Jugando con fuego. Cap 7: Un don Juan y una decisión.

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  • Ilenia
    Ilenia on #293630

    Capítulo 7_ Un don Juan y una decisión.

    El inspector Montoya no me dio detalles sobre el motivo por el cual quería que me presentara en comisaria el lunes. En ningún momento dijo que fuera urgente, supuse que si se hubiese tratado de algo importante me habría hecho acudir allí en ese momento. Intenté convencerme de esa idea durante toda la noche. Pensando y pensando me di cuenta de que no sabía hasta qué punto el inspector Montoya era conocedor de la situación de mi familia. Llegué a la conclusión de que era imposible que no supiera que mi hermano estaba vivo por el simple hecho de que él y Daniel llevaban el caso juntos, pero si tenía dudas sobre si él también estaba investigando a mi padre. Cuando hablé con Daniel me dijo que fue él quien mandó vigilarle, en ningún momento de la conversación el nombre de su compañero salió a relucir, pero eso no me aseguraba que él no compartiera la idea de que mi padre era un traficante.
    Sabía que tarde o temprano tendría que usar el teléfono que Daniel dejó en mi escritorio antes de marcharse, pero no estaba preparada para volver a escucharle, aunque sólo fuera para hablar sobre mi familia y no de nuestra situación personal. La devastadora idea de que sólo me hubiese utilizado no dejaba de quitarme el sueño.
    Una parte de mí no paraba de repetir que era imposible que todo hubiese sido mentira. Sus brazos habían sido un refugio para mí. Había estado en su casa, conocido a sus padres, abierto mi corazón para él.
    Otra de las teorías que manejaba mi odiosa cabeza era que quizás en un principio si formé parte de una estrategia, pero poco a poco sus sentimientos crecieron. Sinceramente esa era la teoría que más odiaba. Prefería que no me hubiera querido nunca a pensar que me había ido cogiendo cariño poco a poco como si yo fuera un perro abandonado.
    A pesar de saber que le quería, no podía reprimir el resto de sentimientos que habían nacido en mi interior a raíz de ir poco a poco descubriendo todas sus mentiras. Al principio mi corazón se inundó de tristeza y decepción, pero como el paso de las horas, esos sentimientos se fueron transformando en una rabia que apenas podía controlar, con gusto habría arrasado con toda mi habitación, golpeado las paredes del armario hasta destrozarme los nudillos. Era consciente de que necesitaba descargar toda esa ira de algún modo antes de que me consumiera.
    También hubo un momento en el que deseé que realmente me amara para poder hacerle sufrir con mi rechazo e indiferencia. Esa idea duró poco tiempo en mi cabeza. Era consciente de hasta qué punto era toxico y retorcido querer ver sufrir a la persona a la que amaba.

