Jugando con la ley. Cap 13: Una camiseta peculiar y una tumbona.

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  • Ilenia
    Ilenia on #245767

    Prólogo https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley/
    Capitulo 1: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-2/
    Capitulo 2: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-2-una-no-oferta-y-una-fantasia/
    Capitulo 3: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-3-un-sirope-y-escalofrios/
    Capítulo 4: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-4-control-de-alcoholemia-y-el-salto-del-tigre/
    Capítulo 5: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-5-un-deseo-desvelado-y-ojos-dilatados/
    Capítulo 6: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-6-un-hombre-de-champions-league-y-ajustar-cuentas/
    Capitulo 7: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-7-una-orden-y-un-limite/
    Capítulo 8: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-8-un-trago-de-cerveza-y-una-detencion/
    Capítulo 9: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-9-una-risita-y-una-noche-divertida/
    Capítulo 10: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-10-una-pared-fria-y-sospechas-confirmadas/
    Capítulo 11: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-11-mayday-mayday-houston-tenemos-un-problema/
    Capítulo 12: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-12/
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    Capítulo 13: Una camiseta peculiar y una tumbona.

    Al día siguiente Daniel conocería a mi padre, esa persona que cuando era pequeña llevaba una camiseta con un eslogan que decía: tengo una hija preciosa y también tengo una pistola, una pala y un jardín enorme.
    La camiseta dejó de ser graciosa el día que supe que no se la compró por casualidad en rebajas o en alguna feria, sino que había ido a una tienda especializada en personalizar tazas, cojines… y la había pedido.
    Por suerte para mí, cogió unos kilos y dejo de ponérsela porque se le ajustaba mucho en la zona de la barriga y no le gustaba marcar michelines, se sentía tan acomplejado que durante ese tiempo solo usaba camisas anchas. Para cuando consiguió volver a estar en forma ya me había desecho de la camiseta con la ayuda de mi madre.

    Mi intención cuando llamé a María y Tania para pasar la tarde en la playa era distraerme durante unas cuantas horas, dejar de pensar en el día siguiente y centrarme en el presente, pero para mí desgracia mis amigas me conocían muy bien. Yo era muy buena escondiendo mis sentimientos, por lo general si no quería que nadie supiese que me encontraba mal lo conseguía, pero con ellas parecía que mis trucos ya no funcionaban, al menos esa tarde fui descubierta a los pocos segundos de extender mi toalla en la arena por lo que acabé contando a mis amigas que era lo que rondaba por mi desquiciada cabeza.
    –Me dejas alucinada–para María si era la primera vez que me escuchaba hablar de Daniel.
    –¿Por qué quieres dejar de acostarte con un hombre, según tú, tan guapo, atractivo y maravilloso? –Tania era experta en dejarme desconcertada con sus preguntas.
    –No quiero dejar de acostarme con él.
    –Entonces ¿Cómo se te ocurre organizar una comida con tu padre? Parece que quieres espantarle–me miraba como si de verdad pensara que me había vuelto loca.
    –Parece que no escuchas. Ya he dicho que mi padre me obligó.
    –¡Venga ya! Si hubieses querido te podrías haber librado de esa comida por más que tu padre hubiera insistido, si eres firme no puede hacer nada para obligarte, ya no tienes quince años.
    –Tiene razón Alex–María se posicionó al lado de Tania, aunque con un tono más suave y comprensivo.
    –Por supuesto que tengo razón y si nosotras lo sabemos ¿Sabes quién más lo sabe? –En ese momento me habría metido en el agua y nadado hasta que mi vergüenza desapareciera. Por supuesto que él lo sabía, pero ¿Qué sabía? ¿Qué conclusiones habría sacado? ¿Por qué aceptó? Mi cara debió convertirse en un poema de Edgar Allan Poe puesto que María se sentó en mi toalla y me pidió que me calmara.
    –No te agobies. Si él ha aceptado también puedes interpretarlo como una buena señal. Eres una gran persona, puede que quiera tener una relación más seria contigo.
    –O también puede que nuestra amiga sea muy buena en la cama y no le importe tener que aguantar esa reunión con tal de seguir teniendo sexo salvaje.
    –¿¡Por qué eres tan bruta!?–María fulminó con la mirada a Tania.
    –¿Es que tú no lo has pensado?
    –Pues claro que lo he pensado, pero ya sabes lo paranoica que es–se ensalzaron en una discusión, parecía que habían olvidado por completo que yo seguía estando allí. María tenía razón, a veces podía dar demasiadas vueltas a las cosas, buscarle tres pies al gato o lo que es lo mismo, ser una paranoica.
    –No voy a intentar comprender a Daniel, sea por lo que sea ya lo averiguaré en su debido momento–mis amigas se miraron para después observarme con atención. Ninguna de las dos parecía creerme, no las iba a culpar por ello, yo misma estaba haciendo un tremendo esfuerzo por creer en mis palabras.
    –De acuerdo, dejémosle a él de lado, ahora lo que quiero saber es con que intención has aceptado la reunión–para mi desgracia Tania había sacado su lado psicoanalista y sabía que no pararía hasta obtener las respuestas que ni yo misma tenía.
    –No lo sé, supongo que me agobié ante la insistencia de mi padre como tú me estás agobiando con la tuya–no quedaron nada convencidas con mi explicación, pero al menos comprendieron que no me apetecía seguir hablando de lo mismo y cambiamos de tema de conversación. Finalmente, si conseguí despejarme y pasar una tarde agradable.

