Jugando con fuego. Cap 5: Detrás de la puerta y una tarjeta.

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  • Ilenia
    Ilenia on #284744

    Capítulo 5: Detrás de la puerta y una tarjeta.

    Había asistido a todas las clases de la mañana en la universidad, pero no había prestado demasiada atención a las explicaciones de mis profesores, no podía apartar de mi mente todo lo que había pasado en tan pocos días.
    En mitad de mi última asignatura mi padre me llamó porque quería invitarme a almorzar con él. Cancelaron una reunión prevista para las cuatro de la tarde y tenía suficiente tiempo libre y quería pasarlo conmigo. Intenté negarme porque sabía que intentaría sonsacarme información de mi vida privada. Era plenamente consciente de que lo más normal era que un padre se preocupara por la vida de su hija, pero siempre había sido reservada con mis problemas y odiaba con todas mis fuerzas que me miraran con pena. Mi padre era conocedor de todo lo que había sufrido por la muerte de Daniel, lo vivió en primera persona y no quería que intentara averiguar cómo me sentía con respecto a todo ese tema, pero sin duda lo que no sabía era como mirarle a la cara y disimular con toda la nueva información que manejaba. Finalmente acepté la invitación porque usó su mejor arma: el chantaje emocional, era todo un experto.
    La clase terminó antes de la una de la tarde, habíamos quedado a las dos. Insistí en quedar directamente en el restaurante, pero no quiso, me puso como excusa que prefería que lo recogiera para no tener que conducir, pero estaba convencida de que lo que quería realmente era que fuera a la empresa para enseñármela una vez más, estaba empeñado en conseguir que su trabajo me gustara y un día me ocupara de él, pero eso aunque mi padre no quisiera aceptarlo, no iba a pasar, al menos no estaba en mis planes futuros más próximos.
    Tardaba en llegar allí unos cuarenta y cinco minutos, lo que le daba a mi padre un margen de más de media hora para su lavado de cerebro. Estuve tentada a irme a la biblioteca para hacer tiempo, pero de sólo pensarlo me dio una pereza terrible y preferí aguantar al pesado de mi padre, probablemente después me arrepentiría, pero no me apetecía nada andar más de quince minutos hasta la biblioteca cargando con el bolso de los libros y el ordenador portátil.

