nos despertamos bastante tarde, con el tiempo justo para almorzar e irme a casa, pues mi madre está a punto de llegar. Al llegar a mi puerta, Carlos detiene el coche, se baja a la par que yo y me ayuda a descargar mis cosas mientras yo abro la puerta. Trae la mochila y la pone en el recibidor, junto al mueble de la entrada, Posa su mirada en mi, noto como sus ojos me taladrar el alma, le devuelvo la mirada y una fuerza magnética nos lleva a unirnos, no hay beso, no hay pasión, nos fundimos en un intenso abrazo que dice todo lo que nuestras bocas callan.
– Gracias por todo. – le digo cuando nos separamos.
– No, gracias a ti por todo, porque tu has hecho de cada momento mi semana una experiencia preciosa. – responde acariciandome el mentón con la yema de los dedos. – necesito decirte algo, y espero que no te asustes ni nada, pero si no te lo digo exploto.
– Adelante.
– Creo que me estoy enamorando de ti. – se queda en silencio, esperando mi reacción. Tardo un poco en responder, estoy tan perdida en su mirada que no encuentro la manera de articular palabra.
– Yo creo que también. – digo acariciando la barba incipiente de su mejilla.
Me acerco a él lentamente, nuestros labios se unen en un tierno y largo beso. No se cuanto dura, el tiempo pegada a sus labios no pasa para mi, se detiene en cuanto nuestros labios se rozan.
– Bueno, creo que debería irme. – comenta sacando la llave del coche de su bolsillo.
– Mi madre no tardará en llegar. – digo apoyándome en la puerta.
Nos damos un último pico de despedida y veo como se monta en el coche y sale de la calle a muy poca velocidad. Paso la tarde limpiando y ordenando la casa, no quiero que todo esté hecho un desastre cuando lleguen. Al final de la tarde, mis padres llegan de su viaje, el resto de semana transcurre con normalidad, los días pasan ocupados, las noches hablando con Carlos se hacen frecuentes y rápidamente llega el lunes y toca volver a la rutina, cuando suena la alarma del despertador quiero que vuelva ser el lunes de la semana anterior, pero he de ir a trabajar, cuando llego las niñas están dormidas y Marga me dice que las deje dormir hasta que se despierten solas. Paso la mañana aburrida, tumbada en el sofá viendo la televisión, de pronto me llega un mensaje. ‘Buenos días nena, ¿qué tal tu vuelta a la rutina?’ ‘bastante bien, no me puedo quejar, tus sobrinas llevan durmiendo desde que llegué’ ‘pues descansa, porque cuando vienen de las vacaciones están eufóricas, así que cuando se despierten te van a dar tarea’ ‘entonces espero que sigan durmiendo. ¿Tu que tal?’ ‘cansado y con ganas de que lleguen las próximas vacaciones’. Justo en ese momento oigo abrirse la puerta de uno de los dormitorios, seguido de unos pequeños pasos por el pasillo, es la pequeña, se acaba de despertar y viene hacia mí frotándose los ojos, se acurruca a mi lado. Se que ahora mismo no es un buen momento para hablar con ella, no tiene muy buen despertar, así que me limito a poner dibujos y acariciarle el pelo. Poco tiempo después se repite la acción con la mayor, pasamos así largo rato hasta que me piden el desayuno. La mañana pasa rápido, me cuentan que han hecho y dónde han estado y, como dijo Carlos, están completamente eufóricas. Cuando llega mi jefa, cojo mis cosas y me monto en el coche para que me lleve a mi casa.
– María. ¿Tienes algo que hacer el jueves por la noche?
– Pues ahora mismo no tengo planes. – respondo. – ¿por qué?
– Necesito que te quedes con las niñas después de la cena, a partir de las once aproximadamente. Yo te recojo en tu casa y después te llevo.
– De acuerdo. Sin problema.
Pasamos la semana tranquilamente, el miércoles me llega un mensaje de Carlos. ‘¿Podemos quedar a tomar un café? Tengo que contarte algo’ ‘claro, sin problema, ¿dónde y cuando? ‘te recojo esta tarde a las cuatro en el parque al lado de tu casa’ cuando llega el momento, salgo de mi casa, me está esperando ya allí, siempre tan puntual. Vamos a una cafetería del centro y nos sentamos en una mesa.
– Bueno, tu dirás, llevo todo el día con la intriga. – comento.
