Jugando con la ley. Cap.14: Un loro chillón y veinte segundos.

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  • Ilenia
    Ilenia on #248392

    Prólogo https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley/
    Capitulo 1: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-2/
    Capitulo 2: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-2-una-no-oferta-y-una-fantasia/
    Capitulo 3: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-3-un-sirope-y-escalofrios/
    Capítulo 4: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-4-control-de-alcoholemia-y-el-salto-del-tigre/
    Capítulo 5: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-5-un-deseo-desvelado-y-ojos-dilatados/
    Capítulo 6: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-6-un-hombre-de-champions-league-y-ajustar-cuentas/
    Capitulo 7: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-7-una-orden-y-un-limite/
    Capítulo 8: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-8-un-trago-de-cerveza-y-una-detencion/
    Capítulo 9: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-9-una-risita-y-una-noche-divertida/
    Capítulo 10: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-10-una-pared-fria-y-sospechas-confirmadas/
    Capítulo 11: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-11-mayday-mayday-houston-tenemos-un-problema/
    Capítulo 12: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-12/
    Capítulo 13: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-13-una-camiseta-peculiar-y-una-tumbona/
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    Capítulo 14: Un loro chillón y veinte segundos.

    Pensaba que todo había sido una broma, pero no. Daniel había organizado una comida con sus padres.
    Cuando me llamó por la mañana y me pidió que me arreglase para ir a comer con ellos, pensé que me estaba tomando el pelo. Hizo falta media hora hasta que por fin me di cuenta que no era ninguna broma, fue justo el momento en el que entré en pánico. No estaba preparada y mucho menos sin tiempo de antelación. Como defensa Daniel alegó que no me lo había dicho antes por si huía del país.

    Sobre las doce del mediodía pasó a recogerme. Sus padres vivían a una hora y media, lo que era peor, demasiado tiempo para seguir dándole vueltas. Sabía que no se trataba de una comida con mis suegros puesto que realmente no lo eran. Daniel parecía tomárselo como un juego, un modo de ponerme histérica, cosa que parecía encantarle.
    –Tranquilízate. No vamos a comer con Hitler y Eva Braun, más o menos.
    –No me ayudas–estalló en carcajadas. Me encantaba verlo reír, aunque dejaba de encantarme un poco cuando recordaba que esas carcajadas eran a mi costa.
    –Por cierto, tienen un perro. Se llama Capitán. Ni se te ocurra quejarte de él o ponerle mala cara. Tiene más derechos que tú en esa casa y probablemente más que yo.
    –Eso sí que es ser exagerado.
    –Es enserio. El perro es sagrado.
    –Anotado. Dame más datos para no meter la pata–
    –Mi padre es un hombre tranquilo. Se pasa el día enfrente de la chimenea escuchando la radio mientras fuma puros, probablemente serán los que lo lleven a la tumba
    –Que bestia eres.
    –No pasa nada, morirá haciendo lo que más le gusta. Probablemente la comida le haga menos ilusión que a ti. Por cierto, si saca el tema, ni se te ocurra hacer un comentario negativo sobre Pedro Piqueras-no sabía si se estaba burlando nuevamente de mí, pero por si acaso colocaría a Pedro Piqueras en la zona privilegiada junto con Capitán.
    –¿Y tu madre?
    –Es un poco impredecible. Puede estar sonriéndote, pero odiándote por dentro.
    –Mi padre al lado de los tuyos es un corderito–volvió a reírse y asintió dándome toda la razón–tampoco le pongas mala cara al loro.
    – ¿También tienen loro?
    –Sí. Colón y es un loro bastante especial–genial, aquello cada vez me apetecía menos y lo peor era que no tenía ningún derecho a negarme. Ojalá no hubiera aceptado comer con mi padre, mejor dicho, ojalá me hubiera negado yo al capricho estúpido de mi padre.
    –Si puedo con un dolor de ovarios, podré con esto–Daniel me miró un segundo impresionado. Creo que era la primera vez que hacía un comentario de ese tipo delante de él.