    El domingo por la tarde, incapaz de controlar ni un segundo más mi ansiedad por tener que ir a comisaria el día siguiente, reuní el valor suficiente para sacar el móvil de donde lo había escondido y marcar el número. Daniel me respondió al tercer toque y aceptó que nos viéramos, pero no vendría a plena luz del día. Aparecía por allí pasada la medía noche para que fuera más seguro.
    El problema fue que conforme pasaban los minutos, más histérica me ponía. Por más que me molestara, debía reconocer que mis amigas llevaban razón cuando decían que era un poco neurótica.
    Daniel se estaba haciendo de rogar. Eran más de la una de la madrugada y aún no había dado señales de vida. A mi nerviosismo por verlo se unió la preocupación de que le hubiera podido pasar algo, a fin de cuentas, no se me había olvidado que lo habían intentado matar y que estaba en la lista negra de un mafioso.
    Un pitido casi me hace caer de la cama. Era un mensaje de Daniel en el que me pedía que primero cerrara la ventana de mi habitación y bajara la persiana, me asegurara de que mi compañera ya dormía y dejara la puerta de mi piso entornada. Así lo hice y después me senté en mi silla de escritorio a esperar con la puerta abierta como ponía en el mensaje.
    Dos escasos minutos después escuché pasos acercarse. Mi corazón automáticamente se aceleró.
    Entró en mi cuarto y mientras él cerraba la puerta, me tomé unos segundos para observarlo. Iba vestido completamente de negro, supuse que para camuflarse, aunque según mi criterio, me parecía más llamativo una persona vestida de ese modo, con gorra incluida, que cualquier otra que pudiera pasear por la calle tranquilamente. Observé su barba, estaba más larga que de costumbre y desaliñada, no podía decir que me desagradara.
    Se quitó la gorra y la dejó sobre mi escritorio, lo que me permitió ver su rostro con más claridad. Tenía las ojeras más profundizadas que la última vez que le vi.
    –Necesito hablar contigo de un tema que me tiene un poco nerviosa–por fin conseguí articular palabra.
    –¿Puedo? –señaló la cama. Se me hacía raro que me pidiera permiso para poder sentarse. Simplemente asentí –¿De qué se trata?
    –Del Inspector Montoya, me ha pedido que vaya el lunes a comisaría, pero no sé para qué y quería preguntarte si tú sabes algo.
    –¿Qué? –con sólo ver su cara era más que evidente que no sabía de qué le estaba hablando.
    –Simplemente me ha pedido que vaya, sin dar más explicaciones y no sé si eso es bueno o malo.
    –No tiene sentido. Estoy reincorporado en comisaría y no me ha comunicado nada–resopló y negó varias veces con la cabeza, parecía molesto y no terminaba de comprender muy bien por qué.
    –Bueno quizás sea alg…
    –No quiero que vayas–me interrumpió y se puso en pie.
    –Lo que tú quieras me da igual–dije intentando mantener la calma.
    –Alejandra…
    –Confío en él, me ha tratado muy bien y si me pide que vaya a verle, voy a ir–volvió a sentarse en la cama y esbozó una media sonrisa que me pareció muy cínica, tanto que una oleada de rabia se instauró en mi estómago.
    –Así que confías en él. ¿Eres consciente de que también te miente? ¿no? Sabe que tu hermano está vivo e investiga a tu padre. De hecho, tiene bastantes ganas de pillarle–no era tan inocente como para no sospecharlo. La única explicación que encontraba para que Daniel me lo hubiera confirmado era que no quería que confiara en el inspector Montoya y no entendía por qué.
    –¿No confías en tu compañero?
    –Claro que confío, pero no quiero que te involucres demasiado–quizás fuera por todas las mentiras que había descubierto, pero no terminé de creerme su explicación.
    –¿Cuándo has vuelto al cuerpo? Quizás quiera informarme de que estás vivo. La primera vez que nos vimos me dijo que no podía darme más información porque le acababan de pasar el caso porque tu habías muerto.
    –Alejandra–suspiró. –Te mintió, no le dieron el caso cuando supuestamente morí. A mi me ascendieron porque tu hermano confiaba mucho en mí y a su compañero lo trasladaron.
    –¡Joder! ¿Por qué no podéis parar de mentir? –grité
    –Baja la voz.
    –No entiendo nada. ¿Por qué fue a mi casa para hablar con mi padre?
    –Montoya es de los que le gusta agitar el avispero. Como no conseguíamos nada con las grabaciones pensó que era buena idea comunicarle a tu padre que sabíamos el motivo de la muerte de su hijo para que se pusiera nervioso y cometiera algún error. No lo había hecho antes porque yo siempre me negué, pero en cuanto tuvo vía libre puso su plan en marcha.
    –Quizás piense que yo sé algo y por eso es tan amable conmigo–ese comentario fue más bien un pensamiento en voz alta.
    Ni siquiera me enfadé, estaba tan cansada mentalmente que no me quedaba fuerza. Si que me sentía decepcionada, con todas las malas experiencias que había acumulado en esa comisaria, cuando conocí al inspector Montoya pensé que por fin había alguien normal allí, pero acababa de darme cuenta de que estaba completamente equivocada, era otro mentiroso más, pero sus mentiras no me dolían cómo si lo hacían las del hombre que estaba sentado en mi cama.
    Sólo quería que mi familia estuviera bien y que todo lo malo se lo tragara la tierra, pero veía el futuro muy negro, tanto que me daban escalofríos de sólo pensarlo.
    –No creo que lo haga por eso–Daniel habló sacándome de mis pensamientos. Me llevó unos segundos entender su respuesta.