    A cada minuto que pasaba me ponía más nerviosa. Por la ventana de mi habitación empezó a colarse el olor de la barbacoa. Mi padre ya había puesto las primeras parrillas. Creo que ese olor me hizo darme cuenta de lo real que era todo aquello.
    Decidí salir de mi encierro e ir a comprobar si mi padre necesitaba ayuda. Llevaba puesto un delantal con una persona haciendo una barbacoa. Lo tenía todo ordenado y colocado, nada sucio, ni siquiera una gota de agua de haber lavado la carne. En ese aspecto éramos muy diferentes, yo siempre acababa con todo por medio.
    Les daba la vuelta a las hamburguesas lanzándolas al aire y no se le caía ninguna, alguna vez yo lo había intentado y la hamburguesa había acabado flotando en la piscina y mi familia riéndose de mí.
    – ¿Necesitas ayuda? –sinceramente creo que formulé esa pregunta porque de antemano ya sabía la respuesta.
    –No. Lo llevo bien–me dijo con una sonrisa burlona. Me dieron ganas de sacarle la lengua como una niña pequeña, pero me contuve.
    Estuve un rato más allí observando como mi padre hacía alarde de sus dotes culinarias hasta que escuché el timbre de la puerta y mi corazón se desbocó.
    Mi padre gruñó, pero le ignoré. Estaba ahí, detrás de la puerta, hacía días que no lo veía y me moría por abrazarlo. No fui capaz de contenerme y eché a correr como quien huye de un atraco a un banco.
    Llegué a la puerta, la abrí y allí estaba él. Vestía unos pantalones ajustados negros y una camisa azul claro metida por el pantalón, el cinturón era negro al igual que los zapatos. Estaba guapísimo.
    Cuando conseguí reaccionar y dejar de mirarle como una loba hambrienta, me encontré con su sonrisa burlona, él sabía perfectamente lo que tenía y como usarlo.
    Se acercó a mí y me dio un leve beso en los labios, pero yo no me iba a conformar con tan poca cosa, lo agarré por la camisa y lo atraje hacía mi estampando mis labios contra los suyos con fiereza, demostrándole todo lo que lo había extrañado. Su lengua recibió la mía encantada, rodeé su cuello con mis brazos atrayéndolo más hacía mí.
    Vi que traía en la mano una botella de vino.
    –¿Qué marca es?
    –No puedes besarme así y ahora pretender que hablemos del vino–dijo con voz ronca. Se estaba acercando peligrosamente a mí. Aunque me moría por dejarlo continuar no podía, debía ir con él hacía donde estaba mi padre antes de que él viniera en nuestra busca.
    –Mi padre está esperando para conocerte–dije riendo.
    –Luego–gruñó aferrándome por la cintura. Su boca estaba tan cerca de la mía que con solo haberme inclinado un poco podría haber saboreado sus labios.
    –Daniel–no sé porque mis manos se posaron en su pecho, yo no había dado esa orden. Apreté su camisa, sintiendo todo el deseo correr por mis venas.
    De repente me soltó y se alejó de mí como diez mil kilómetros. Miré en la misma dirección que él y vi a mi madre que acababa de bajar las escaleras en dirección a la cocina.
    –Papá–llamé su atención y mi padre se dio la vuelta. Lo primero que hizo fue mirar de arriba abajo a Daniel, sin cortarse absolutamente nada. Ni siquiera se molestó en fingir una leve sonrisa.
    Ya había terminado de hacer la carne, en cuanto terminó con la última parrillada de carne se quitó el delantal y yo me quise morir.
    Se había comprado otra ridícula camiseta que decía: Tengo una hija y no me importa ir a la cárcel.
    No sabía si odiaba más esa o la anterior, lo único que quería era cavar un hoyo y meter la cabeza o tirarme contra el pico de la piscina, lo que fuera más rápido.
    –Bonita camiseta–
    –Gracias. Me gustan las camisetas con sentido y verdad–
    –Él es Daniel–intervine antes de que se bajaran los pantalones para ver quien la tenía más larga. No se si fue mi mirada fulminante pero mi padre extendió su mano y se la estrechó a Daniel, incluso sonrió levemente, era un comienzo.
    Nos sentamos a la mesa y nos servimos lo que nos apeteció comer. Mi padre agradeció a Daniel el gesto de traer una botella de vino.
    Mi madre no asistió a la comida. Hubiese sido ridículo tener a una mujer que no hablaba sentada en la mesa como si se tratara de un adorno. Agradecí en el alma que en ningún momento Daniel preguntara por ella y su ausencia, a pesar de que la había visto cuando llegó.
    Hubo unos largos minutos de incomodo silencio que para mi sorpresa mi padre rompió con preguntas sobre su trabajo, era un tema aburrido pero interesante. Conforme fue pasando el tiempo y Daniel fue contando anécdotas de su trabajo, comencé a ser consciente de a lo que se dedicaba y del peligro que conllevaba. Nunca hasta ese instante me preocupó, solo había tenido tiempo para fijarme en lo mucho que me aceleraba el pulso verle con el uniforme puesto, pero sin duda lo que más me gustaba era quitárselo.
    Después de casi dos horas mi padre se excusó con que tenía trabajo por finalizar para el día siguiente. Estrechó la mano de Daniel y me sonrió a mí. No estaba muy convencida porque con mi padre nunca sabía a qué atenerme, pero estaba casi segura de que, aunque no lo quisiera admitir Daniel le había caído bien.
    Cogí su mano y lo llevé hacía una de las tumbonas donde nos sentamos a charlar.
    –¿Qué edad se piensa tu padre que tienes?
    –Es por la camiseta ¿Verdad? –