    –Hemos llegado–la casa se veía antigua a la vez que bonita y bastante grande. Tenía sitio para aparcar al menos cuatro coches y contaba con jardín delantero.
    Daniel abrió la puerta y me pidió que esperara en la entrada mientras él buscaba a sus padres.
    –Hola Hola–miré en todas direcciones, pero no veía a nadie–Hola Hola–me di la vuelta y vi al famoso loro en su jaula. Me acerqué a él con mi mejor sonrisa.
    –Hola Colón. Yo soy Alejandra–me pareció muy ridículo presentarme a un loro. Me agaché un poco para observarlo mejor.
    – ¡Golfa! – ¿¡que!? Ese maldito loro acababa de insultarme a pleno pulmón.
    –Que gracioso el jodido loro. Reconócelo, es más gracioso que tú.
    – ¡Alejandra se la chupa a Dani! ¡Alejandra se la chupa a Dani!
    – ¡Cállate! –alcé más la voz de lo que hubiese querido. ¿Quién diablos había educado a ese loro mal hablado?
    –Esta es Alex–la voz de Daniel me sobresaltó. Le di la espalda al loro y le vi acompañado por los que supuse eran sus padres.
    –Alex esta es mi madre, Alba y él es mi padre, Javier.
    –Mucho gusto. Encantada–le di dos besos a ambos. Su madre me miraba con una sonrisa, parecía una mujer normal, era bastante guapa. No sabía la edad que tenía, pero se conservaba bien, tenía toda la pinta de hacer Pilates todas las tardes. Su padre. Era un hombre alto y fuerte. Daniel se parecía mucho físicamente a él, sobre todo en las facciones de la cara. No me sonreía. No parecía tener intención de disimular lo poco que le apetecía perder el tiempo en esa comida. No sería yo quien se lo reprocharía.
    – ¡Vaya culo, morena! –maldito loro. Alba comenzó a reírse y Javier esbozó por primera vez una pequeña sonrisa.
    –Perdónalo. Colón es un loro un poco atrevido–¿Atrevido? Un hijo de perra era ese bendito loro.
    –No se preocupe. Me encantan los loros–dije esbozando la sonrisa más falsa de toda mi vida.

    Pasamos al comedor donde la comida ya estaba servida. Al parecer tenían servicio. Una cocinera, un jardinero y una empleada que se encargaba de limpiar la casa y de tareas varias.
    Me sirvieron un plato de solomillo con salsa de almendras por encima, pero había un problema, yo era alérgica a las almendras.
    – ¿Qué te pasa Alex? –Daniel se percató de mi mala cara y se acercó a mi oído para hablarme.
    –Es salsa de almendras, soy alérgica a las almendras.
    –No te preocupes. Mamá pídele a la cocinera que prepare un filete sin salsa. Alejandra es alérgica.
    –Vaya. No tenía ni idea. No te preocupes, en esta casa nos gusta comer a una hora determinada, pero si tenemos que esperarte por una salsita no pasa nada–dijo con una gran sonrisa en el rostro. Pues anda que empiezas bien. Al final si estaba comiendo con Eva Braun.
    – ¿A qué te dedicas? –me preguntó su padre. Puse la mirada en él. No me había dado cuenta de lo fijo que me observaba.
    –Estoy en la universidad. Estudio historia.
    –Bonito, pero sin salidas laborales–se limitó a decir ¿Qué diablos le pasaba a esa gente? No entendía esa libertad a la hora de expresarse con una desconocida. Ni siquiera supe que contestar. Por suerte Daniel me apretó la mano por debajo de la mesa y me echó un cable.
    –Su padre tiene una empresa de decoración y restauración de obras, esculturas… que ella heredará. Saber de historia le viene muy bien–agradecí mucho su explicación. No tenía ninguna intención de continuar con el negocio familiar, pero ese era un detalle que ese hombre no necesitaba conocer.
    Su madre apareció nuevamente. Había ido a la cocina para informar a la cocinera de lo sucedido. Esperaba que, en vez de salsa de almendras, no le hubiese dicho que le pusiera a mi filete matarratas.
    – ¿Y tu madre a que se dedica? –ese hombre estaba más interesado en mi vida de lo que me esperaba.
    –Es artista, pinta cuadros. Hace sus propias exposiciones e incluso muchos clientes de mi padre le piden que el cuadro sea expresamente pintado o restaurado por ella.
    –Vamos que más bien es un pasatiempo que un trabajo. El que verdaderamente trabaja es tu padre–eso no lo iba a permitir. Mi madre no era ninguna mantenida, era una artista de pies a cabeza.
    –No. Mi madre es muy buena en lo que hace y no necesita que nadie la mantenga–quizás me exalté un poco más de lo necesario, me di cuenta cuando Daniel volvió a apretar mi mano. No pude evitarlo, no tenía buena relación con mi madre pero eso no significaba que fuera a permitir que la menospreciaran en mi presencia.
    La conversación fue interrumpida por las empleadas que volvieron a servir la comida. Esta vez sin nada que me hiciera salir disparada al hospital.
    –Media hora tarde, pero tranquila, no pasa nada– ¡Señor! Que mujer tan repipi. Cerré los ojos intentando sacar los malos pensamientos de mi cabeza. Podía aguantar el tipo sin ningún problema.
    Me resultó curioso que con lo poco que veían a su hijo por la distancia, ninguno de los dos se había dignado a preguntarle qué tal le iba en el trabajo, en su vida o algo que transmitiera interés por la vida de su único hijo. Esa gente definitivamente no me caía bien.

