Jugando con fuego. Cap 8:

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  • ilenia
    ilenia on #296085

    Capítulo 8:

    –Colaboro con la mafia por eso, para que no hagan daño a mi familia–tras la confesión de mi padre que duró aproximadamente media hora, se hizo un silencio sepulcral en el despacho.
    –Síganme–el inspector Montoya se levantó de su silla y se dirigió a la puerta, la abrió y todos fuimos saliendo. Daniel se quedó el último, iba justo detrás de mí. Tenerlo a tan pocos centímetros lejos de darme seguridad, me ponía más nerviosa de lo que ya estaba.
    Llegamos a otra habitación que estaba cerrada con llave. Fue la subinspectora Marta quien abrió y nos hizo un gesto con la mano para que entráramos. Por el aspecto de la habitación era obvio que se trataba de una sala de interrogatorios. La mesa era de madera al igual que las sillas, en una de las paredes había un espejo enorme, imaginé que justo detrás estaría el cuarto en el que vigilaban los interrogatorios.
    Sólo había tres sillas por lo que la subinspectora y Daniel se quedaron de pie, cada uno a un lado de Montoya, como si fueran su ángel y su demonio.
    –Muy bien, pongamos las cartas sobre la mesa–Montoya fue el encargado de romper el silencio tan incomodo que se había vuelto a crear. Se levantó de la silla y le dio la vuelta a una pizarra bastante grande que estaba a nuestra izquierda.
    En la pizarra había un esquema que se iba ensanchando conforme bajaba. Estaba lleno de fotografías, al lado de cada fotografía había diferentes datos, nombres, edades, pero lo que llamó mi atención fue que en el pico más alto del esquema no había foto, sólo una interrogación negra, tampoco había datos al lado, estaba completamente en blanco.
    –Esta es la cadena de mando de la mafia–comenzó a hablar Montoya. –Suelen organizarse de un modo u otro dependiendo del lugar en el que se encuentren. Nuestro país al estar compuesto por Comunidades Autónomas les obliga a ellos a dividirse del mismo modo para poder mantener su negocio muy bien vigilado. Por ejemplo, Andalucía está dividida en ocho provincias, lo que significa que en cada provincia hay un encargado del contrabando de esa zona que debe informar a su superior, que es el encargo de controlar las ocho provincias en la que se divide Andalucía, por decirlo de algún modo, es el jefe de la Comunidad Autónoma. Por encima de él sólo hay dos cabezas más, el encargo del país, a él es a quien deben mantener informado todos los encargados de las Comunidades Autónomas y él debe rendir cuentas ante el jefe de toda la mafia italiana–señaló el punto más alto de la pizarra, la interrogación. –Como podéis ver es del único del que no manejamos ningún dato. Del segundo al mando sabemos el nombre y las zonas por donde se mueve, pero aún no hemos conseguido ponerle cara, pero a nosotros quien nos preocupa es este, Conte–señaló la fotografía. Era un tipo delgado y alto, de pelo oscuro y cara de pocos amigos.
    –No lo entiendo–mi padre alzó el tono más de lo normal, parecía exasperado–Usted me dijo que a mi hijo lo mató el jefe de la mafia.
    –Como puede ver, Conte es el jefe de Andalucía, el tercero al mando–intervino la subinspectora señalando la pizarra.
    –¿El tercero? ¿Y el resto de tipos que están a su altura? –mi padre se levantó y fue hacía la pizarra.
    –No importan–esta vez habló Daniel consiguiendo que mi pulso se acelerará
    –¿Qué? –por primera vez desde que habíamos llegado, las miradas de mi padre y Daniel se cruzaron.
    –Es simple, al encargo del contrabando en Galicia, sólo le importa Galicia, al encargo del contrabando en Cataluña, sólo le importa Cataluña y así respectivamente.
    –¿Por qué? –dije con la esperanza de que Daniel centrara su atención en mí antes de que la tensión latente entre mi padre y él saltara por los aires.
    –La mafia está muy bien organizada. Ellos saben que deben encargarse única y exclusivamente de lo que se les ha asignado o amanecerían con la cabeza cortada–fije los ojos en la subinspectora Marta que fue la que me respondió.
    –Literalmente. Es el símbolo que usa su jefe–Montoya volvió a señalar la interrogación. –Para hacer saber a su gente y a la policía que él mismo quita de en medio a los que se pasan de listos o cometen errores. Es un método muy efectivo para tenerlos a todos amedrentados y controlados–un escalofrió me recorrió de pies a cabeza.
    –¿Me está diciendo que ese Conte dispone de todos los contrabandistas de Andalucía para hacerle daño a mi familia? –mi padre volvió a sentarse y se llevó las manos a la cara.