    Aparqué al lado del coche de mi padre, pero antes me di una vuelta por los alrededores para comprobar si el coche mal camuflado de policías que debían protegerlo estaba allí, pero no lo vi, antes me habría sentido aliviada, pero sabiendo que su trabajo era asegurarse de que nada malo le pasara, me molestaba que no estuvieran. Habrán ido a comer, paranoica.
    Solté un largo suspiro y bajé del coche, no sin antes concienciarme de que debía tener paciencia cuando comenzara a alardear de las ventajas de adquirir un negocio ya consolidado, y su frase favorita, “la historia también es arte y tu llevas el arte en las venas por partida doble, Alejandra.”
    Eso mismo me dijo cuando en verano se me ocurrió la brillante idea de escribir un libro, no conseguí escribir más de dos capítulos, quizás debía plantearme escribirlo sobre mi vida, no estaba convencida de que fuera bueno, pero me daría para escribir por los menos diecinueve capítulos.
    Llegué a su despacho y toqué a la puerta un par de veces, pero en ninguna ocasión recibí respuesta, abrí y mis sospechas se confirmaron, no estaba allí. Saqué mi móvil del bolsillo de mi pantalón y lo llamé, pero no respondió.
    Decidí dar una vuelta por los almacenes, aunque dijera que no quería manejar su empresa, sí que me gustaba admirar todo el arte que allí había. En el almacén Sur guardaba miles de obras y esculturas que ya se habían vendido, allí las preparaban para transportarlas. En el almacén Norte se almacenaban las obras que habían estado expuestas mucho tiempo y no habían sido compradas. El almacén Este estaba destinado a la llegada de nuevo material para crear marcos, esculturas, entre otras cosas. En total mi padre manejaba cinco almacenes. Encontrarle allí sería más complicado que buscar una aguja en un pajar, pero por suerte conocía lo conocía y sabía dónde le gustaba pasar la mayor parte de su jornada laboral.
    Al igual que en mi casa, tenía su propio espacio para crear como él diría, arte. Pocos sabían de ese despacho personal que mandó construir en cuanto adquirió su cuarto almacén.
    La puerta donde estaban las escaleras que llevaban a su despacho secreto y otras habitaciones donde se guardaban herramientas estaba abierta y pude ver luz. Comencé a descender por las escaleras y llegué a la puerta camuflada que también estaba un poco abierta, me sorprendió que fuera así, mi padre solía tener mucho cuidado de mantenerla cerrada para que nadie se diera cuenta de que en realidad era una puerta. Me paré en seco cuando lo escuché hablar por teléfono, lo que me llamó la atención fue su tono de voz tembloroso.
    –Le juro que el alijo saldrá esta noche. Entienda que esos policías vigilándome las veinticuatro horas del día lo dificultan todo. Deje de recordármelo, no he fallado en todo este tiempo, le aseguró que tendrá su maldita droga–me quedé petrificada en las escaleras, tenía que haber escuchado mal. Conseguí reaccionar cuando escuché los pasos de mi padre próximos a mí. Intentando no hacer ruido salí corriendo en dirección a mi coche.
    Justo cuando cerré la puerta el teléfono comenzó a sonar, era mi padre. No sabía que decirle, lo único que tenía claro era que no iba a ir a comer con él sin antes darme tiempo para pensar y analizar lo que había pasado. Tenía que haber alguna explicación, no podía ser posible que traficara, él sabía que su hijo había “muerto” por culpa de esa porquería, no podía haberse convertido en un ser tan miserable, él no.
    Después de inventarme un problema de última hora, conduje sin destino fijo, no sabía que hacer ni a donde ir. La cabeza me daba tantas vueltas que pensaba que me iba a volver loca, pero de un momento a otro Daniel se apoderó de mis pensamientos. No sabía si él era conocedor de todo lo que rodeaba a mi padre. En realidad esperaba que no, porque si lo sabía significaría que de nuevo me había mentido y no sabía si estaba preparada para aguantar un engaño más.
    Había un problema, no tenía ni idea de cómo localizarle, no usaba su antiguo móvil, no recordaba el camino hacía su casa y aunque lo recordara, dudaba mucho que se estuviera escondiendo allí. Entonces vino a mi mente la segunda vez que apareció en mi piso. Llegó pidiéndome explicaciones de por qué había estado en mi comisaria, quizás si me volvía a aparecer por allí, él vendría de nuevo a exigirme explicaciones. No estaba muy segura de sí mi plan funcionaria, pero era lo único que tenía. Puse rumbo a comisaria sin saber muy bien cuál sería la excusa que pondría para estar allí. Rezaba por no toparme de nuevo con el tipo de la primera vez, no me apetecía volver a pasar por esa situación tan incomoda, mucho menos después de escabullirme como lo hice.