    Por fin acabó la comida y pude levantarme de esa mesa. Necesitaba ir al baño para refrescarme. Daniel se ofreció a acompañarme, pero me negué, esperaba conseguí llegar con las explicaciones que me había dado.
    Me mojé un poco el cuello y los brazos, aquello había sido mucho más incómodo de lo que me esperaba.
    Salí del baño en dirección al comedor, pero un enorme pastor alemán me interrumpía el paso. Ese debía ser Capitán y no tenía precisamente cara de buenos amigos.
    –Hola bonito–dije chasqueando la lengua en busca de que el perro se mostrará más relajado, pero ni se inmutó. El perro comenzó a ladrar como un loco y yo entré en pánico.
    – ¡Daniel! –lo llamé con desesperación. Ese perro podía comerme de un solo bocado. No aparecía nadie y a mí me iba a dar algo. El perro no se callaba y lo peor era que empezaba a acercarse. Estaba al borde del infarto.
    –Capitán cállate–mi salvador. El perro se calló y se marchó.
    –Gracias–respiré aliviada al verle.
    –Por eso me ofrecí a acompañarte–me cogió de la mano y depositó un suave beso en mi palma. Me acerqué más a él y le abracé. Me estrujó en sus brazos. Respiré profundamente, despojándome de toda la tensión. Ese fue mi primer momento de tranquilidad en todo el día. Se separó lo suficientemente de mí como para poder atrapar sus labios con los míos. Cogió mi cara con ambas manos e intensificó el beso. Me aferré a su espalda, acariciándolo lentamente, quería un beso tierno, disfrutar de sus caricias en mi rostro.
    –Dani–nos separamos de golpe. Su madre estaba justo detrás de nosotros.
    –Dime mamá–dijo de mala gana. A él tampoco parecía haberle agradado la comida.
    –Enséñale tú la casa a tu amiga. Tengo clase de Pilates– ¡lo sabía! ¿Su amiga? Señora, me tiro a su hijo. Soy cualquier cosa menos una simple amiga.
    Daniel se giró hacia mí y me dio un beso casto en los labios.
    –Tiene cuatro dormitorios, tres baños, una biblioteca, una sala de estar, cocina, comedor, jardín trasero y una sala de cine. ¿Nos vamos o quieres verla?
    –Con la explicación me sobra.
    –Estupendo–me dedicó otra sonrisa y me robo un besó antes de cogerme de la mano y dirigirnos hacía donde estaba su padre para despedirnos de él y por fin largarnos de ese lugar.