    –¿Entonces? –dije un poco exasperada. Me levanté de la silla, pero inmediatamente me volví a sentar. Me froté los ojos con mi mano derecha. Me sentía agotada mentalmente, era como si nunca fuera a parar de descubrir nuevos hechos o como si todo estuviera fraccionado en diferentes capítulos de mi vida.
    –No lo sé–que tardara en responder y apartara la mirada fue más que suficiente para darme cuenta de que mentía, otra vez.
    –No estoy de humor para aguantar mentiras e intrigas– desde hacía unos segundos no paraba de mover con rapidez su pierna derecha. Estaba nervioso y a diferencia de otras veces, no intentaba ocultarlo.
    –Es un conquistador–eso si que no me lo esperaba. Me dejó más perdida que la primera vez que monté en metro.
    –No te entiendo–dije con sinceridad.
    –¿Qué no entiendes? Es un Don Juan, un Romeo ¿Vale? En el informe policial hay fotos de toda tu familia y en más de una ocasión ha destacado lo guapa que eres–parecía alterado y enfadado. Se levantó de mi cama y me dio la espalda. No me puedo creer que ese pedazo de hombre se haya fijado en ti.
    –Nunca habría imaginado que un hombre como él pudiera fijarse en mi–se giró y no podía negar que disfruté con su cara. Estaba totalmente descompuesto, pero de un segundo a otro cambió. Se puso serio y me penetró con la mirada. El inspector Montoya podría tener los ojos más claros que el mar, eran preciosos, él en si era un hombre muy atractivo, pero yo era consciente de que hacía mucho me perdí y me seguiría perdiendo en el océano de oscuridad que eran los ojos de Daniel.
    –No he venido aquí para hablar de estupideces–estuve a punto de responderle, pero no me lo permitió. –Tienes que hablar con tu padre, debe presentarse en comisaría y contarlo todo.
    –¡Ni hablar! –me levanté y me puse justo enfrente de él. Debía haberse vuelto loco.
    –Escúchame–susurró acercándose un poco hacía mí consiguiendo ponerme nerviosa. –Es lo mejor, debe confesar antes de que existan pruebas que lo involucren con la mafia. Si colabora no le pasará nada, pero si lo hace una vez que existan pruebas en su contra todo será más complicado–sin saber mucho de Derecho, sabía que Daniel llevaba razón, pero me daba demasiado miedo.
    Era cuestión de tiempo que cometiera algún fallo que lo delatara. Además, no podía seguir amenazado eternamente por la mafia, debíamos encontrar alguna solución y parecía que el único camino viable era el que me ofrecía Daniel.
    –¿Qué quieres que haga?
    –Habla con él y hazlo entender que es lo mejor. También tendrás que contarle todo sobre mí e intentar calmarlo para que no arme un escándalo cuando me vea en comisaría. Únicamente no le hables de tu hermano–no dejó de mirar mis labios mientras hablaba.
    –Si le cuento toda la verdad sobre ti va a querer matarte–no pude evitar mirar su boca. Estaba tan cerca que con un simple movimiento nuestros labios se habrían rozado.
    –Tendré que correr el riesgo–acarició mi mejilla con su mano derecha acercando su boca a la mía para fundirnos en un beso que fue tierno durante unos escasos segundos. Me levantó agarrándome por los muslos para sentarme en mi escritorio, abrió mis piernas y se colocó entre ellas a la vez que buscaba mi lengua con la suya. Rodeé su cuello con mis brazos y entrelacé mis piernas en su cintura atrayéndolo hacía mí consiguiendo que nuestras entrepiernas se rozaran. Lo escuché gemir y una corriente de deseo me recorrió toda la espalda, me volvía loca sentirlo temblar de puro deseo hacía mí.
    De mis labios pasó a mi cuello. Yo sólo me limitaba a sentir sus caricias en mi piel con los ojos cerrados y la boca entreabierta. Me sentía extasiada. Sabía que tu hermano estaba vivo y no dijo nada.
    Volvió a mis labios mientras sus manos desabrochaban mi camisa blanca. Lo aparté un segundo para poder quitarle la camiseta que ya me estorbaba. Quería meter a tu padre en prisión.
    Cuando ya estábamos semidesnudos siguió devorando mis labios y yo acaricié su pecho. Metió una de sus manos por mi pantalón acariciando mi entrepierna. Solté un gemido que no pude reprimir. Acarició con suavidad mi clítoris y sentí como mi corazón se paró unos segundos frente a su sonrisa de satisfacción.
    –Está hinchado–susurró. Con su mano libré acunó mi pecho izquierdo. Volví a rodear su cuello con mis brazos para atraer su cuerpo y así su mano apretará más mi pecho. Estaba desesperada porque me acariciara. Te ha mentido más que nadie en tu vida.
    –No puedo–no necesitó que dijera nada más. Sacó su mano de mi entrepierna y dejó de tocarme.
    –Lo siento–juntó su frente con la mía y noté como cogió mi camisa que estaba detrás de mi y la puso sobre mis hombros cubriéndome.
    –Necesito tiempo–me bajé del escritorio para poder alejarme, necesitaba espacio para recomponerme. Metí los brazos por las mangas de la camisa y cerré unos cuantos botones.
    No hubo necesidad de decir nada más para que se marchara y me dejara sola. Me sentí muy mal cuando se fue, tanto que no pude evitar derramar unas lágrimas, pero no me sentí sucia, nunca me sentiría sucia si el hombre que me acariciaba era Daniel. Aunque lo llegué a dudar, sabía que sus sentimientos y los míos eran puros.
    Me metí en la cama con el sabor de sus labios aún en los míos y con el pensamiento constante del largo y duro día al que me debería enfrentar en unas pocas horas.

