Jugando con la ley. Capitulo final.

Posted In: Relatos

  • Ilenia
    Ilenia on #254592

    Prólogo https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley/
    Capitulo 1: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-2/
    Capitulo 2: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-2-una-no-oferta-y-una-fantasia/
    Capitulo 3: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-3-un-sirope-y-escalofrios/
    Capítulo 4: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-4-control-de-alcoholemia-y-el-salto-del-tigre/
    Capítulo 5: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-5-un-deseo-desvelado-y-ojos-dilatados/
    Capítulo 6: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-6-un-hombre-de-champions-league-y-ajustar-cuentas/
    Capitulo 7: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-7-una-orden-y-un-limite/
    Capítulo 8: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-8-un-trago-de-cerveza-y-una-detencion/
    Capítulo 9: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-9-una-risita-y-una-noche-divertida/
    Capítulo 10: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-10-una-pared-fria-y-sospechas-confirmadas/
    Capítulo 11: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-11-mayday-mayday-houston-tenemos-un-problema/
    Capítulo 12: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-12/
    Capítulo 13: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-13-una-camiseta-peculiar-y-una-tumbona/
    Capítulo 14: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-14-un-loro-chillon-y-veinte-segundos/
    Capítulo 15: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-capitulos-15-y-16/
    Capítulo 17 y 18: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-capitulos-17-y-18/
    .
    .
    .

    Capítulo 19:Unos pantalones y un largo paseo.

    Tan solo faltaba una semana para que comenzara la universidad. Había pasado casi un mes desde la muerte de Daniel. Aún sentía una fuerte presión en el pecho cada vez que le recordaba, no había día en que los recuerdos no perturbaran mi tranquilidad, me acordaba de él al menos unas diez veces al cabo del día y no precisamente porque mis padres no hubiesen intentado mantenerme distraída el mayor tiempo posible.
    Mi madre me invitaba todas las tardes a pintar con ella, al principio me negaba, pero insistía tanto que llegó el día en que me dio pena seguir diciéndole que no.
    Por su parte, mi padre hizo algo que me molestó bastante, les contó a mis amigas la muerte de Daniel. Nada más enterarse, María y Tania se plantaron en mi casa para consolarme, las podía llegar a entender, comprendía que se preocuparan por mí y que intentaran distraerme, pero parecía que ni ellas ni mis padres querían entender que por más que inventaran mil cosas para mantenerme ocupada las veinticuatro horas del día, yo jamás olvidaría a Daniel. Él había sido mi primer amor, la primera persona que me había demostrado que con una mirada se podía decir te quiero, que él simple roce de su piel con mi piel me hacía viajar fuera de la realidad, lo más importante de todo, él me había cuidado, me había consolado, incluso soportado mis lágrimas cuando la memoria de mi hermano era atacada, Daniel me había hecho saber y ante todo sentir lo que era ser mujer, una mujer deseada. Me había mostrado un mundo de amor y ternura totalmente ajeno a mí.

    Sabía que aún no estaba preparada, pero dos semanas después de su muerte fui a ver a sus padres. Gracias a un agente de la comisaría y a mi vaga memoria, logré llegar a esa casa donde había estado una vez.
    Solo quería visitar el lugar donde habían esparcido sus cenizas, tal y como él lo había deseado.
    Fue en el mar, desde una gran roca, allí estaba él, flotando en aquellas cristalinas aguas.

    Mis padres insistieron mucho en acompañarme, pero me negué por completo, aquello era algo que quería y necesitaba hacer yo sola, en la más absoluta intimidad.
    Después de visitar a sus padres y de que estos me proporcionaran la información que les había pedido, me pasé por una floristería que había allí cerca y compré muchas rosas, una por cada día que había pasado con él desde que le había conocido hasta que me lo arrebataron.