    Después de salir de allí, nos paramos en una heladería, su favorita cuando era pequeño. Nos sentamos en una de las mesas con vistas al mar. El helado de vainilla y chocolate que me pedí estaba riquísimo, incluso un poquito mejor que el de la heladería de mi amiga, pero eso no me lo guardaría para mí.
    – ¿Qué te han parecido?
    –El loro me ha caído mejor–me sorprendí ante mi repentina sinceridad y también me sentí mal. A pesar de todo no dejaban de ser sus padres, pero el estalló en un ataque de risa, una risa contagiosa.
    –Alejandra se la chupa a Dani–casi me atraganto con el helado.
    – ¿Habéis escuchado eso?
    –Claro, ese loro grita como un loco.
    –Jodido loro–volvió a reírse, esta vez de mí, pero no importaba. Se veía realmente feliz y adoraba verlo así.
    –Creo que te mereces una recompensa por la paciencia que has tenido a pesar de las impertinencias de mis padres–su tono de voz y su sonrisa de lado me hacían intuir a que se refería. Le sonreí pícara y él me guiñó un ojo.
    –Yo también lo creo.
    No hizo falta decir más. Nos levantamos de la mesa, cariñosamente se despidió del señor encargado de la heladería y nos fuimos de allí rumbo a su casa.
    Cuando llegamos me dijo que había una habitación que no me había mostrado y que sabía que me encantaría, su risa y su voz traviesa me despertaron la intriga.
    Me pidió que cerrara los ojos mientras él me conducía por toda la casa en dirección a la habitación que me quería mostrar. Solo esperaba que no fuera una habitación de juegos sexuales tipo sadomasoquismo. Con él había experimentado el mejor sexo de toda mi vida, pero aun así había límites que no iba a sobrepasar.
    Por fin llegamos y me permitió abrir los ojos. Me quedé sin palabras, era un cuarto de baño enorme con un jacuzzi de suelo en medio de la habitación. El baño era de un color rojo intenso, el jacuzzi tenía velas aromáticas alrededor y al lado una mesita auxiliar.
    –Me doy largos baños aquí cuando necesito relajarme–incluso había una televisión de plasma colgada en una de las paredes. No se podía negar que lo tenía todo calculado.
    –Es genial. Si me lo hubieses dicho, me habría traído un bikini.
    – ¿Y para qué lo necesitas? –me cogió de la mano y tiró de mí pegándome a su cuerpo. Me dio un beso suave en la comisura de los labios, fue descendiendo por mi cuello y retrocedió hasta llegar a mi oreja–había pensado que podríamos relajarnos juntos–me dio un suave mordisco en la mejilla y no pude evitar que un escalofrió me recorriera todo el cuerpo. Le rodeé el cuello con mis brazos y lo atraje hacía mi para poder saborear sus labios mejor. Noté sus manos subir mi camiseta despacio hasta que terminó quitándomela y tirándola a un lado. Se apartó un poco de mí y me miró con intensidad. Sus labios descendieron a mis pechos con el sujetador aún puesto, por poco tiempo. Lo desabrochó en un hábil movimiento, me acarició con suavidad mientras yo besaba su cuello. Estaba siendo muy dulce, no era desesperado y salvaje como en otras ocasiones, pero no era menos intenso.
    Volvió a mis labios. Sus manos descendieron al cierre de mis pantalones que pocos segundos después estaban al lado del resto de mi ropa.
    Estaba completamente desnuda para él, en cuerpo y alma. Suspiró en mis labios mientras con una de sus manos acariciaba mi intimidad.
    –Espérame aquí–me ayudó a meterme en el jacuzzi y desapareció. Cinco minutos más tarde apareció con dos copas y una botella de vino. Lo puso todo en la mesa auxiliar y comenzó a desvestirse. Admiré ese momento sentí arder mis mejillas y como mi corazón se aceleró cuando terminó de desnudarse. Entró al jacuzzi y me obligó a sentarme en su muslo. Me dio besos por toda la espalda, mientras sus manos acariciaban mis pechos, cerré los ojos para sentir con más precisión cada caricia suya. No podría describir con palabras el nivel de excitación que sentía, podría haber llegado al orgasmo en ese momento sin necesidad de nada más.
    Cogió las copas de vino ya servidas y brindamos, el vino era exquisito. Me obligó a beber toda la copa antes de retirarlas.
    –Creo que no puedo encontrar un mejor momento para decirte lo que el otro día en tu casa no me atreví–me miró a los ojos–ni siquiera ahora se muy bien como expresarme pero tengo la necesidad de sepas que quiero estar contigo, quiero mucho más que eso, te quiero a ti Alejandra, te quiero–no me dejó decir nada, no me permitió analizar sus palabras en mi cabeza, en un movimiento ágil me colocó contra la pared del jacuzzi con él entre mis piernas. Con una de sus manos atrapó las mías. Alargó su otro brazo hasta su pantalón y sacó unas esposas. Me las mostró y sonrió con malicia. Me esposó al jacuzzi dejando mis brazos detrás de mi cabeza. Me miró con intensidad y abrió más mis piernas, se hundió en el agua, no podía creer lo que iba a hacer, pero si, con el primer roce de su lengua me quedé sin respiración. No estuvo ahí debajo ni veinte segundos, pero fueron los mejores veinte segundos de toda mi vida.
    Besó mis labios con brío, mientras sus manos se deslizaban por mi cuerpo a su antojo. Me sentía totalmente indefensa, expuesta a todo lo que él quisiera, pero sabía que no me haría nada que no disfrutara.
    Dejaba besos húmedos por todo mi cuerpo mientras sus manos seguían haciendo de las suyas. No lo soportaba más, necesitaba que mi cuerpo explotara junto al suyo.
    –Mi amor, por favor–supliqué en un susurro. Acababa de llamarle mi amor, pero no entré en estado de pánico ni pensé en ello, como iba a pensar si ni podía abrir los ojos de lo extasiada que me sentía.
    No me hizo esperar más y me penetró con lentitud y suavidad, prolongando la tortura. Mis manos estaban atadas, pero mis piernas no. Le rodeé por la cintura y empujé su cuerpo hacía mí, culminando la penetración, fue maravilloso. Le escuché gemir como nunca lo había hecho.
    Con mis piernas le exigía más rapidez. Estaba siendo lento y muy suave, me encantaba, pero sentía que no podía soportarlo más.
    –Déjame ser suave por una vez contigo. Quiero hacerte el amor–susurró en mi oído. Me besó los labios y le correspondí como él deseaba, despacio, saboreando el momento.
    –Puedes hacer conmigo lo que quieras. Soy tuya–volví a cerrar los ojos a la vez que intentaba respirar lo menos entrecortadamente posible.
    –No puedo más–dijo apoyando su cabeza en mi pecho. Aceleró el ritmo y por fin estallé, me besó ahogando mis gemidos y los suyos.