    –No. A pesar de ser poderoso en la línea de mando, sabe que no puede usar a todos los que están por debajo de él como quisiera porque no se trata del negocio, ustedes son su venganza personal.
    –¿Venganza personal?
    –Cuando su hijo supo que estaban usando sus cuadros para el contrabando, quiso colaborar con nosotros. Nos dio un chivatazo de donde se produciría una carga importante. Lo planeamos bien, pero en el último momento todo se torció, se produjo un fuego abierto entre ellos y nosotros. Varios de los nuestros terminaron heridos y el hijo de Conte murió.
    –Pero ya se ha vengado, mi hijo está muerto ¿Por qué no nos deja en paz? –sentí que me faltaba el aire.
    –Has dicho que ibas a poner todas las cartas sobre la mesa–Daniel se dirigió a Montoya. Quise levantarme y gritar, no podían hacer eso, contarle la verdad sobre mi hermano a mi padre sería demasiada información para un solo día. Decirle después de más de dos años que su hijo estaba vivo, pero que no podría verlo ni hablar con él era un acto de crueldad ¿Y no es más cruel que siga llorando en una tumba vacía?
    –No hay modo sencillo de decir esto–Montoya me miró como si me estuviera pidiendo perdón–Fingimos la muerte de su hijo para protegerlo–mi padre se quedó totalmente estático en la silla. Dos lágrimas cayeron por sus mejillas y a mi se encogió el corazón, verle llorar era demasiado. Me levanté de la silla y salí corriendo de la sala, no podía aguantar más la situación.
    –Intenta respirar–la subinspectora llegó junto a mí a los pocos segundos de mi espantada. Me acariciaba la espalda e intentaba inyectarme ánimos. Después de más de diez minutos mi ritmo cardiaco consiguió normalizarse y volvimos a entrar en la sala de interrogatorios. Sobre la mesa habían colocado un par de botellas de agua. Una de ellas estaba abierta, le faltaba más de la mitad, supuse que era de mi padre que parecía más tranquilo de lo que esperaba. Fugazmente miré a Daniel que me observaba con preocupación, pero a los pocos segundos apartó la mirada, no podíamos tener un momento de debilidad.
    –¿Dónde está mi hijo? –la voz de mi padre tembló y lo vi cerrar los ojos con fuerza, como si quisiera contener allí todas las lágrimas que aún le faltaba por derramar.
    –Escondido–pasaron apenas cinco segundos hasta que el inspector Montoya volvió a hablar. –Os pido por favor que entendáis que no es posible hablar con él y mucho menos verle.
    –No iba a pedírselo, tampoco quiero que mi hijo sepa que estamos enterados de todo esto. Lo que si le exijo–mi padre se puso en pie, apoyó los puños sobre la mesa y miró retadoramente a Montoya–Es que lo proteja, a él y a toda mi familia.
    –Es lo que hacemos–intervino Daniel.
    –Debéis saber que un mes y medio descubrieron el sitio donde escondíamos a Raúl. Durante el traslado que dirigía el inspector Ross descubrieron que en la furgoneta habían colocado una bomba, por suerte mi compañero la descubrió e hicieron estallarla para hacer creer de nuevo a Conte que su hijo está muerto.
    –¿Y lo cree? –mi padre parecía esperanzado.
    –Creemos que no–volvió a intervenir Daniel
    –Pero no es seguro–Montoya y Daniel cruzaron la mirada un segundo antes de el primero volviera a hablar. –Ahora tenemos que tomarle declaración.
    –Alejandra–la subinspectora llamó mi atención. –Tienes que salir–la miré sin entender nada.
    –¿Por qué? Ya lo ha confesado todo–la miré extrañada
    –Es el protocolo. Debemos tomar declaración oficial–mi padre me miró y asintió con la cabeza. A regañadientes me levanté de la silla y abandoné la sala de interrogatorios.
    Me senté en uno de los bancos que había en el pasillo. No me quería alejar demasiado de la puerta. Di un largo trago a mi botella de agua, cerré los ojos e intenté controlar la respiración. Necesitaba encontrar tranquilidad antes de que me estallara la cabeza que llevaba doliéndome desde que había entrado en comisaría. Ese lugar tenía el poder de absorberme la energía, me sentía peor que en un hospital y odiaba mucho los hospitales.
    Salté como resorte del banco en cuanto vi abrirse la puerta. Habían estado ahí dentro más de una hora. Salieron todos de la habitación, pero fue el inspector Montoya quien llamó la atención de mi padre antes de que este se dirigiera hacía mí.
    –Recordad, debéis seguir haciendo vida normal, seguid…
    –¿Quiere que siga llevándole flores a su tumba? –mi padre lo miró con seriedad. Su tono de voz era normal, pero sus palabras consiguieron ponerme los pelos de punta. Montoya no respondió y mi padre continuó su camino sin esperarme.
    Cuando conseguí reaccionar, fui detrás de él. Cuando por fin le alcancé prácticamente había llegado a su coche.