    Sólo hacía media hora que me había levantado y mi día ya iba mal. Se me había quemado la tostada y calenté tanto la leche que al darle el primer sorbo me abrasé la lengua. Extrañaba los abundantes y deliciosos desayunos de mi padre.
    Enfadada, frustrada y con el estómago vacío me fui a la universidad.
    Habría sido lo mismo si hubiera faltado. No conseguí centrarme en ninguna de mis clases. En cuanto me descuidaba, mi mente volaba de nuevo hacía mis problemas. No tenía ni idea de como iba a iniciar la conversación con mi padre. Tampoco estaba segura de como reaccionaria, aunque intuía que Daniel iba a pasar a ser persona non-grata.
    Debía reconocer que prefería pensar en mi padre que enfrentarme al motivo por el que no pude continuar hasta el final con Daniel. Mi cuerpo reaccionó como siempre, él sabía muy bien excitarme, adoraba como me acariciaba, me hacía sentir deseada y poderosa, pero mi mente fue un verdadero caos, una constante lucha entre el amor que sentía por él y la decepción, y me daba miedo.

    Sobre las doce del medio día avisé a mis padres de que iría a comer con ellos. Era una excusa para poder hablar más tarde con mi padre, pero prefería pasar un rato con ellos, no quería que mi madre empezara a hacer preguntas si notaba que para lo único que iba a casa era para hablar en privado con su marido. Siempre había sido una mujer muy perspicaz y quería que siguiera tranquila pintando sus cuadros ajena a la tormentosa realidad que rodeaba a mi familia, bastante tenía con su dolor.

    Para mi sorpresa y debía reconocer que no muy agradable, mi madre me envió una foto con el delantal puesto, lo que significaba que cocinaba ella. No lo hacía mal, pero al lado de mi padre era una aficionada. Respiré cuando leí el siguiente mensaje, haría una pella mixta, al menos no se pondría a improvisar. No pude evitar recordar la vez que intentó cocinar ternera en salsa de ostras y acabamos los cuatro en urgencias. De tal palo tal astilla, eh.