    En esta ocasión no tardé tanto en bajar de mi coche, incluso aparqué dentro del recinto policial. En el camino había decidido que hablaría de nuevo con el inspector Montoya, la primera vez que hablé con él, me quedé tan impactada por la información que me dio que realmente no me paré a analizarle detenidamente. Lo único que recordaba con claridad eran sus ojos azules, eran tan bonitos que difícilmente los olvidaría.
    Entré y rápidamente me dirigí hacía una policía que en pocos segundos fue a buscar al inspector Montoya. Cuando este apareció, igual que la primera vez me quedé un poco paralizada, era un hombre alto, no mediría menos de un metro ochenta y no hacía falta quitarle el traje para saber que tenía un cuerpo muy bien trabajado en el gimnasio.
    –Hola Alejandra–ahí estaban esos ojos. Estaba segura de que, si la comisaria se hubiera quedado sin luz, hubiera podido ver sus ojos.
    –Hola–saludé cuando por fin conseguí que la voz saliera de mi garganta. Con un gesto me invitó a que lo siguiera. A diferencia de la última vez, no me atendió en una de las mesas que había en el centro de la comisaria donde otros policías trabajaban. Entramos en un despacho que imaginé sería el suyo y me pidió que me sentara.
    –¿A qué se debe tu visita? –se sentó en la silla del escritorio y cruzó los brazos sin dejar de mirarme a los ojos. Estaba consiguiendo ponerme un poco nerviosa.
    –Sé que estuve hace poco tiempo aquí, pero quería preguntarle si ha averiguado algo sobre el caso de mi hermano–sonrió levemente y apoyó los codos sobre su mesa.
    –En primer lugar, no me hables de usted, me haces parecer un viejo y eso no es bueno para alguien que está en plena crisis por haber cumplido los treinta y cinco–sonrió y yo no dije nada. No podía negar que tenía una sonrisa bonita. –Perdona, estás aquí por un tema serio.
    –No te preocupes–no me había molestado para nada el comentario sobre su edad. Al contrario, no me hubiese venido nada mal reírme después de los días que estaba viviendo, pero su comentario más que gracia, me sorprendió. Pensaba que sobrepasaba los cuarenta años, supongo que lo pensé por su barba frondosa, aunque no exagerada, y por la madurez que desprendía.
    –Siento comunicarte que no tengo datos nuevos–sus palabras no generaron nada en mí. Su respuesta no me cogía por sorpresa, de hecho, comenzaba a pensar que yo poseía mayor información que él.
    –Me lo imaginaba. Te pido disculpas por hacerte perder el tiempo–me iba a levantar de la silla para marcharme, pero comenzó a hablar.
    –No tienes que disculparte por nada, te entiendo perfectamente. Muchas personas, familias, vienen aquí cada día con la esperanza de obtener noticias nuevas de sus seres queridos que están, por ejemplo, desaparecidos–su voz tierna y su intento porque me sintiera mejor me gustó, no había encontrado demasiadas personas amables dentro de esa comisaria.
    –Gracias–fue un agradecimiento sincero. Me puse en pie y él se levantó conmigo. Cogió una de las tarjetas de su escritorio y lo vi anotar algo. Cuando terminó, extendió su brazo y me la ofreció.
    –Ten, este es mi número de teléfono. No dudes en llamarme siempre que lo necesites, estoy aquí para ayudarte.
    Antes de salir de su despacho, volví a darle las gracias. Guardé la tarjeta en mi bolso y me dirigí hacía mi coche, por suerte, en esta ocasión sin incidentes por el camino.
    En el primer encuentro con el inspector Montoya me di cuenta que era una persona agradable, pero en ningún momento se me pasó por la cabeza tanta amabilidad y comprensión hacia mi persona. No tiraría la tarjeta por respeto, pero ciertamente no pensaba que llegara el día en que la usara.