    –Papá, espera–abrió la puerta del piloto, se giró y esperó a que yo estuviera a su altura.
    –Tú lo sabías ¿Verdad? –me quedé callada y ante mi silencio, simplemente se montó en su coche y se marchó dejándome allí sola.
    Abrí la puerta trasera de mi coche para poder sentarme. No estaba preparada para volver a perder a mi padre por aquello, él debía comprender que si no le dije nada fue porque llegué a la conclusión de que era lo mejor, porque yo misma, siendo egoísta, en más de una ocasión deseé no haberlo sabido.
    Mi teléfono comenzó a sonar sobresaltándome. Lo saqué del bolsillo y vi en la pantalla un número desconocido. Vacilé unos segundos, pero decidí cogerlo pensando que podría ser algo importante.
    Me sorprendí cuando escuché la voz del inspector Montoya al otro lado de la línea. Había olvidado por completo que él me había citado esa mañana en comisaría para algo que aún desconocía por motivos evidentes.
    Volví a entrar en comisaria y allí estaba esperándome con una mirada que no sabía muy bien como interpretar, no llegaba a diferenciar si me miraba con pena o con cautela.
    Pasé por el detector de metales y me hizo una seña para que le siguiera.
    –Siento hacerte perder más tiempo, pero hay algo que necesito enseñarte–me llamó la atención que en presencia de mi padre me tratara de usted y estando los dos solos me tuteara, pero tampoco le di mayor importancia.
    Por el camino que tomamos, imaginé que volvíamos a la sala de interrogatorios y no entendía para qué. Cuando llegamos, visualicé a Daniel saliendo de la habitación que había justo al lado. En cuanto se percató de mi presencia me miró extrañado, pero no dijo nada y continuó su camino.
    –Siéntate por favor–nos sentamos y el puso encima de la mesa una carpeta roja que antes no había visto.
    –En primer lugar, lo siento.
    –¿Qué parte? –suspiré cansada, él por el contrario me sonrió.
    –Quiero que sepas que si en algún momento te he mentido siempre ha sido pensando en tu seguridad–su tono de voz, su sonrisa y en especial sus ojos, hacían muy difícil la tarea de estar enfadada con él, aunque realmente nunca lo estuve, si sentí algo en algún momento fue decepción.
    –No te preocupes inspector, supongo que puedo entenderlo–
    –Por favor, llámame Javier–volvió a sonreírme y tuve que apartar la mirada para controlar mis nervios.
    –Como quieras–intenté no sonar borde, pero tampoco me nacía dedicarle una sonrisa.
    Abrió la carpeta que contenía varias fotos, en total eran ocho imágenes de diferentes personas que colocó en fila horizontal delante de mí.
    –Quiero que mires las fotos y me digas si reconoces a alguien–no pregunté y comencé a ojearlas una a una. No los conocía de nada, pero tenían un denominador común, ninguno parecía buena persona. Tuve que disimular para que no se diera cuenta de mi sorpresa cuando llegué a la última foto y reconocí a Mario, estaba muy cambiado, pero después de observarlo con detenimiento estaba convencida al cien por cien de que era él.
    –Lo siento, ¿Deberían sonarme? –no iba a decirle que había reconocido a uno de ellos antes de hablar con Daniel. No sentía una total desconfianza por el inspector Montoya, pero siendo mi familia quien estaba en peligro, prefería ir con pies de plomo.
    –Te seré sincero. Creemos que Conte ha puesto a uno de los suyos a vigilarte. Quiero que estés alerta y si en algún momento ves revolotear a tu alrededor a alguno de estos tipos o a alguien que te parezca sospechoso, por favor llámame.
    –Lo haré. Gracias.
    –Le he prometido a tu padre que te protegeré y es exactamente lo que voy a hacer–volvió a sonreírme y por un segundo miré su boca.
    Me despedí de él y salí de la sala lo más rápido posible, lo último que quería era que viera mi cara convirtiéndose en un tomate.
    Caminé por el pasillo en dirección a la salida y volví a cruzarme con Daniel, no tenía cara de buenos amigos precisamente. Antes de que ninguno de los dos pudiera decir nada apareció la subinspectora Marta.
    –Daniel ¿Puedes venir un momento? Te necesito–¿Te necesito? ¿A qué te mato?
    Volví a mi piso intentando no darle demasiadas vueltas a lo último que había escuchado. Eran compañeros de trabajo, llevaban un caso juntos, se necesitarían en muchas ocasiones, pero en realidad no fueron sus palabras lo que me molestaron, sino el tono que había empleado, no sabría muy bien como describirlo, fue una mezcla entre seguridad y debilidad.
    Intenté por décima vez apartar esos pensamientos antes de que me llevaran los demonios o diera un volantazo y acabará estrellada contra un árbol.