    –He estado a punto de echarme a reír cuando la he visto–agarró mi mano derecha y comenzó a acariciar mis dedos con los suyos.
    –¿De verdad? Yo quería morirme de la vergüenza que me ha dado, ni siquiera sabía que la tenía. Cuando era pequeña tenía una con otra frase, pero me deshice de ella–de mis dedos pasó a recorrer mi brazo. Su roce era demasiado agradable. –Daniel. ¿Alguna vez te han herido estando de servicio? –le miré, no quería perderme ninguna expresión de su rostro ante mi pregunta.
    –¿Qué decía la primera camiseta de tu padre?
    –No has respondido mi pregunta
    –Asume que tu también tendrás que aguantar una comida con mis padres, aunque sin camisetas graciosas.
    –Deja de evadir mi pregunta–comenzaba a ponerme nerviosa el hecho de que no quisiera responderme.
    –Nada serio, pero si lo hacen, siempre me puedes curar–dijo acercándose a mi peligrosamente. Me acarició el rostro con una de sus manos y con la otra empujo mi nuca hacía su boca. Llevaba toda la noche teniéndolo a mi lado sin poder tocarlo ni besarlo. Me sentía un poco frustrada por ello, le deseaba con todas mis fuerzas, pero en ningún momento había olvidado donde estaba y que mi padre era muy capaz de estar detrás de alguna de las ventanas espiándonos.
    –Daniel por favor–susurré en sus labios. Estaba tan cerca, con solo acercarme un milímetro podría sentirlos, cálidos y calientes para mí. De un salto me puse en pie y aspiré aire profundamente. Necesitaba reconducir la situación hacía algún punto no sexual. Decidí ir al garaje y mostrarle el mayor tesoro de mi padre. Abrí la puerta y encendí la luz, una luz que ya era necesaria cambiar, era bastante deprimente.
    Detrás del coche, tapada y resguardada como si fuera oro puro, estaba la moto de mi padre, una Ducati 848 Nicky Hayden de color negro, el brillo le duraba como si fuera el primer día. Levanté con mucho cuidado la tela protectora que mi padre compró, para protegerla de polvo y cualquier cosa que pudiera dañar la pintura.
    –No me extraña que la guarde como un tesoro–dijo examinándola con cuidado por todos lados, parecía fascinado y sorprendido de que mi padre poseyera aquel aparato.
    –Se la compró hace cuatro años y creo que la ha utilizado cinco o seis veces como máximo–nunca había sido una apasionada de las motos, pero debía reconocer que aquella me llamaba la atención, pero tenía asumido que mi padre no me la prestaría nunca.
    – ¿Es motero? –preguntó apartando la mirada de la moto para volver a posarla en mí.
    –Se queda mirando los escaparates donde hay chaquetas de cuero para moteros y le encantan los cascos, pero nunca se ha comprado nada de eso. No entiendo porque–salimos del garaje y volvimos a la piscina. Era bastante tarde, pero Daniel no daba señales de querer irse. Me cogía de la mano y me apegaba a su cuerpo, de vez en cuando se volvía hacía mí y me robaba un beso.
    Se tumbó en una de las tumbonas y me arrastró con él, obligándome a recostarme a su lado. Hizo que apoyará la espalda en su pecho, y pasó uno de sus brazos por debajo del mío y apretó más contra él.
    Se estaba tan bien en aquella postura con él. Sintiéndolo detrás de mí, acariciando mi vientre con la yema de sus dedos, siendo suave y tierno. Me dejé llevar por sus caricias, cerrando los ojos y dibujando una enorme sonrisa en mi rostro.
    Sabía que, si mis padres se asomaban por cualquier ventana, nos podrían ver, pero sinceramente no me importaba, tampoco estábamos haciendo nada malo, simplemente estaba abrazada a mi pareja, no estaba rompiendo ninguna regla ni deshonrando a mi familia con un comportamiento inadecuado.
    Estuvimos así por un largo rato, si hubiese sido por mí, lo hubiese llevado a mi cuarto y hubiésemos dormido los dos en mi cama, pero sabía quién pondría el grito en el cielo por ello. Estaba viviendo un momento demasiado tierno y placentero como para estropearlo con absurdas peleas.
    –Me gusta estar así–volví la cabeza como pude hacía él y le sonreí.
    –A mi también–giró mi cuerpo hacía él para que pudiéramos vernos de frente. Parecía querer decirme algo terminaba de animarse a hablar.
    –Me gusta estar contigo–un escalofrió estuvo a punto de recorrer toda mi espina dorsal pero como pude lo evité. No sabía que responder, no quería repetirme.
    –Cuando no te comportas como un idiota egocéntrico tu compañía es muy agradable–¿Pero a ti que te pasa?
    –Supongo que gracias–se acercó a mi despacio y atrapó mis labios con una suave caricia que fue intensificando poco a poco, hasta adentrar su lengua en mi boca. Se retiró poco a poco y me sonrió con suficiencia.
    –No quería ofenderte.
    –Necesitas más que eso para ofenderme–dijo con una sonrisa burlona.
    Me acurruqué más en el hueco de su cuerpo. Era verano y hacía calor como para estar mucho tiempo abrazada a alguien, pero estaba tan a gusto que no quería separarme de él, pero llegó un punto en que el sudor amenazaba con hacerse presente.
    Me miró raro cuando me separé de él, pero enseguida entendió, por mis gestos, que tenía demasiado calor para seguir abrazada a él, que parecía una estufa humana.
    A regañadientes nos despedimos en la entrada de la casa. Tenía trabajo para toda la semana, pero me prometió que en cuanto tuviera un hueco me avisaría.