    Como si de una novela se tratase, después de llevar unos veinte minutos conduciendo en dirección a mi casa, comenzó a llover con una intensidad que pocas veces había visto. A pesar de poner el limpiaparabrisas al máximo, me costaba visualizar correctamente la carretera. El clima se había puesto casi tan complicado como lo sería la conversación con mi padre. Llevaba pensando en ello todo el día y aún así, no tenía ni idea por donde comenzaría.
    Conseguí llegar sana y salva. Los coches de mis padres ocupaban todo el garaje, por lo que tuve que aparcar en la entrada que estaba más lejos de la puerta principal, en otras palabras, no iba a poder impedir ponerme chorreando por la lluvia.
    Me bajé a toda prisa del coche y corrí hacía la puerta, pero mi suerte estaba en paradero desconocido y me olvidé de coger mi teléfono. Resoplé resignada y volví hacía el coche, esta vez sin darme demasiada prisa, ya me había mojado lo suficiente como para tener que cambiarme la ropa.
    Estaba calada hasta los huesos. Subí volando las escaleras en dirección a mi habitación para secarme y cambiarme la ropa mojada por una seca y cómoda.
    –¡Joder! –maldije enfadada cuando abrí mi armario y comprobé que allí sólo había ropa de verano. No tenía ni un triste jersey. Fui semidesnuda a la habitación de mis padres y cogí una sudadera azul eléctrico de mi padre. Me quedaba enorme, pero era abrigada, muy cómoda y debía añadir que me encantaba.
    Seca y abrigada bajé las escaleras en dirección a la cocina donde había visto a mi madre cuando llegué.
    –Has entrado más rápido que los cohetes–mi madre me miró y me sonrió antes de volver a mover la paella, que por el aspecto que tenía, debía estar casi lista.
    –Me he mojado entera–me senté en un taburete y cogí un plátano del frutero.
    –A la comida le faltan cinco minutos, deja el plátano de postre y pon la mesa.
    –Si mi señora–dije resignada. Me levanté y monté la mesa del comedor para tres. Cogí un par de cervezas para mis padres y para mí llené una raja de agua fría.
    –Esa sudadera es mía–pegué un grito ridículo.
    –¡No hagas eso! ¿Qué habría pasado si llego a tener un cuchillo o algo cortante en las manos? Habrías ocasionado un trágico accidente a tu hija.
    –Que dramática–continuo su camino hacía la cocina y pude escuchar el sonido de los besos que le dio a mi madre a la vez que alababa la buena pinta que tenía su paella.
    Me encantaba que se estuvieran bien, pero no dejaba de ser su hija y no podía evitar que escuchar sus besos me produjera una sensación incomoda.
    A los pocos segundos aparecieron los dos por la puerta del comedor. Mi madre cargaba con la paella que colocó en la tabla de madera que yo había puesto en el centro de la mesa.
    Debía reconocer que las palabras de mi padre no eran puro peloteo, realmente la paella se veía apetitosa.
    Me serví un plato no demasiado lleno para lo que yo solía acostumbrar. No quería ofender a mi madre sirviéndome poca cantidad, pero tampoco me iba a arriesgar a comerme un plato hasta arriba de arroz, cabiendo la posibilidad de que no me gustara. Finalmente lo probé y a decir verdad, no estaba tan bueno como parecía, pero tampoco sabía mal, era comestible. No acabaría en el hospital y con eso me conformaba.
    –¿Cómo te va la universidad? –preguntó mi madre a la vez que alzó la panera en mi dirección.
    –No me va mal–cogí un trozo de pan e intenté no mirarla a los ojos. Lo último que me preocupaba era la universidad.
    El almuerzo fue ameno y entretenido. Por suerte la conversación no se centró demasiado en mí. La mayor parte del tiempo mi madre y yo nos estuvimos riendo por el desastre que armó mi padre para conseguir cambiar la bombilla de su despacho.