    El asesino que había quedado tan mal herido finalmente murió una semana después de entrar en coma. No sentí nada al recibir la noticia, ni pena ni alegría. No sabía si sentirme mala persona por no mostrar ningún tipo de compasión ante la muerte de una persona. El otro asesino aún seguía libre, encontraron restos de su sangre muy cerca de la zona de la explosión, pero muy probablemente habría logrado sobrevivir de algún modo, pues su cuerpo no había aparecido por ningún lado y ningún hospital lo había atendido.
    Esperaba que lo atraparan y pagara con la pena máxima todo el dolor que había provocado, no solo a mí, sino a todas esas familias a las que él les había amputado un miembro, o a todas esas mujeres a las que había dejado marcadas para el resto de sus vidas.

    María y Tania no fueron las únicas que supieron de la nube negra que asolaba mi vida, mis demás amigos también supieron, obviamente por boca de ellas. Odiaba que todos sintieran lástima de mí. En vista de que no me dejaban tranquila en ningún lugar, todas las mañanas cogía las llaves del coche y me iba sigilosamente a cualquier sitio, no me importaba donde acabara, solo buscaba tranquilidad.

    Al principio lograba escapar, pero pocos días después mis padres se dieron cuenta de lo que hacía y me escondieron las llaves de todos los coches de la casa. Fue entonces cuando me maldecía por haber rechazado la invitación de Álvaro de aprender a hacer un puente al coche.
    No entendía porque me querían mantener encerrada y siempre acompañada. Era como si pensaran que, si me dejaban sola demasiado tiempo acabaría cometiendo una locura como atentar contra mi propia vida.
    Nunca haría algo semejante, eso para mí era de cobardes, y yo podía ser muchas cosas, pero nunca cobarde.

    –Dentro de unos pocos días comienza la universidad–dijo mi padre sentándose a mi lado. Estaba en el salón intentando encontrar alguna película, serie o programa decente en la televisión, pero no estaba teniendo suerte.
    –Lo sé–me limité a decir. Cuando mi padre comenzaba conversaciones de aquel modo, era porque quería algo y probablemente ese algo no me iba a gustar.
    – ¿Te vas a ir?
    –No puedo, me has escondido las llaves del coche–dije con fastidio.
    –No me refiero a eso. Quiero decir que si vas a vivir en ese piso de alquiler–pronunció ese piso de alquiler como si se estuviera refiriendo a un estercolero.
    –Por supuesto–respondí tajantemente. Sabía por dónde iba. Primero comenzaría suave y después intentaría por todos los medios hacerme cambiar de opinión.
    – ¿No prefieres quedarte en casa?
    –Por dios, No–quizás fui demasiado sincera, pero no pude evitarlo. Lo que menos quería en el mundo era seguir agobiada por mis padres. Me había resignado a estar encerrada porque sabía que en menos de una semana me iría y volvería a ser libre.
    –Pero…–comenzó, pero no le dejé acabar. Debía reconocer que, desde la muerte de Daniel, mi paciencia con la humanidad se había vuelto muy reducida. El tiempo que no estaba triste, lo pasaba enfadada queriendo matar a alguien. Sabía que en muchas ocasiones había hecho sentir mal con mis palabras a mis seres queridos, pero no me llegaba a sentir mal por ello. Les había repetido hasta la saciedad que me dejaran mi espacio, que necesitaba estar sola, pero ellos me habían ignorado por completo, pues entonces deberían atenerse a las consecuencias de sus actos.
    –Mira papá, estoy harta de vuestros agobios, necesito volver a sentirme independiente, no como una maldita cría de catorce años a la que sus padres tienen metida en una burbuja de cristal, nunca fui así y no voy a comenzar ahora. Tengo la edad suficiente como para afrontar mis problemas yo sola.
    –No pretendemos agobiarte.
    –Pues es exactamente lo que hacéis, a pesar de que os he repetido miles y miles de veces que no lo hagáis–dije levantando el tono de voz, estaba comenzando a alterarme. Era mejor que la conversación finalizara en ese punto a que llegara el momento en que no pudiera controlar toda la rabia que tenía acumulada y explotara contra él.
    –Alejandra.
    – ¡No papá! ¿Con qué derecho le contaste mis cosas a mis amigas? Eran las únicas personas con la que pensaba que me podría distraer sin ver en ellas sus miradas de pena o intentando consolarme en todo momento y por tu culpa no puedo. Hacen exactamente lo que tú y mamá y no solo ellas, ¡todos mis amigos! No existe ahora mismo ninguna persona conocida la cual no me mire como si yo fuera un cachorro abandonado.
    –Lo siento–la rabia fluía por mis venas. Aquello no era lo único que tenía guardado, pero no quise seguir y me levanté del sofá en dirección a mi cuarto.
    Cuando subía por las escaleras, pude ver a mi madre, por su posición estaba segura que había escuchado toda la discusión, pero no me miraba reprobatoriamente, parecía entenderme.