    Volví a una de las tumbonas de la piscina y sin querer me puse a analizar la comida.
    Hubo un detalle que pasé por alto, probablemente porque justo cuando ocurrió tenía cosas mucho mejores entre manos. Mi madre había aparecido justo cuando sabía que Daniel había llegado, no tenía sentido, ella nunca se dejaba ver, solo coincidíamos en las comidas y porque estaba totalmente convencida de que mi padre la obligaba a hacer ese paripé de comer todos juntos.
    Le di vueltas y vueltas, pero no le encontraba lógica ¿Podría ser posible que le diera un poco de curiosidad? ¿De verdad se había interesado por algo relacionado con mi vida? Estúpidamente me emocioné un poco y como un rayo de luz recordé las palabras de mi padre. Estuve pensando en todo aquello hasta que comenzó a dolerme la cabeza.
    Iba a entrar en mi cuarto justo cuando vi cerrarse la puerta del estudio de mi madre. Era muy tarde ¿Qué haría aun despierta? ¿Habría estado observándome? La cara se me descompuso, a pesar de todo era mi madre y aunque no quisiera todo lo que tenía que ver con ella me afectaba de una manera u otra.

    A pesar de lo larga que se me había hecho la comida, creía estar segura de que ese capitulo había sido el más corto de toda mi historia.
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    Muchas gracias por los bonitos comentarios en los dos últimos capítulos de: ROBERTA, MARSOÑADORA, SILVIOSA, JUS, CIENTIFICAEMPEDERNIDA Y MERY.