    Antes de meter la llave en la cerradura de la puerta de mi piso me pareció escuchar voces que procedían del interior. La calma huye de nosotras como si fuéramos apestadas.
    Entré y confirmé mis sospechas, María y Álvaro estaban en el salón discutiendo a pleno pulmón, aunque verdaderamente la que gritaba era mi amiga. Álvaro por el contrario parecía desesperado porque le dejara hablar. La escena me hizo llegar a la conclusión de que había sido él quien había metido la pata y por la intensidad, la había metido hasta el fondo.
    Me daba pena verlos nuevamente así. Tras su última discusión seria por los padres de María, pensé que habían conseguido dar un paso más en su relación y dejar atrás esas absurdas peleas.
    Mi amiga se percató de mi presencia y dejó de gritar. Se dio la vuelta y se marchó, supe cuando llegó a su habitación por el fuerte portazo que dio.
    –¿Qué ha pasado? –pregunté con cansancio dejándome caer sobre el sillón.
    –Algo muy serio–me centré en Álvaro y me incorporé en el sofá para prestarle mayor atención. Su seriedad me preocupó, en muy pocas ocasiones lo había visto tan mal.
    –Me estás preocupando.
    –Mario nos va a meter en problemas a todos. Es un camello. Está usando el callejón oscuro que hay justo detrás de nuestro garaje para vender su mierda. En más de una ocasión han aparecido personas poco recomendables para comprar.
    –¿Joseph lo sabe? –me llevé la mano derecha a la frente y bajé la mirada al suelo.
    –No. Está ausente. Dedica su tiempo a su ciclo y a estar con Sandra todo lo posible antes de que se marche y sinceramente prefiero que así sea. Alex ese tipo es peligroso y tu y yo sabemos que Joseph no se achanta ante nada. Me da miedo que le plante cara y Mario le haga daño.
    –Yo también lo prefiero.
    –Para colmo cuando por fin consigo convencer a María para que me acompañe al garaje y presentarle a mis amigos, ese imbécil se ha acercado a mí cuando he ido a por un par de cervezas y me ha ofrecido de su basura. María se ha puesto echa una furia porque se ha dado cuenta. No me ha dejado explicarme, ha pillado un taxi y se ha venido aquí y yo he venido detrás porque no puedo dejar la situación así. Nunca me había mirado de ese modo, con tanto desprecio. He sentido una presión en el pecho que no me dejaba respirar–Álvaro se llevó la mano a la altura del corazón y yo me acerqué a él para abrazarlo. Se veía devastado.
    –Tranquilo, hablaré con ella–fue lo único que se me ocurrió decir para intentar calmarlo.
    –Alex el problema es que yo te digo a ti que no consumo y me crees, pero ella no. Mi pareja no confía en mí.
    –Si confío–ambos giramos la cabeza y vimos a María parada en la puerta del salón. No sabía cuanto rato habría estado escuchando nuestra conversación, pero por su cara, no parecía que tuviera más ganas de discutir.
    –Te juro…
    –Ven, vamos a hablar–María le interrumpió y extendió su mano en dirección a Álvaro, él no lo dudo ni un segundo, se acercó a ella y de la mano se marcharon a su habitación.