    Cuando acabamos de comer, mi madre se subió a su habitación para ducharse y arreglarse para su cita con el médico. Por suerte no le pasaba nada, sólo se trataba de una consulta rutinaria con el ginecólogo.
    Mi padre y yo nos encargamos de recoger la mesa y fregar los platos. Había decidido que en cuanto mi madre saliera por la puerta principal, abordaría a mi padre, no esperaría ni un segundo más o me iría de allí sin haber sido capaz de afrontar nuestros problemas.
    –Tenemos que hablar–a la hora escasa, mi madre se despidió de nosotros y puso rumbo al médico dejándonos solos en casa. El escenario perfecto.
    –¿Qué pasa? –no dije nada y comencé a caminar en dirección al taller de mi padre. Parecía desconcertado, pero aún así me siguió sin hacer más preguntas.
    Fui hasta allí porque estaba segura de que era el único rincón seguro de la casa donde poder hablar con seguridad de que nadie más nos escucharía.
    –No sé por dónde empezar–dije después de llevar unos minutos allí sin decir nada.
    –Siempre por el principio–la voz de mi padre transmitía una calma que me ayudó a relajarme un poco.
    –Está bien, pero ante todo quiero que entiendas que es lo mejor para todos.
    –Alejandra, me estás inquietando ¿Qué pasa? –se sentó en el sofá de cuero negro que pegaba a la pared y yo me senté en una silla de madera que había justo en frente.
    –Hemos pensado que por tu bien debes confesar tu colaboración con la mafia.
    –¿Te has vuelto loca? –se puso en pie dispuesto a marcharse, pero le frené
    –Es cuestión de tiempo que te descubran y cuando eso pase, te trataran como un delincuente más, si confiesas ahora, podrás demostrar que eres una víctima–no dijo nada, pero al menos volvió a sentarse en el sofá
    –No me van a descubrir–por el tono de su voz, ni el mismo se creía sus palabras.
    –Ya lo saben, sólo necesitan pruebas–no pareció sorprenderse.
    –¿Cómo lo sabes? ¿Y cómo que “hemos”? ¿Con quién has hablado?
    –Con Daniel–dije sin filtros. Preferí soltar la bomba y ya vería después como contendría la avalancha. –No está muerto. Él y el detective que te visitó están al mando del caso de Raúl. Saben que colaboras con la mafia, llevan meses espiándote.
    Le expliqué a Daniel que no eres un traficante, sino que están amenazándote con hacernos daño para que permitas que usen tus obras para transportar la droga. Él cree y yo también, que lo mejor es que confieses para que nos puedan proteger y toda esta mierda se acabe.
    –Qué hijo de…
    –Papá–le interrumpí antes de que acabará el insulto.
    –¿Te das cuenta de que lo qué ha hecho? –golpeó con furia la mesa auxiliar que tenía delante con su mano derecha. Me asusté un poco, pero intenté mantenerme segura.
    –Papá por favor escuch…
    –¡No Alejandra! Te ha usado. Sólo se acercó a ti para poder tener acceso a mí. Siempre me pareció extraño que no saliera corriendo por más que intenté espantarlo. Incluso la primera que lo trajiste a casa, cuando fuiste al baño aproveché para contarle como es tu boda de ensueño y ni se inmutó.
    –¿Qué hiciste qué? –palidecí. Daniel nunca me había comentado nada al respecto y agradecí enormemente que me ahorrara ese rato de vergüenza.
    –Esto no se va a quedar así–se puso en pie dispuesto a salir del taller, pero lo impedí.
    –Tu problema es la mafia, no él.
    –No puedo creer que le defiendas–mi padre me miraba cómo si no me diera cuenta de la situación, cuando en el fondo me sentía rota, pero no debía dejar que mis emociones se apoderaran de mí. Mi cabeza debía seguir dirigiéndome o todo acabaría muy mal.
    –Escúchame muy bien. Los mismos que mataron a tu hijo y que te extorsionan, intentaron matar a Daniel. Ahora él ha vuelto a su puesto de trabajo para poder encerrar a esa gentuza. Nadie en comisaria sabe que él y yo tuvimos una relación, piensa que la mafia tampoco lo sabe, pero no está del todo convencido. Si tu vas ahora allí a armar la de Dios, me pondrás en primera línea de fuego.
    –Por intentar descubrirme a mí te ha puesto en peligro a ti–sentía unas ganas terribles de llorar, pero aún no era el momento de desahogarme.
    –Vas a ir a esa comisaria, vas a confesar y cuando le tengas delante no vas a decir nada porque tú no has hablado ni visto en tu vida al detective Daniel Ross–después de más de dos horas hablando conseguí que se relajara y llegáramos a un punto en común. Comprendió al igual que lo hice yo que no había otro camino más que confesar. Cada vez que el nombre de Daniel relucía en la conversación su mirada se endurecía, no podía apenas disimular el desprecio que sentía por él después de saber quién era en realidad.
    Por suerte pude mantener la conversación alejada de Raúl, no estaba segura de haber podido mantenerme firme si hubiera comenzado a hacerse preguntas relacionadas con él y su muerte cómo un maldito día me las hice yo.
    Me fui de mi casa agotada mentalmente. Nunca había tenido una conversación tan dura con mi padre, ni siquiera cuando mi hermano murió, al contrario, nos separamos más que nunca.