– No es nada malo, solo que quería decirte esto en persona. El sábado es mi cumpleaños, y normalmente suelo organizar una cena con mi familia y después voy con mis amigos a una discoteca de la ciudad. Esto pienso hacerlo el viernes, y espero que puedas acompañarme tanto a la cena como a la fiesta y así presentarte a mis padres, les he dicho que quiero llevar a alguien especial.
– Creo que me vas a matar, pero no puedo ir. Tu hermana me ha pedido que me quede con las niñas esa noche. – digo, y conforme las palabras salen de mi boca, noto como sus ojos se van llenando de desilusión.
– Pero si mis sobrinas vienen a la cena también.
– Si, pero ella me necesita para después de la cena. Supongo que irá a la fiesta.
– Tu no te preocupes, busca un look para la ocasión y no le digas nada a mi hermana, ya arreglo yo la situación. – Dice intentando calmarse.
Seguimos hablando de cómo será la fiesta y la cena, además de otros temas. Después me lleva de vuelta a mi casa y justo en la puerta dice:
– Creo que debo hacer las cosas en condiciones. Tengo que hablar con tus padres antes de nada.
– ¿Qué dices Carlos? Que vergüenza por dios, no estamos en el siglo pasado para que tengas que pedirle la mano a mi padre. – digo riéndome, creo que este hombre está sacando las cosas de quicio.
– Soy algo tradicional en estas cosas, y contigo quiero hacerlo bien, así que creo que debería hablar con ellos, no pedirle la mano ni nada, solo presentarme como tu novio, para que no haya problemas cuando queramos vernos.
– De acuerdo. Pero debes saber que estás loco. – digo acercando mi cara a la suya, nuestras narices se rozan antes de que nuestros labios se toquen levemente.
– Estoy loco por ti. – responde muy cerca de mi boca. Le doy otro pico suave y me separo de él.
– Mis padres están ahora mismo en casa, si te sientes valiente te los presento ahora. – propongo.
– Perfecto, cuanto antes mejor.
Me bajo sola del coche y entró en casa, Carlos se queda esperando hasta que yo salga para avisarle. Cuando entro, mis padres están en el sofá, viendo la tele. Me plantó delante de ella y la apago, para después decirles.
– Papá, mamá, necesito que conozcáis a una persona que está empezando a ser bastante importante para mi, está fuera esperando a que yo le llame, se que tendréis algo que objetar sobre él, pero espero que mientras esté aquí no entréis en pánico, y lo que tengáis que decir me lo digáis a mi en privado cuando él se haya ido.
– Claro hija, hazle pasar, que fuera hace mucho calor. Si es importante para tí nosotros sabremos aceptarlo. – Dice mi madre. Mi padre está en silencio, mirándome, no sé qué está pasando por su mente, me quedo mirándole un momento, esperando su aprobación hasta que dice.
– Hazle pasar.
Salgo a la calle y llamo a Carlos, que está dentro del coche. Sale del coche y entramos juntos en casa.
– Mamá, papá, este es Carlos. Carlos, ellos son María, mi madre, y Antonio, mi padre.
Carlos le estrecha la mano a mi padre y da dos besos a mi madre. Nos sentamos juntos en el otro sofá y empezamos a hablar con mis padres.
– Bueno, y cómo os conocisteis. – Dice mi madre.
– Pues, es el hermano de Marga, el tío de mis niñas, nos conocimos cuando vino a visitarlas un día. – respondo.
– Y, ¿lleváis mucho tiempo saliendo?
– Pues casi un mes. – miento. No pienso permitir que mi madre se entere de que llevamos a penas dos semanas conociéndonos.
Carlos pasa la tarde en mi casa, contándole a mis padres en que trabaja y demás aspectos de su vida que mi madre y su personalidad de inquisidora quieren saber. Cuando Carlos se marcha, nos despedimos a solas en el portal y seguidamente me voy a mi cuarto y mi madre sube detrás de mí. Toca en la puerta y entra directamente, sin esperar a que yo le diga que puede pasar.
– Bueno ¿qué te ha parecido Carlos? – digo mientras se sienta en la cama y yo en el sillón del escritorio.
– Un poco mayor, pero en el fondo sabía y esperaba que si alguna vez me presentabas a alguien fuese así, se ve que tiene la cabeza bastante bien amueblada y los pies en la tierra. Tu eres muy responsable y sabía que no te ibas a fijar en un niñato joven y alocado, siempre he sabido que no buscarías a un bala perdida. Estoy muy orgullosa de ti, espero que esto vaya para adelante en buen sentido, se nota que Carlos te quiere, solo hay que ver como te mira.