    Pasaron un par de días bastante tranquilos. Intentaba hacer vida normal, iba a clase, comía con algunos compañeros, volvía a casa, hacía prácticas y dormía. Una vida totalmente descafeinada.
    Estaba siendo cobarde. Aún no me había atrevido a llamar a mi padre para hablar con él por lo sucedido cuando se marchó de comisaria. No sabía si estaba enfadado conmigo o intentando aún asimilar toda la información que habíamos recibido.
    Había cogido muchas veces el teléfono con la intención de llamarle, pero siempre en el ultimo momento me acobardaba, no tenía el suficiente valor para volver a enfrentarme a una relación negativa y toxica con él.
    Por otro lado estaba Daniel, no habíamos vuelto a vernos a pesar de que le llamé porque necesitaba contarle lo que estaba pasando con Mario. Le pedí por favor que me diera sólo unos minutos, pero no me dejaba terminar, su respuesta era que nos veríamos cuando lo considerara seguro y que mientras tanto me mantuviera alejada de ese tipo. Estará ocupado socorriendo a esa subinspectora que tanto lo necesita.
    Podía mantener mi cuerpo alejado, pero no mi mente y estaba comenzando a volverme completamente loca.
    Me fui a mi habitación con la intención de llamar a Daniel. Me daba igual si se enfadaba, si consideraba que no era el momento oportuno, o él me daba una solución para alejar a Mario y la droga del entorno de mis amigos o acabaría acudiendo a Montoya, él sí parecía siempre dispuesto a ayudarme.
    Marqué su número hasta en cinco ocasiones, pero en ninguna de ellas obtuve respuesta. En el tercer intento sin éxito los nervios comenzaron a apoderarse de mí y mi mente empezó a imaginar cosas que me hacían estremecerme. No sabía si me estaba ignorando o quizás le había pasado algo.
    Pasadas las tres de la madrugada y nueve intentos fallidos, mis nervios estaban acabando conmigo. No sólo le llamé, le había mandado como veinte mensajes pidiéndole que por favor me respondiera, o si no podía hablar por lo que fuera, que al menos me enviara un Ok, un emoticono o que me mandara a freír espárragos, pero necesitaba saber algo de él.