    Conduje hacía mi piso, necesitaba darme una ducha de agua fría para despejarme y hacerme a la idea de que el siguiente paso era esperar para comprobar si mi plan daba frutos. Esperaba que sí, la necesidad de hablar con Daniel hacía más presión en mi estómago conforme pasaban las horas.
    Antes de entrar por la puerta, respiré hondamente e intenté tranquilizarme, suponía que María estaría en casa y no quería que notara absolutamente nada raro en mí. No quería involucrarla en nada de todo lo que estaba viviendo, por más que necesitara desahogarme con alguien.
    Acerté, allí sentada en el sofá viendo la televisión o al menos eso era lo que parecía a simple vista. Me fijé en ella y en sus ojos rojos e hinchados.
    –¿Qué te pasa? –me senté a su lado preocupada.
    –He discutido con Álvaro.
    –Eso no es nuevo–dije más tranquila. Esos dos discutían a diario, aunque no recordaba haberla visto tan apagada por una de las miles de “peleas” que mantenían a lo largo de la semana.
    –Esta vez ha sido diferente.
    –¿Qué ha pasado?
    –Él quiere que le presenté a mis padres formalmente–si se hubiese tratado de otra situación y otra chica, si me habría sorprendido, pero era plenamente consciente de que mi amigo estaba enamorado de María, solo había que observar como la miraba embelesado.
    –¿Qué tiene de malo que quiera conocer a tus padres?
    –Tú los conoces. En cuanto se enteren de su pasado lo van a rechazar, no van a querer que esté con él–comenzaba a entender la situación. Era cierto que los padres de María eran un poco retrógrados.
    –¿Le has explicado eso a Álvaro?
    –Sí, pero él piensa que exagero, que conseguirá ganárselos. –No lo hará-dije inconscientemente. Me disculpe enseguida con ella por mi comentario tan desafortunado.
    –No te disculpes, es la realidad. He intentado explicárselo y al final hemos discutido. Piensa que soy yo quien no lo acepto, que me avergüenzo de él. Se ha ido muy enfadado sin darme tiempo a defenderme–mi amiga estaba al borde de las lágrimas. Me senté junto a ella en el sofá y le acaricié el hombro en un intento de hacerla sentir mejor. Un cactus es mejor que tú para consolar a una persona.
    –Ya sabes que Álvaro siempre ha sido un poco intenso, pero se le pasará.
    –Es que me da rabia, justo ahora que comenzábamos a parecer una pareja normal. No discutíamos por tonterías, al contrario, podíamos tirarnos horas en la cama charlando y riendo.
    –Lo sé. No te preocupes, estoy convencida de que lo solucionareis.
    Nos quedamos en silencio. Me habría gustado aconsejarle algo más, pero era de la creencia de que el exceso de palabras podía estropear los mejores consejos.
    No me gustaba ver a mi amiga tan hecha polvo por la actitud infantil de Álvaro, podía llegar a entender que el más que probable rechazo de sus suegros le doliese, pero era muy estúpido por su parte pagar su frustración con María.
    No solía meterme en las relaciones ajenas porque siempre creí que, por un lado u otro, por más noble que fuera tu intención, acababas pagando los platos rotos, pero en esa ocasión sí que me apetecía intercambiar unas palabras con él.
    –Alex, lo siento–miré desconcertada a María.
    –¿Por qué?
    –Por haber estado ausente. No sabía qué hacer con todo lo que te ha pasado. No quiero agobiarte preguntándote todos los días como estás, pero tampoco quiero que pienses que no me preocupo por ti. –No tienes por qué hacerlo, prefiero que siga siendo así. Cuando estaba en mi casa me sentía sobreprotegida y agobiada por mis padres, sin embargo, estando aquí me siento más libre y tranquila.
    La conversación con mi amiga se alargó un par de horas, pedimos una pizza y evitamos seguir hablando de los temas que nos incomodaban, conseguimos reírnos como hacía tiempo que no hacíamos. No fue a hasta ese momento que me di cuenta de lo que extrañaba esos ratos con ella. Irremediablemente Tania vino a mi mente y me entristecí un poco porque ella no estaba allí compartiendo el tiempo y la pizza con nosotras, pero intenté disimular para no trasmitirle el sentimiento negativo a María.

    Entré en mi habitación con el corazón un poco acelerado por si Daniel estaba allí, pero no, él no había atendido a mi “llamada” o quizás no había podido. Estuve unas horas tirada en la cama pensando. Llegué a la conclusión de que al día siguiente iría a plantarle cara a mi padre, necesitaba que me diera una explicación. Incluso prefería hablar antes con él que con Daniel.