    Mi teléfono comenzó a sonar, era un número privado. No estaba de humor para soportar cualquier broma estúpida, por lo que no contesté. Nunca lo hacía, no me interesaban las personas que se escondían, no solían traer nada bueno.
    Me apoyé contra el escritorio, estaba realmente frustrada. Necesitaba descargar toda la frustración que fluía por mi cuerpo, pero no tenía nada a mano que no fueran mis padres.
    Sin tocar, mi padre entró a mi habitación y dejó las llaves de un coche encima de la mesa y salió sin decir nada. Parecía apenado, pero ni sus gestos amables ni sus caras de pena conseguirían ablandarme. Agarré las llaves y salí corriendo de allí, necesitaba aire fresco y sabía dónde encontrarlo.
    Lo bueno de vivir en el sur, era que, si querías una parcela de tierra o un pequeño monte por el que caminar, lo tenias bastante fácil. Aparqué el coche y comencé a caminar. Aquello me relajaba, escuchar a los pájaros, sentir en mi cuerpo los rayos de sol que se colaban entre las ramas de los enormes árboles.
    Llegué a un mirador, había caminado bastante, alcanzando una altura considerable, me senté en uno de los bancos que allí había para descansar un poco.
    Cerré los ojos y dejé que la suave brisa que corría por allí arriba recorriera mi rostro regalándome una suave caricia. Mi teléfono comenzó a sonar sacándome de aquella agradable sensación. De nuevo era un número privado. Vacilé si atender la llamada o no. Al final decidí cogerla, sería un buen modo de descargar un poco de tensión.
    –Diga–se hizo el silencio, volví a hablar, pero nadie respondió y acto seguido quien quiera que fuese me colgó.
    Típico, cuando tenía doce años también gastaba ese tipo de bromas con número oculto. Siempre planeábamos que broma íbamos a hacer, pero al final cuando nos contestaban nos quedábamos en blanco y colgábamos, otras veces no éramos capaces de aguantarnos la risa y colgábamos al instante.

    Los rayos del sol cada vez eran más débiles, pero no hacía frio, en otras comunidades autónomas, sobre todo en el centro y el norte si había cuatro estaciones al año, pero en Almería solo había dos: el verano y la estación de Renfe.

    Era el momento de irse, no quería que la noche me pillara allí arriba. No era que me diera miedo, bueno… en realidad sí, bastante miedo. Antes de ponerme en marcha, pensé donde poder ir, pues no deseaba en absoluto regresar tan pronto a la casa.
    A la casa, no pude evitar sonreír, reía que ya era el momento de volver a llamarla mi casa. Por más padres pesados y asfixiantes que vivieran allí.

    De nuevo el teléfono, esta vez no era un número oculto, sino Tania. Conecté el manos libres y acepté la llamada.
    – ¿Dónde estás? –me pregunté interiormente donde se había quedado el cotidiano y clásico entre clásicos: hola.
    –Conduciendo.
    – ¿Quieres ir a tomar una copa con María y conmigo?
    –Claro–fijamos hora y lugar. En realidad, no me apetecía en absoluto, pero cualquier cosa era mejor que regresar. Al menos el lugar que habían escogido tenía terraza y era bastante tranquilo ya que era más bien para personas no tan jóvenes.
    Me daba tiempo de pasarme por mi casa. Qué raro se me hacía pensar en aquel lugar como mi casa de nuevo.
    Me ducharía y me pondría algo adecuado para salir. La duda que me quedaba era si comeríamos fuera o cada una por su lado. Ante la duda, antes de meterme a duchar, le mandé un mensaje a Tania preguntándole, cuando salí de la ducha y me enrosqué en una de las toallas del armario, miré el teléfono. Mi amiga me daba a elegir que hacer, comer fuera significaba más tiempo despejada.