    PD: si alguien sabe si se puede subir una foto y como se hace por favor que me lo diga, me encantaría enseñaros la portada de «Jugando con la ley»

    Respuesta
    Silvixco
    Silvixco on #245810

    😍😍 yo se de primera mano que el último año de derecho es un caos pero por favor me tienes en un sin vivir

    Respuesta
    Científica empedernida
    Científica empedernida on #246209

    portada??? es un libro??? me encanta la historia y se me hacen los capítulos muuuuy cortos…gracias!

    Respuesta
    Ilenia
    Ilenia on #246496

    Para Cientifica empedernida:
    efectivamente es un libro. Los capítulos los parto por dos motivos, porque pensé que quizás podía hacerse pesado y para mantener la intriga.
    Me encantaría poder enseñaros la portada porque la hice yo íntegramente. No es una foto cogida de internet ni nada por el estilo.
    Por cierto, el próximo capítulo, personalmente es mi favorito.

    Respuesta
    Mm
    Mm on #247004

    Me he leído todos los capítulos en 2 días 🙆🏻🙆🏻

    Y deseando que publiques el siguiente…. 😊

    Respuesta
    Científica empedernida
    Científica empedernida on #247055

    Ilenia, quiero ese capítulo yaaaa!!

    Gracias por contestar…me encanta!

    Respuesta
    MarSoñadora
    MarSoñadora on #247393

    Creo que fotos no se pueden subir, al menos yo no sé. Mil ganas de leer el siguiente capítulo y más con la idea en mente de que es tu favorito!

    Respuesta
    Roberta
    Roberta on #247878

    Hola Ilenia:
    Tu historia sigue encantándome, ese capìtulo es precioso…. A ver el otro, como es el que te gusta más. Por cierto…. a Daniel se le ve muuy enamorado… pero ¿por qué a veces desaparece, sin llamarla, y vuelve asì, de repente? ¿Esconde algo? La verdad es que cuando vuelve està muy pendiente de ella….. ¡Tan romántico!
    Ahora me pongo tranquilita, esperando el próximo capìtulo.
    Roberta
    P.S. El otro día escuchaba “¡Chas¡ y aparezco a tu lado” (la versión de 1988) y pensé en tu novela…………………………….

    Respuesta
    Jus
    Jus on #248205

    Ainss que nos tienes en un sin vivir!!!

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