    Escuché el teléfono sonar y el corazón se me puso a mil por hora. Me había enviado un mensaje en el me que siguiera el ritual de siempre que entraba a mi piso.
    Me senté en la cama a esperar que apareciera. Cuando lo vi entrar por la puerta me entraron unas ganas locas de abalanzarme sobre él y abrazarlo, pero una parte de mi orgullo me lo impidió.
    La alegría de que estuviera bien duró poco, sólo tuve que verle la cara para saber que algo iba mal.
    –¿Por qué no has respondido a mis llamadas? –me puse en pie y me acerqué un par de pasos hacía él.
    –Han descubierto a tu hermano.
    –¿Qué? ¿Lo han atrapado? –apenas pude terminar la frase cuando él en una zancada llegó hasta mí para taparme la boca porque había gritado lo suficientemente alto como para que me hubiese escuchado todo el bloque.
    –No lo han atrapado. Ha conseguido escapar–me quitó la mano de la boca, pero no se alejó de mí.
    –¿Dónde está? –intenté en esta ocasión controlar mis nervios y mi tono de voz.
    –No sabría decírtelo con seguridad.
    –¿Y qué haces aquí? Está en peligro ¿Por qué no le estás ayudando? ¿Por qu…? –volvió a taparme la boca y yo intenté zafarme, pero con su brazo libre me rodeó por los hombros apretándome contra su pecho.
    –No está en peligro. Está siguiendo el plan que trazamos por si esto pasaba. Hará unos diez minutos me envió un mensaje, cuando llegué donde tiene que llegar me llamará.
    –¿Pero y si le pasa algo? –mi voz tembló y bajé la mirada al suelo.
    –Alejandra–con dos dedos cogió mi barbilla y me obligó a mirarlo a los ojos. –No le va a pasar nada. Planifiqué su plan de escape el mismo día que llegó a su escondite, durante semanas lo perfeccioné y ensayé con él.
    –¿Sólo tú? –asintió. –¿Por qué? – pregunté intentando hacer caso omiso a la reacción de mi cuerpo por tenerlo tan cerca.
    –Porque la paranoia viene de familia y ya no confía en nadie excepto en mí. Si volvían a descubrirlo impuso que sólo yo conociera el plan de huida y escogiera su nuevo escondite.
    –Eso es estúpido, nadie le está ayudando a huir ¿Y si Conte pone a todos sus hombres a darle caza?
    –No lo hará–tiró de mí para que nos sentáramos en mi cama, continuó abrazándome, intentando transmitirme calma, pero no podía sentirla sabiendo que mi hermano no estaba a salvo.
    –No lo hará–Entrelazó su mano derecha con la mía y la acercó a sus labios para depositar un casto beso en mi palma. Consiguió erizarme la piel, pero de nuevo intenté ignorarlo.
    –No puedes saberlo.
    –Cariño, Conte hizo ruido el día que su hijo murió en aquel fuego abierto contra la policía, ya te dijimos lo que les pasaba a los que hacen ruido.
    –Él sigue vivo–dije con obviedad. No entendía lo que me quería decir.
    –Está vivo porque su hijo murió, suponemos que eso fue lo que lo libró de la muerte, pero fue castigado. Conseguimos unas grabaciones de él en una nave industrial, la paliza que le dieron fue tal que le han dejado cojo. Actúa con cautela, dejando pasar el tiempo porque sabe que el siguiente error que cometa será su sentencia de muerte.
    –Eso no le detendrá–susurré
    –No, lo haremos nosotros–volvió a conectar su mirada con la mía y un aura de seguridad me recompuso un poco. Su boca cada vez estaba más cerca de la mía, cuando nos alientos casi se mezclaban me miró fugazmente, buscando mi aprobación. No podía decirle que no, por más decepcionada que me hubiera sentido, por más mentiras que nos hubieran separado, estaba allí por mí. Me acerqué para romper los pocos centímetros que nos separaban, pero su teléfono comenzó a vibrar y se levantó ágilmente de la cama.
    –Contraseña–Daniel se quedó callado unos segundos–¿Estás en el sitio? Bien. ¿Todo en orden? –No sé que me pasó, mi cuerpo actuó sin que yo diera ninguna orden. Me levanté de la cama y me acerqué a Daniel que me daba la espalda y con rapidez le quité el móvil. Él se giró hacía mí, me alejé corriendo y puse la silla de mi escritorio entre nosotros.
    Me coloqué el teléfono en la oreja y Daniel no hizo amago de intentar quitármelo.
    –Hola–se hizo el silencio. Miré el móvil para comprobar si por accidente había colgado la llamada, volví a colocármelo y esperé.
    –Hola enana–sentí un nudo en el estómago que me cortaba la respiración. Jamás en mi vida me habían temblado tanto las manos, creía que en cualquier momento se me caería el teléfono al suelo. Lo apreté con fuerza e intenté respirar lo más hondo posible.
    –¿Cómo estás? –mi voz tembló y de nuevo comenzó a faltarme el aire.
    –Estoy bien, no te preocupes–siempre había sido más fuerte que yo, pero no necesitaba tenerlo en frente de mí para saber que estaba llorando. En ese momento se me pasó por la cabeza cuantas noches durante más de dos años, habría llorado sólo. Mi pensamiento hizo que se me encogiera el corazón y los ojos se me llenaran de lágrimas. Antes de que comenzaran a resbalar, Daniel se acercó a mí y me abrazó muy fuerte, pegando mi espalda a su pecho.
    –Creía que después de tanto tiempo tendría un montón de cosas que decirte, pero ahora mismo no me acuerdo de ninguna–escuché su risa al otro lado y fue como si me hubieran inyectado vida.
    –Yo sí sé lo que te quiero decir a ti, a papá y a ma…–su voz se quebró y de nuevo nos quedamos en silencio. Llevaba mucho tiempo esperándole sin saberlo, no me importaba esperar un poco más.
    –Lo siento muchísimo–estaba roto, lo habían destrozado poco a poco.
    –Todo se va a solucionar–intenté que mi voz no temblará y pareciera firme. Muchas veces a lo largo de nuestra vida, él fue mi hombro en el que llorar, mi soporte cada vez que algo se torcía en mi vida, y en esa ocasión sentía que yo debía ser el suyo, aunque fuera en la distancia. Cada vez que se sintiera sólo quería que supiera que en realidad no lo estaba, porque yo siempre lo tendría presente en mi mente y en mi corazón.
    Daniel me quitó el móvil con suavidad y yo no opuse resistencia. Me senté en la silla de mi escritorio intentando que mi cabeza asumiera lo que acababa de pasar.
    Observé como él habló unos minutos más con Raúl antes de colgar. Dejó el teléfono encima de mi escritorio y se acercó a mí. Cogió una de mis manos y me obligó a levantarme para abrazarme con fuerza. Estaba haciendo el mayor esfuerzo de mi vida para no ahogarme en mis propias lágrimas, pero cuanto más aguantaba más pequeño se hacía mi corazón.
    Me llevó hacía la cama y nos tumbamos juntos, ambos necesitábamos descansar. Me abrazó y escondí la cara en el hueco de su cuello.
    –Cuanto más lo guardes más te va a consumir–me susurró en el oído sin dejar de acariciarme la espalda ni un segundo. No hizo falta ni una palabra más para que comenzara a llorar sin control porque yo también estaba rota.
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    Muchas gracias nuevamente a todos los que comentáis. Personalmente este capítulo es de mis favoritos. Me gustaría conocer vuestras opiniones.