    Una vez lista, bajé las escaleras y les informé que llegaría tarde. Vi en el rostro de mi padre la necesidad imperiosa de conocer mis pasos, es decir, a donde iba, con quien… pero también vi lo que le frenó, un codazo de mi madre. Ninguno de los dos me engañaba con aquella actitud, pero les haría creer que sí.

    Llegué a la casa de Tania y como siempre me tocó esperar, pero en esa ocasión no fueron más de cinco minutos, cosa que me sorprendió bastante. Me saludó y me dio un beso en la mejilla al subirse al coche, parecía contenta y animada, esperaba que todo ese júbilo que mi amiga derrochaba se me pegara a lo largo de la noche. Solo Dios sabía el tremendo esfuerzo que estaba realizando para no acordarme de él.

    Fuimos a un bar de tapas que no estaba muy lejos del lugar al que iríamos después para tomarnos esas copas. Al llegar, vimos como María ya había conseguido una mesa. Esa chica era estupenda, con ella no hacer cola estaba asegurado. Cuando se percató de nuestra presencia, se levantó y nos dio dos besos a ambas.
    – ¿Conseguiste que Álvaro te pagara los pantalones? –pregunté de golpe para romper el silencio incomodo que se había formado en la mesa. Vi como María se quedo muy quieta en la silla. Si la hubiese pillado bebiendo estaba seguro que hubiese escupido la bebida. Sabía que preguntar por aquello un mes después podía ser raro, pero nunca supe como acabó esa historia y me interesaba saber si había acertado en mi predicción.
    – ¿Qué pantalones? –preguntó Tania. Ella no conocía la historia, por lo que yo me encargué de que eso cambiara.
    –Si me los pagó–respondió María después de que yo acabará de contar toda aquella situación que se produjo con Álvaro en el salón del piso que compartían. Situación un tanto incomoda para mí.
    – ¿Cuánto te dio? –realmente pensé que Álvaro no le daría ni un céntimo, pero por lo visto me había equivocado.
    –Dos–Tania y yo nos miramos extrañadas.
    – ¿Cómo que dos? ¿Dos euros? ¿Hablas enserio? Vale que los compraste en rebajas, pero dos euros me parece muy…
    –Dos orgasmos–cortó María a Tania bajando la vista totalmente avergonzada. Yo abrí los ojos en señal de sorpresa, no me esperaba una respuesta de esas.
    –Vaya que si te los pagó–comentó Tania que estaba tan sorprendida como yo. En realidad, no comprendía porque nos sorprendíamos tanto, no era la primera vez que esos dos tenían sexo.
    –Ese idiota hace conmigo lo que quiere.
    – ¿Por qué? ¿Es que él no se corrió? –no entendí muy bien la pregunta de mi amiga, pero alguna razón de ser tendría.
    – ¡Tania! –se escandalizó María. Yo sin embargo no pude evitar reírme. La naturalidad de Tania a la hora de hablar simplemente era genial.
    –Déjala…
    –Claro que se corrió ¿Tu que te crees? –dijo María interrumpiendo mi defensa hacía ella.
    Tania y yo nos miramos totalmente sorprendidas ante la respuesta de nuestra amiga. Al parecer estar tanto tiempo con nosotras estaba provocando que se soltara la melena.

    Estuvimos hablando durante más de dos horas allí sentadas, comentando la extraña relación que existía entre Álvaro y María. Según mi amiga no entendía que poder ejercía Álvaro sobre ella. Cuando discutían muy acaloradamente llegaba un momento que su cuerpo temblaba por el deseo hacía él que la invadía, ese efecto en ella podría hacer pensar que simplemente existía un deseo bastante importante hacía él, pero no solo en los momentos en los que discutían era cuando mi amiga se sentía atraída por él. Nos confesó que en bastantes ocasiones era amable y cariñoso con ella y esas atenciones por parte de mi amigo provocaban que a ella le diera un vuelco el corazón.
    Yo tenía mi propia opinión. Estaba convencida de que María estaba enamorada de él, ella misma nos lo había confesado, aunque en momentos de enfado con él lo negara como una loca. Hasta ahora esos dos solo había practica sexo, pero estaba segura que en el momento que pasaran del sexo e hicieran el amor todo cambiaría por completo entre ellos.
    Hacían una pareja bastante bonita y sinceramente y sin querer parecer egoísta, no quería que mi amiga se marchara tan lejos y por tanto tiempo.