– Me alegro de que te guste mamá. – digo abrazándola. – ¿qué le ha parecido a papá?
– Pues hija, ¿qué le va a parecer? ¿Crees que a algún padre le gusta compartir a su pequeña con otro hombre? Pero no te preocupes, le he parecido un buen chico, parece que se van a llevar bien.
– Pobre papá. – digo enterrando la cabeza en un cojín de la cama. – por cierto, el viernes es el cumpleaños de Carlos y quiere presentarme a su familia en una cena que va a organizar, pero tengo unos cuantos dilemas. Marga me ha dicho que necesita que cuide a las niñas después de la cena, Carlos quiere que salga con ellos a una discoteca, pero le he comentado el tema y dice que él lo arregla y que no le cuente nada a Marga. No se lo que va a hacer.
– Confía en el, seguro que busca una solución.
– Otra cosa, no se que ponerme, ni qué regalarle.
– Pues mañana por la tarde nos vamos de compras para solucionar esos problemas. – Dice mi madre. Me levanto y la abrazo, no sé qué haría sin ella en momentos como este.
– Al día siguiente cuando termino de trabajar me voy con mi madre de compras, encuentro una pulsera para Carlos que seguro le va a encantar y un vestido para mi, es corto, azul eléctrico y sin mangas, la falda es de tul y me encanta como me queda, es formal pero a la vez sexy, creo que a Carlos le va a encantar y no es demasiado inapropiado como para conocer a mi suegra como tal, pues como niñera de sus nietas ya la conozco.
El viernes, cuando salgo del trabajo, Carlos me dice que me recogerá a las nueve de la noche en mi casa para ir a la cena. Me arreglo a lo largo de la tarde, quiero estar perfecta para dar una buena impresión, no se cual va a ser la reacción de su madre cuando Carlos me presente como su novia, tampoco sé la reacción que va a tener Marga, pues ella si sabe cuánto tiempo llevamos conociéndonos, espero que no me juzgue. Cuando Carlos llega a recogerme estoy terminando de ponerme los zapatos, toca en el timbre y mi padre le abre la puerta, le hace entrar y sentarse con él en el salón. Desde arriba oigo como hablan de fútbol, por lo visto los dos son del mismo equipo y Carlos ha invitado a mi padre a ver el próximo partido en su casa, con cerveza y una tele gigante, por supuesto mi padre ha aceptado. Termino de arreglarme, cojo mi bolso y la bolsa del regalo, mis tacones suenan al bajar la escalera, así que veo a Carlos y a mi padre mirándome fijamente desde abajo, cuando llego al salón ambos se ponen de pie, me acerco a Carlos y le doy un beso en la mejilla. Le felicito y le doy el regalo.
– Muchas gracias. Estas preciosa. – Dice posando en mi mejilla un suave beso.
– ¿Vamos? – pregunto.
Nos despedimos de mis padres, quienes nos advierten de tener cuidado ‘con el cuerpo y con el alma’ como dice mi madre. Y nos dirigimos al coche.
– Parece que te has ganado a mi padre ya. – digo cuando arranca el motor.
– Tu padre es duro de roer, pero creo que voy a saber ganármelo.
– Eres un pelota, en la invitación para ver el fútbol se ha notado demasiado. – digo intentando picarle.
– Genio y figura. – responde riéndose.
Llegamos al restaurante, está a las afueras del pueblo y al parecer, Marga ya ha llegado, puedo reconocer su coche aparcado fuera. Al bajarme del coche siento un nudo de nervios en el estómago que no me dejan casi moverme.
– ¿Pasa algo? – Dice Carlos.
– No, solo que estoy muy nerviosa por la reacción de tu familia. – digo apoyándome en el coche. Él se acerca a mí y posa sus manos en mi cintura.
– Seguro que les gustas tanto como a mi, es más, a mis sobrinas ya te las tienes ganadas y a mi hermana también, no creo que sea muy difícil con mi madre. – Sólo se tú misma y seguro que todo fluye perfectamente. – me da un beso en la punta de la nariz. – Confío en ti.
Carlos me da la mano y entramos en el restaurante, el nudo de mi estomago sigue creciendo, solo espero que esta noche vaya tan bien como el miércoles con mis padres.