    Una vez terminadas las dos horas de clase y sabiendo que el momento de enfrentar a mi padre estaba relativamente cerca, los nervios se apoderaron de mí. Incluso me dirigí a una de las cafeterías de la universidad para tomarme una tila. Estuve bastante rato dándole vueltas a la cucharilla hasta que decidí dejar de alargar la situación.
    Conduje con decisión hasta allí. Puse mi disco preferido para relajarme al menos el tiempo que durara el trayecto.
    Cuando llegué aparqué el coche al lado de la puerta de entrada y me bajé rápidamente antes de que mis demonios internos me bloquearan.
    Intenté aparentar total tranquilidad. A esa hora la empresa estaba muy concurrida por los trabajadores y no quería que nadie notara algo extraño en mí.
    Después de saludar a la secretaria de mi padre y que esta me indicara que estaba en su despacho, seguí mi camino con una gran sonrisa la cual no sentía en absoluto y deseaba borrar de mi rostro.
    –¡Hola Alex! –mi padre me saludó más feliz que sorprendido. Dejó de mirar los papales que tenía en las manos.
    –Papá necesito que me hables con la verdad, que no intentes engañarme y ante todo que confíes en mí–quería ir directamente al grano, cuantos más rodeos diera, más complicado seria tanto para él como para mí.
    –¿Qué te pasa? –me miró preocupado.
    –Prométemelo–hablé con tal seriedad que tardó apenas un par de segundos en responderme.
    –Te lo prometo.
    –¿Por qué traficas con droga? –Si no fuera porque veía subir y bajar su pecho, hubiese pensado que se había quedado sin respiración.
    Después de unos minutos paralizado en el sitio sin pronunciar palabra, consiguió hablar.
    –Aquí no–no entendía nada de lo que estaba pasando. Salimos de su despacho y después de unos minutos de trayecto detrás de él, me di cuenta que nos dirigíamos a su despacho secreto. Observó varias veces que no hubiera nadie por allí antes de abrir la puerta y apurarme para que entrara. Una vez dentro encendió la luz y echó la llave de la puerta. Allí había un montón de herramientas y planos de esculturas.
    Por suerte era mi padre y sabía que no me estaba encerrando para matarme.
    –Sé lo que debes estar pensando de mí, pero te equivocas. Alejandra nadie puede saber que sabes esto–hablaba muy bajito.
    –No es eso lo que me interesa. Necesito entender por qué para poder seguir teniéndote respeto.
    –Es demasiado complicado–ni tan siquiera era capaz de mirarme a la cara. Había sido demasiado difícil para mí ir hasta allí y enfrentarlo como para conformarme con esa escueta respuesta.
    –Necesito que lo intentes–me moví para que por fin nuestros ojos entraran en contacto.
    –Ya sabes lo que le pasó a Raúl. Ellos usaban mis cuadros como transporte, cuando tu hermano se enteró quiso avisar a la policía para acabar con esa situación antes de que yo me enterara y acabáramos todos involucrados, por eso lo mataron–le tembló la voz–Un día me quedé hasta muy tarde trabajando y cuando me iba a ir, escuche un ruido en el almacén Sur, fui a ver qué pasaba y los descubrí. Me amenazaron con matar al resto de mi familia si habría la boca y no colaboraba.
    –Todo este tiempo has sabido lo que realmente pasó con Raúl–mi voz fue apenas fue un susurro. Me senté en el sofá que había allí porque sentí que en cualquier momento las piernas me fallarían.
    –Si. Por eso estaba tan nervioso cuando ese policía vino a casa y me contó que habían averiguado que se trataba de un ajuste de cuentas relacionado con las drogas–mi padre se sentó a mi lado.
    –Llama a la policía.
    –No–habló con firmeza y me cogió por el mentón para obligarme a mirarlo–Alejandra no voy a ponerte en peligro ni a ti ni a tu madre. Prométeme que no vas a hacer nada.
    –Está bien.
    –Cuando supe que Daniel era policía entré en pánico. Tengo que confesarte que pensé que te estaba utilizando para espiarme.
    –¿Y tú mejor idea fue invitarle a tu casa? –dije irónica.
    –Bueno, no es un secreto que los jóvenes de hoy en día no estáis demasiado preparados para relaciones serias. Pensé que al menos así lo apartaría de tu lado. Mi única intención siempre ha sido protegeros.
    –No te preocupes papá, no me va a pasar nada–abracé a mi abatido padre antes de marcharme.
    Sabía que le había prometido no hablar con la policía, pero tenía que contarle todo lo que estaba pasando a Daniel, él encontraría el modo de ayudar a mi padre, pero seguía sin saber cómo contactar con él.
    Pensé en aparecerme de nuevo en comisaria, pero incluso con los nervios a flor de piel sabía que era una mala idea. Barajé la posibilidad de que aún no se hubiese enterado de mi reciente visita. Lo único que podía hacer era sentarme a esperar intentando no volverme loca.
    Después de horas dentro de mi coche en frente de la playa, cuando el sol hacía más de dos horas que había desaparecido decidí marcharme a mi piso.
    María estaba tendiendo la ropa en el balcón. Su cara apagada fue suficiente para entender que aún no había conseguido hablar con Álvaro para solucionar la crisis por la que estaban pasando.
    Antes de ir a mi habitación, entré al baño para lavarme la cara e intentar despejarme un poco.
    –¡Joder! –entré a mi habitación y me encontré a Daniel detrás de la puerta.
    –No grites–susurró
    –¿Alex, estás bien? –escuché los pasos de María acercarse a mi habitación y cerré la puerta con pestillo incluido.
    –Sí, me he golpeado el pie con la cama, no te preocupes.
    –¿Por qué has vuelto a ir a comisaria? –parecía igual de molesto que la primera que me increpó por lo mismo.
    –Necesitaba hablar y como no tengo modo de contactar contigo, fue lo único que se me ocurrió.
    –¿Qué sucede? –odiaba que tuviese esa actitud tan seria y distante. Entendía que ninguno estábamos pasando por una situación fácil, pero una caricia suya habría hecho mi día menos amargo.
    –Necesito que me escuches atentamente y que intentes comprenderlo antes de juzgarlo como un policía–me miró extrañado, pero acabó asintiendo y se sentó en mi cama. Estaba justo delante de él preparada para contárselo todo, pero me quedé en blanco, no tenía ni idea de cómo empezar.
    –Alejandra ¿Qué pasa? –su tono de voz en esta ocasión pareció más preocupado que serio.
    –Se trata de mi padre. Está traficando con droga, pero déjame que te lo explique…
    –Lo sé.
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    Hola jugador o jugadora.
    Ya llevamos cinco capítulos y me gustaría conocer vuestra opinión sobre el grito de la trama y que creéis que puede suceder en los siguientes capítulos.