    Tras pagar la cuenta salimos del bar y nos dirigimos dando un paseo hacía el local donde tomaríamos unas cuantas copas. Al ser verano y estar justo en el paseo con la playa enfrente, hacía que aquel momento fuera muy agradable y relajante. Siempre lo tuve claro, cuando tuviera un trabajo fijo y los suficientes ahorros, me compraría una casa en la playa.
    Ese era mi sueño, vivir aislada de la realidad en mi casita en la playa y mi pastor alemán. No era precisamente una persona que necesitara lujos para vivir.
    Tania chasqueó los dedos muy cerca de mi cara. No me había dado cuenta de que llevaban unos segundos llamándome la atención y yo no reaccionaba porque había volado a otro mundo. Al mundo de mi imaginación donde mi vida era bastante diferente a como la estaba viviendo.
    – ¿En qué piensas? –preguntó con curiosidad Tanía que era quien iba a mi lado. María se había alejado un poco de nosotras. No sabía por qué hasta que la vi con el teléfono pegado a la oreja.
    – ¿Quién la ha llamado? –pregunté con la esperanza de conseguir desviar el tema y que Tanía no me obligara a responder a su pregunta.
    –No estoy muy segura, pero juraría que he escuchado la voz de un hombre.
    – ¿Crees que sea Álvaro? –pregunté con curiosidad.
    –No creo. Eso sería extraño viniendo de parte de esos dos–coincidí con mi amiga. Al principio no lo creía, pero después de ver como la cara de mi amiga cada vez denotaba mas enfado y elevaba el tono de voz, estaba segura de que la llamada entrante pertenecía a Álvaro. ¿Qué querría?
    A Tanía y a mi solo nos faltaban unas palomitas para seguir mirando el espectáculo. Nos habíamos sentado en un banco a esperar que nuestra amiga terminara su entretenida llamada. No nos cortábamos en absoluto a la hora de mirarla enfadarse y mirar al cielo mientras lanzaba injurias, al contrario, intentábamos acertar con lo que decía pues aunque la escuchábamos, no llegábamos a distinguir con claridad que decía.
    Después de al menos quince minutos de conversación, mi amiga colgó la llamada. Antes de acercarse a nosotras, soltó un sonoro bufido. Miró al cielo y comenzó a respirar hondamente en busca de relajación. Tras estar unos minutos así se dirigió a nosotras. No parecía que la clase rápida de respiración le hubiera servido de mucho, estaba totalmente tensa, sus ojos se habían oscurecido, podría haber asesinado con ellos.
    Tanía y yo nos mantuvimos en silencio. No queríamos presionarla y mucho menos parecer unas cotillas, aunque realmente lo fuéramos. Nos levantamos del banco y nos colocamos a su lado para emprender de nuevo el camino hacía el local. Fuimos en total silencio, esperando una reacción por parte de María que no llegaba.
    – ¡Es un imbécil! –gritó de repente. Yo pegué un pequeño salto del susto que me había dado. Mi corazón se había acelerado de sobremanera, me dieron ganas de darle una colleja pero me contuve.
    –Joder–Tanía maldijo por lo bajo.
    –Me ha llamado para reclamarme no haber limpiado el baño antes de irme.
    – ¿Enserio? –preguntamos Tanía y yo al unísono.
    –Sí. El señorito está últimamente muy quisquilloso con la limpieza. Me ha dicho que él no tiene porque que entrar en un baño sucio porque yo sea una guarra que no limpia–tuve que hacer el mayor esfuerzo posible por no echarme a reír.
    Aquella situación comenzaba a ser muy ridícula. María no parecía darse cuenta, pero esa llamada había sido una simple excusa para alterarla. Álvaro parecía haberse dado cuenta que el único modo para poder acostarse con ella era cabreándola, mi amigo era un experto exprimiendo oportunidades y esa no la iba a dejar escapar.
    Estaba completamente segura de que ese era el plan de Álvaro porque, aunque a María se le olvidara, a mí no, Álvaro tuvo que vivir en situaciones muy malas, que el baño pasara un día sin limpieza no era ningún problema para él.
    –Le gusta hacerte rabiar–-dijo Tanía con una sonrisa que desapareció cuando María le dedicó una mirada asesina.
    Por el bien de la salud cardiaca de mi amiga, decidimos cambiar de tema de conversación.
    Pasamos la noche entre conversaciones sin sentido y mojitos. Hacía tiempo que no probaba uno de esos. Ya había olvidado lo buenos que estaban y lo rápido que subían, después del tercero no podía dejar de esbozar una sonrisa estúpida, no era por nada en concreto. Hasta que, como una luz fugaz, Daniel llegó a mi mente, solo fueron unos segundos, los suficientes como para que mi estúpida sonrisa se convirtiera en dos lágrimas resbalando por mis mejillas. Las sequé rápidamente, pero no lo suficiente como para que mis amigas no se dieran cuenta.
    No preguntaron nada, cosa que agradecí.
    Necesitaba respirar un poco y alejarme. Me levanté y vi como ellas quisieron acompañarme, pero les pedí por favor que no lo hicieran, quería estar sola.
    Para mi suerte, ellas no eran tan intransigentes y asfixiantes como mi padre.