    No hablamos de lo que ambos habíamos dicho en ese encuentro maravilloso, incluso me pareció notar un poco de tensión que el finalizó invitándome a cenar.
    Fuimos a cenar a un argentino, cuando entramos nos atendió una chica que parecía lo suficientemente joven como para que fuera ilegal que trabajara allí y en cualquier parte.
    Nos guio hacía una de las pocas mesas que había libres. No quería ser mal pensada, pero durante toda la cena, esa chica se acercaba demasiado a nosotros para preguntarnos qué tal estaba todo y si necesitábamos algo más, más bien se lo preguntaba a Daniel, tanta atención comenzaba a exasperarme. Él sin embargo no parecía darse cuenta y si lo hacía, disimulada muy bien.
    Cuando nos íbamos pude ver como la camarera apuntó su número de teléfono detrás de la cuenta. Estuve a punto de acercarme y decirle un par de cosas, pero Daniel dejó la cuenta allí y mi corazón se relajó. Dejaría pasar esa estupidez, ni la comentaría con él.
    Antes de entrar en la casa le ofrecí dar un paseo por el parque que había allí cerca.
    Me frené en seco y le miré a los ojos, tiré de su mano para que se acercará más a mí.
    –Te quiero–durante el paseo había pensado como decírselo, pero era más sencillo que enrevesarlo todo con una larga explicación.
    –Menos mal, ya me estaba preocupando–rodeó mi cintura con sus brazos y rozó sus labios con los míos.
    –Te he llamado mi amor, eso es más que te quiero.
    –Te he escuchado, pero he pensado que quizás solo lo habías dicho para que no parara.
    –Eres un idiota–sonrió ampliamente y me apretó más contra su pecho.
    –Lo siento por ti.
    –¿Por qué?
    –Tu amor es un idiota.
    –Y un arrogante.
    –Pero le quieres.
    –Pero le quiero–nos fundimos en un tierno beso hasta que mi teléfono comenzó a vibrar. Era la hora de despedirse.
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    Hola jugadoras/es.
    ¡Quedan muy pocos capítulos para el final! Personalmente este es mi capítulo favorito.
    Instagram: https://www.instagram.com/ilenia_autora/
    ¡Nos leemos!

    Respuesta
    MarSoñadora
    MarSoñadora on #248837

    Qué risas con el loro! y qué pena de padres tiene Daniel! Ese súper jacuzzi ya lo quisiera yo jajaja

    Respuesta
    Roberta
    Roberta on #249214

    Hola Ilenia:
    sigo leyendo esta novela con mucho interés, ¡¡¡¡per eso del loro fue una pasada!!!! ¡Y qué bordes, los padres de él! Pobre Alex… Escribe que faltan pocos capìtulos para el final, pero no has contestado a las preguntas que te hice en el capìtulo anterior (te las pego aquì: “¿por qué a veces (Daniel) desaparece, sin llamarla, y vuelve asì, de repente? ¿Esconde algo? La verdad es que cuando vuelve està muy pendiente de ella….. ¡Tan romántico!”
    Ademàs, para las imagenes (o aspectos) de Dani y Alex, te inspiraste en algùn personaje? ………….Espero haberme explicado bien…………
    Perdona estas preguntas… ¡¡¡¡¡¡¡¡ pero estoy enganchadísima!!!!!!!
    Huyo. Tengo una tarta salada en el horno, se me va a quemar. Besines. Roberta

    Respuesta
    Sct
    Sct on #249481

    Jijijiji me encanta el detalle del loro.. después de conocer a Los padres de Dani.. me parece hasta delicado jijijijiji

    Esperando impaciente los demás capítulos.

    Respuesta
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Respuesta a: Jugando con la ley. Cap.14: Un loro chillón y veinte segundos.

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