    Llegué a mi piso y allí no había nadie. Desde que Álvaro y María habían conseguido solucionar sus problemas pasaban mucho tiempo juntos y yo me alegraba por ellos.
    Fui a mi habitación y eché el cerrojo, a pesar de no haber nadie me sentía más segura así.
    Saqué el móvil que Daniel me dio y le envié un mensaje informándole de que ya había hablado con mi padre y al día siguiente sobre las nueve de la mañana iríamos a comisaría.
    A los pocos minutos me respondió con un simple ok. Aunque no debería, me molestó que su respuesta fuera tan seca. Él sabía que no me había enfrentado a una situación fácil, al menos podría haberse interesado en saber como me encontraba, pero no lo hizo.
    Preferí no darle más vueltas y darme un baño de agua caliente para liberar un poco de toda la tensión que acumulaba mi cuerpo. Después me haría algo ligero para cenar y me metería en la cama siendo consciente de que habíamos tomado la más complicada, pero mejor decisión para mi familia.

    Mi padre se retrasaba, llevaba más de quince minutos esperándolo aparcada en frente de la comisaria. En varias ocasiones se me pasó por la cabeza que quizás se hubiera echado atrás, pero decidí confiar en él y esperar hasta que apareciera. En el fondo sabía que él no jugaría con algo así, estando toda su familia implicada.
    Casi media hora después por fin apareció. Me bajé del coche y esperé a que terminara de aparcar.
    Cuando estuvimos frente a frente no le pregunté porque había tardado tanto, simplemente nos limitamos a caminar hacía la entrada de la comisaria.
    Una vez dentro, escuché a mi padre que estaba detrás de mí suspirar con fuerza.
    Tras hablar con un policía de la entrada, este nos dirigió hacía el despacho del inspector Montoya. Miré a mi padre y él me dio su aprobación para llamar a la puerta. Abrí y allí estaba, otro mentiroso más.
    No pudo ocultar su sorpresa al ver que mi padre me acompañaba, pero tan solo la mostró un segundo.
    –Por favor pasen y siéntense –señaló las sillas que había delante de su mesa– ¿En qué puedo ayudarles?
    –Déjese de idioteces–mi corazón se aceleró al escuchar a mi padre, estuve a punto de intervenir, pero el inspector Montoya se me adelantó.
    –Esperen aquí un momento–dos minutos más tarde regresó acompañado de Daniel y una mujer que no había visto en mi vida. –Les presento al inspector Daniel Ross y la subinspectora Marta Castro. Encargados al igual que yo del caso de su hijo–el inspector Montoya volvió a sentarse en su sillón.
    –¿De mi hijo o de mí?
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    Mención especial a las personas que comentaron en el capítulo anterior:

    SAN: Artista creo que me queda grande, pero muchas gracias, de verdad.