    ¡Nos leemos!
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    Links “Jugando con la ley” 1ª parte.

    Prólogo https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley/
    Capitulo 1: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-2/
    Capitulo 2: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-2-una-no-oferta-y-una-fantasia/
    Capitulo 3: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-3-un-sirope-y-escalofrios/
    Capítulo 4: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-4-control-de-alcoholemia-y-el-salto-del-tigre/
    Capítulo 5: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-5-un-deseo-desvelado-y-ojos-dilatados/
    Capítulo 6: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-6-un-hombre-de-champions-league-y-ajustar-cuentas/
    Capitulo 7: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-7-una-orden-y-un-limite/
    Capítulo 8: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-8-un-trago-de-cerveza-y-una-detencion/
    Capítulo 9: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-9-una-risita-y-una-noche-divertida/
    Capítulo 10: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-10-una-pared-fria-y-sospechas-confirmadas/
    Capítulo 11: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-11-mayday-mayday-houston-tenemos-un-problema/
    Capítulo 12: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-12/
    Capítulo 13: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-13-una-camiseta-peculiar-y-una-tumbona/
    Capítulo 14: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-14-un-loro-chillon-y-veinte-segundos/
    Capítulo 15: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-capitulos-15-y-16/
    Capítulo 17 y 18: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-capitulos-17-y-18/ç
    Capítulo 19 (final) https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-capitulo-final/