    Pensé que, con el paso del tiempo, aunque el dolor nunca desaparecería, podría sobrellevarlo con dignidad, pero no lo estaba consiguiendo, por más que intentara negarlo, cada día que pasaba me sentía más miserable, sola y perdida en la vida. La desgracia no paraba de atacarme y yo ya no podía aguantar más.

    Al llegar a mi casa, intenté hacer el menos ruido posible. Había llegado más tarde de lo normal y lo último que deseaba era despertarlos y que vinieran a interrogarme. Cerré la puerta con mucho cuidado y solo cuando llegué a mi habitación, me sentí segura. Expulsé todo el aire que había contenido.

    Cuando me desperté y me vi en el espejo, pensé estar viendo a un zombi. Tenía los ojos muy hinchados y rojos, por no hablar del rímel, lo tenía completamente corrido, perfectamente podría pasar por un oso panda. Me metí al baño con ropa e intenté arreglar aquel destrozo que era yo.
    Un olor delicioso picó mi nariz. Alguien había hecho café y creps. Quien fuera sabía cómo ganar mi corazón. Al entrar a la cocina, vi a mi madre sentada leyendo el periódico con una taza de café al lado y a mi padre con el delantal puesto y gran bote chocolate fundido al lado.
    –Siéntate, enseguida te sirvo.
    –Gracias–dije a la vez que me sentaba al lado de mi madre. Cerró el periódico cuando me senté y me observó. No me gustó su mirada, era la misma que empleaba cuando era pequeña e intentaba descubrir si de verdad me dolía el estómago o era una mentira para librarme del colegio. Normalmente solía pillarme, pero no era culpa mía que mi maestra hiciera las clases tan poco dinámicas y yo me aburriera o durmiera.
    – ¿Cómo te lo pasaste anoche con las chicas? –Me preguntó mi madre sin quitarme la mirada de encima mientras mi padre me servía un plato con dos creps rellenos de delicioso chocolate., no pude evitar lamerme los labios.
    –Bien–respondí sin prestarle demasiada atención. Mi prioridad en esos momentos era disfrutar del desayuno. Algunas veces me preocupaba por lo mucho que disfrutaba comiendo.
    – ¿Qué hicisteis? –preguntaba con ese tono tan dulce que cualquiera que la escuchara pensaría que se trataba de una madre simplemente manteniendo una conversación cualquiera con su hija, pero no, yo sabía la verdad.
    Al interrogatorio se sumó mi padre, se sentó al lado de mi madre y en frente de mí. Se había preparado otros dos creps y una taza de café con leche como a él le gustaba. Ambos querían aparentar indiferencia, pero digamos que no eran muy buenos. Hubo un momento en el que sentí la necesidad de huir de esa situación, pero era conocedora de que si huía sería mucho peor. Hice una pequeña escapada hacía el café, necesitaba salir de sus campos de visión. Sentirme tan observada me ponía bastante nerviosa.
    Les expliqué lo que habíamos hecho saltándome, por supuesto, la llamada que había recibido mi amiga y mi momento de debilidad. No objetaron nada, cosa que me extrañó, probablemente no me creyeron, pero al parecer iban a darme un poco de tregua, cosa que agradecía profundamente.