    SILVISIOSA: Muchas gracias, me esfuerzo mucho por hilarlo todo correctamente, es gratificante ver que se aprecia :)

    OLY: No sé que decir a parte de muchas gracias por el comentario. Me llena de motivación.

    MARSOÑADORA: Creo que a partir de ahora podréis intuir las intenciones del inspector Montoya… o quizás no, puede que no sea lo que parece, sigue atenta. :)

    Mª ANGELES: Espero que sigas enganchadisima jajaja.

    CIENTIFICA EMPEDERNIDA: En cada capítulo iréis conociendo más cosas, todo cobrará mayor sentido. Puedes hacer tus apuestas:)

    EMMA: Muchas gracias por tu comentario. No te preocupes, os lo contaré TODO… a su debido momento.

    AN2: Las trampas forman parte del juego jajaja.

    Muchas gracias a todas/os por comentar, espero que lo sigáis haciendo.
    ¡Un beso y un abrazo para todos! (incluidos los lectores en la sombra)
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    Links «Jugando con la ley» (1ª parte)

    Prólogo https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley/
    Capitulo 1: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-2/
    Capitulo 2: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-2-una-no-oferta-y-una-fantasia/
    Capitulo 3: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-3-un-sirope-y-escalofrios/
    Capítulo 4: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-4-control-de-alcoholemia-y-el-salto-del-tigre/
    Capítulo 5: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-5-un-deseo-desvelado-y-ojos-dilatados/
    Capítulo 6: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-6-un-hombre-de-champions-league-y-ajustar-cuentas/
    Capitulo 7: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-7-una-orden-y-un-limite/
    Capítulo 8: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-8-un-trago-de-cerveza-y-una-detencion/
    Capítulo 9: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-9-una-risita-y-una-noche-divertida/
    Capítulo 10: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-10-una-pared-fria-y-sospechas-confirmadas/
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    Capítulo 19 (final) https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-capitulo-final/

    Links «Jugando con fuego» (2ª parte)

    Capítulo 1: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-1-2a-parte-de-jugando-con-la-ley/
    Capitulo 2: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-2-estas-segura-repito-estas-segura/
    Capítulo 3: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-3-una-mentira-y-un-perro-que-hace-la-croqueta/
    Capítulo 4: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-4-sangre-en-los-labios/
    Capítulo 5: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-5-detras-de-la-puerta-y-una-tarjeta/
    Capítulo 6: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-6-12-horas-y-una-condena/

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    M. Ángeles
    M. Ángeles on #293665

    espero que no tardes mucho en publicar el siguiente capítulo, la espera de este se me a echo muy largo

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    Bibi
    Bibi on #293740

    ay! que soy una debora libros empedernida, y esto de tener que estar esperando al siguiente capítulo me pone de los nervios! no se hace! que te dejen asi es como dejar un polvo a la mitad! jajajajaja
    mucho ánimo y sigue escribiendo por dios, necesitamos saber que va a pasar!!!

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    SAN
    SAN on #293866

    Sin duda otro capítulo fascinante!!! No nos hagas esperar mucho para el siguiente porfi!!!

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    MarSoñadora
    MarSoñadora on #293912

    Estoy que me subo por las paredes, necesito más!! jajaja
    Por cierto, me gusta que entre una nueva inspectora en el juego. ¿Otra mentira más de Daniel?…

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    Oly_cov
    Oly_cov on #294376

    Ay madre! Y quien es la nueva??!! Que ganas del próximo capitulo! Me tienes cada día más enganchada!!!!

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    Científica empedernida
    Científica empedernida on #294721

    Joe, cómo se ha hecho esperar este capítulo…supongo que costará lo suyo escribirlos pero ha merecido la pena!! La nueva me intriga, será ex de Ross??? toam ya!! sin conocerla ya he apostado…jajajja

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    SAN
    SAN on #295020

    ¿Para cuando el siguiente capítulo? que larga espera :)

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    Silviosa
    Silviosa on #295729

    En esta parte te superas a cada capítulo!
    Deseando que subas el siguiente :)

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Respuesta a: Jugando con fuego. Cap 7: Un don Juan y una decisión.
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