    Links “Jugando con fuego” 2ª parte

    Capítulo 1: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-1-2a-parte-de-jugando-con-la-ley/
    Capitulo 2: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-2-estas-segura-repito-estas-segura/
    Capítulo 3: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-3-una-mentira-y-un-perro-que-hace-la-croqueta/
    Capítulo 4: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-4-sangre-en-los-labios/
    Capítulo 5: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-5-detras-de-la-puerta-y-una-tarjeta/
    Capítulo 6: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-6-12-horas-y-una-condena/
    Capítulo 7: https://weloversize.com/topic/jugando-con-fuego-cap-7-un-don-juan-y-una-decision/

    Respuesta
    MarSoñadora
    MarSoñadora on #296105

    ¡Capitulón! A mí se me ha escapado alguna lagrimilla y todo.
    Estoy deseando leer el siguiente capítulo, ¡qué largas se me hacen las esperas!

    Respuesta
    Laila
    Laila on #296106

    Me ha encantado, la espera ha merecido la pena. Espero con ansia el siguiente capítulo.

    Respuesta
    Científica empedenida
    Científica empedenida on #296116

    Me encaaanta!! deseando el siguiente…

    Respuesta
    Silviosa
    Silviosa on #296133

    Ilenia, este capítulo también es definitivamente de mis favoritos, esa forma de transmitir las emociones… m siento dentro de la historia!! Ansiosa por leer el siguiente!

    Respuesta
    I.
    I. on #296214

    Uauu!! Con ganas de más!
    Cuántos capítulos tendrá la historia?

    Respuesta
    SAN
    SAN on #297290

    Madre mía!!! cada día estoy mas enganchada!!!!!!!!!!
    Capitulazo!!!

    Respuesta
    M. Ángeles
    M. Ángeles on #297549

    vaya tela!!! no e
    parado
    de llorar

    Respuesta
    Oly
    Oly on #301192

    Voy con retraso y encima me encuentro con este capitulazo que me ha tenido llorando la mitad del tiempo! Sin duda tb es uno de mis favoritos.

    Enhorabuena! Cada día lo haces mejor!

    Respuesta
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Respuesta a: Jugando con fuego. Cap 8:
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