    Observé como los rayos del sol se colaban por las rejillas de la ventana del comedor. Me dieron ganas de ir a pasear un rato, me cambié el pijama por ropa cómoda y me dispuse a dar un largo paseo que me ayudara a sentirme mejor o al menos libre.
    Cerré la puerta principal pero antes de emprender el camino, me di cuenta que en el suelo había un sobre blanco. Estuve a punto de irme sin recogerlo, pero la curiosidad pudo conmigo. Estaba en blanco, no había dirección ni sello de correos, al darle la vuelta ponía que era para mí, e resultó muy extraño, después de salir del trance, abrí la carta que decía:
    Cuando te vi, entendí que debía protegerte.
    FIN
    FIN
    FIN

    Ha sido todo un placer compartir con vosotras mi libro, en el cual llevo trabajando y seguiré haciéndolo desde que tenía 19 años. Me habéis hecho muy feliz con cada uno de vuestros comentarios y por eso os doy las gracias.
    Hemos llegado al final queridas jugadoras, al final de la primera parte. «Jugando con la ley» tiene una segunda parte titulada «Jugando con fuego» la cual está en proceso de desarrollo. No se que reacción os provocará esta noticia pero espero que sea positiva.
    Supongo que tendréis varias preguntas por el final abierto, o algunas curiosidades después de 19 capítulos. Podéis seguirme en Instagram, tengo intención de hacer un preguntas y respuestas en las historias para responder todo lo que queráis saber.
    Os dejo el enlace: https://www.instagram.com/ilenia_autora/
    ¡Nos leemos!

    Respuesta
    Científica empedernida
    Científica empedernida on #254718

    Me ha encaaaantado!! Estoy deseosa de leer la segunda parte…escribes muy bien y me has teneido enganchada a lo largo de todos los capítulos!! Graaaaaaaacias!

    Respuesta
    MarSoñadora
    MarSoñadora on #255141

    ¿¡¿Que la segunda parte no está escrita?!?! Yo la quiero leer yaaaaaaaaaaaaa. Ilenia dale caña a la escritura! jajaja
    Por cierto, me ha gustado mucho como se ha desarrollado todo y espero que Daniel esté vivo pero haya tenido que mentir por una misión o algo parecido. Eso sí, no por ello dejaría de ser muy cruel la situación.
    Gracias por los relatos!

    Respuesta
    Sct
    Sct on #255313

    Cuando puedo leer esa segunda parte?????
    Me ha encantado.. y el final abierto esta muy bien.. me gustaba ese chico, aunque tenía algo raro, misterioso…. quizás en la segunda parte lo descubrimos.

    Respuesta
    Lectora
    Lectora on #255327

    Me has dejado igual😂… Para cuando la segunda parte? sigo pensando que Daniel está vivo… no te hagas mucho de rogar porfa. Felicidades!