    ¡Nos leemos!
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    Links «Jugando con la ley (primera parte)

    Prólogo https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley/
    Capitulo 1: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-2/
    Capitulo 2: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-2-una-no-oferta-y-una-fantasia/
    Capitulo 3: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-3-un-sirope-y-escalofrios/
    Capítulo 4: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-4-control-de-alcoholemia-y-el-salto-del-tigre/
    Capítulo 5: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-5-un-deseo-desvelado-y-ojos-dilatados/
    Capítulo 6: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-6-un-hombre-de-champions-league-y-ajustar-cuentas/
    Capitulo 7: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-7-una-orden-y-un-limite/
    Capítulo 8: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-8-un-trago-de-cerveza-y-una-detencion/
    Capítulo 9: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-9-una-risita-y-una-noche-divertida/
    Capítulo 10: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-10-una-pared-fria-y-sospechas-confirmadas/
    Capítulo 11: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-11-mayday-mayday-houston-tenemos-un-problema/
    Capítulo 12: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-12/
    Capítulo 13: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-13-una-camiseta-peculiar-y-una-tumbona/
    Capítulo 14: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-14-un-loro-chillon-y-veinte-segundos/
    Capítulo 15: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-capitulos-15-y-16/
    Capítulo 17 y 18: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-capitulos-17-y-18/ç
    Capítulo 19 (final) https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-capitulo-final/

    Links «Jugando con fuego» (segunda parte)

    Capítulo 1: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-1-2a-parte-de-jugando-con-la-ley/
    Capitulo 2: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-2-estas-segura-repito-estas-segura/
    Capítulo 3: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-3-una-mentira-y-un-perro-que-hace-la-croqueta/
    Capítulo 4: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-4-sangre-en-los-labios/

    Respuesta
    Laila
    Laila on #285825

    Hola!!
    Te leo todas las semanas, en cuanto pasan unos días no paro de meterme al foro para ver si hay un nuevo capítulo.
    Me está gustando y me tiene muy intrigada esta segunda parte.
    También me gustó «Jugando con fuego».

    Creo que en los capítulos venideros saldrá a la luz que Daniel se acercó a Alex para averiguar más sobre su padre y su hermano,pero acabó enamorándose.
    En mi opinión, la madre va a descubrir qué pasó con su hijo y el padre colabora con los narcotraficantes porque tiene algún trapo sucio.

    No dejes de subirlos, un saludo. ;)

    Respuesta
    Científica empedernida
    Científica empedernida on #285980

    Totalmente de acuerdo con Laila..suscribo sus palabras!! muy buen capítulo

    Respuesta
    SAN
    SAN on #286582

    Pensé que tu primer libro era insuperable, pero este el totalmente increíble también.
    Cuando leí el capitulo de la muerte de Daniel sentí la corazonada de que estaba vivo!!!
    Eres una artista! Sigue así y cuéntanos más cosas pronto!

    Respuesta
    M. Ángeles
    M. Ángeles on #290566

    acabo de leer tu primer libro y los cinco capítulos de la este y me tienes enganchada, cuando sale el próximo?

    Respuesta
Viendo 5 publicaciones - del 1 al 5 (de un total de 5)
Respuesta a: Jugando con fuego. Cap 5: Detrás de la puerta y una tarjeta.
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