    Respuesta
    Llm
    Llm on #255460

    MUEEEROO!!! No nos dejes asiiii🤯😥

    Respuesta
    Roberta
    Roberta on #255512

    Buenas noches Ilenia:
    la verdad es que no sé desde empezar mi comentario.
    Primero, perdona mis faltas.
    ……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….
    Segundo, estas son mis opiniones personales, espero que la barrera del idioma no me haga equivocar.
    Pero, ¡qué fuerte!, pero en plan, ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡qué fuerte!!!!!!!!!!!!!!!!!, Ilenia.
    Me has enganchado en esta novela desde los primeros capìtulos, me has transmido verdaderas emociones, ¿para qué?
    ¿Para acabar leyendo un relato con un final muy abierto, cuya segunda parte «está en proceso de desarrollo»?
    Lo siento, pero la verdad es que estoy bastante desilusionada.
    No por tu forma de scribir, sino por el final. No quiero ofenderte, pero este foro, para mì, es un refugio donde leer relatos que te transmiten emociòn, que te hagan pasar un rato agradable.
    Y tu novela (de todas formas, muy buena), era algo diferente de las demàs. Te lo explicaba en una de mis primeras respuestas, uno de los porqués.
    Mi desilusion nace del hecho que, probablemente , me enganché a mi misma demasiado en esta historia, y , hay que decirlo todo, no me gustan los finales abiertos, después de 19 entregas, bueno…. me esperaba algo diferente.
    No quiero decir que tu novela sea mala, nada de eso. Solo que me esperaba otro final.
    Entonces, no me hagas esperar demasiado con la segunda parte……….. a ver si me tranquilizo y me doy cuenta que todo esto es mi exageración.
    Lo siento, pero en mis comentarios, siempre he sido sincera…. y aùn ahora lo soy, aunque sean cosas desagradables. Las cosas no las sé esconder, es mi carácter. Decir mentiras, aunque virtuales, no hace parte de mi personalidad.
    Espero no haber utilizado un lenguaje cutre que te pueda ofender ( a lo mejor cursi, eso sí………….).
    Con esto, quiero animarte a que sigas adelante…………… si provocas en mí estas sensaciones…………………. seguro que ESCRIBES MUY BIEN, te lo aseguro, sabes entrar en lo más hondo del corazón de una “jugadora” que te escribe desde lejos.
    Besines, Roberta

    Respuesta
    Ilenia
    Ilenia on #255546

    A Roberta:
    Siento mucho que no te haya gustado el final pero a la vez me gusta porque yo también he sentido eso mismo con muchos libros que he leído. He vivido ese sentimiento de frustración cuando un libro que te encanta no acaba como quieres. Confesaré que nunca me han gustado los finales abiertos y nunca pensé que yo acabaría haciendo uno, pero hay que atreverse con todo.
    Mi intención desde un principio fue este final, cuando empecé a escribir el primer capítulo supe como lo acabaría porque siempre pensé que haría dos partes. Para mí «Jugando con la ley» es una introducción, lo bueno viene ahora, el «juego» comienza ahora.
    «Jugando con fuego» está estructurada. Sé exactamente que quiero hacer en cada capítulo, ahora me toca desarrollarlo todo y tengo muchísimas ganas de hacerlo porque en cada capítulo se descubre algo nuevo, y te puedo asegurar que la segunda parte si tiene un final completamente cerrado.
    Creo que quizás muchos no os habéis dado cuenta de que finalizo el libro con la frase que Daniel le dice a ella cuando le confiesa que fue él quien le abrazó cuando su hermano murió. (creo que se entiende lo que quiero decir, no es necesario que diga nada más)
    En lo único que no estoy de acuerdo contigo es en que es esperabas otro final… Personalmente pienso que según ha transcurrido la historia, si hubiese finalizado con ellos felices y comiendo perdices, realmente no habría pasado nada, habría sido como un huevo cocido sin sal, te explico por qué. Porque ellos se conocen, se enamoran pero en ningún momento tienen una pelea, no los he separado unos cuantos capítulos y he creado la incertidumbre de si acabarán juntos, a mi eso me parece que está muy visto y me aburre. (además esa fue la trama que seguí en mis dos primeros libros y quería hacer algo distinto en el tercero) Os he contado su historia de amor, pero también os he ido dejando pequeñas pistas de todo lo que va a pasar. Recuerda que esto es un «juego»

    Un abrazo, Ilenia.

    Respuesta
    Oly_cov
    Oly_cov on #265292

    Te he encontrado hoy por casualidad y te he leído del tirón… mueeeeerooooo! Qué enganche! Y que ganas de la segunda parte! Esta me ha encantado pero me ha sabido a poco (en el buen sentido) necesito más!
    Te espero con ansia!

    Respuesta
Viendo 9 publicaciones - del 1 al 9 (de un total de 9)
Respuesta a: Jugando con la ley. Capitulo final.
Tu información:




Login